Cuatro décadas después, el segundo elepé del dúo es el que tiene más presencia en el repertorio de la gira de reunión de Manolo García y Quimi Portet
En el capítulo 24 de la tercera temporada de la legendaria serie ‘The Twilight Zone’, unos alienígenas llamados kanamitas llegan a la Tierra con el propósito de «servir al hombre» (al final del episodio se desvela que ese ‘servir’ no tiene un sentido altruista sino culinario). Uno de esos kanamitas es el fulano de cráneo mostruoso que aparece, en blanco y negro, entre un autorretrato de Manolo García y una foto de Quimi Portet en la portada de ‘Enemigos de lo ajeno’, el segundo elepé de El Último de la Fila. El mejor de los suyos (existe un consenso bastante amplio al respecto y ellos mismos parecen ser conscientes de ello; es el que tiene más presencia en el repertorio de la gira de reencuentro que acaban de emprender). El disco se publicó en mayo de 1986, hace ahora exactamente 40 años. Y, como sugería la aparición del kanamita, era ya entonces un artefacto absolutamente extraterrestre en el panorama de la música pop española. Hoy todavía lo sigue siendo.
Grabado en solo una semana con un presupuesto de poco más de 200.000 pesetas (esto es, 1.200 euros), ‘Enemigos de lo ajeno’ compensa la precariedad de la producción (que firman los propios García y Portet, «asesorados» por Rafael Moll) con un apabullante despliegue de ideas musicales y un talento lírico de categoría especial. El Último de la Fila abrillanta aquí la fórmula sonora que ya había empezado a definir en ‘Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana’ -ese glorioso encuentro de pachanga y ‘underground’ en el que un Antonio Molina con chupa rockera y bigote daliniano se convierte en el ‘front man’ de los Talking Heads mientras suena de fondo una radio argelina y sopla una brisa mediterránea- y firma su primer disco redondo en todos los sentidos.
Echando cosas al puchero
«Siento que es un disco hecho pisando a fondo -valoró Quimi Portet algunos años después-. No falta nada: está apretado. Es un disco interesante de una gente interesante con una sensibilidad excitada. No se quedó nada en el tintero. Todo era positivo. Era tener un puchero e ir echando cosas hasta que no te quedaban más ingredientes». En esa cocina, Portet y García lo hicieron casi todo ellos dos solos (casi: Ángel Celada toca la batería en cuatro canciones, José Luis Pérez pone una guitarra eléctrica en una canción y Marc Grau, una guitarra española en otra). Y esa autosuficiencia, sumada a un respeto mutuo bastante insólito, les permitió dar rienda suelta a sus obsesiones y emprender todos los caminos que se les antojaron. Ningún grupo de esa época tenía un sonido parecido al suyo y ninguno se ha atrevido a replicarlo después.
De esa exploración sin límites salieron 10 canciones sin fisuras: ‘Lejos de las leyes de los hombres’, arrebato amoroso con un teclado entre moruno y marciano; ‘Mi patria en mis zapatos’, himno anarcoide de guitarras ‘hard’; ‘Aviones plateados’, pura emoción vestida de post-punk y rumba; ‘Zorro veloz’, alegato ecologista con un revoltoso arreglo de armónica; ‘Las palabras son cansancio’, la insuficiencia del lenguaje en clave de rock; ‘Soy un accidente’, autocompasión poética con palmas de fondo; ‘Los ángeles no tienen hélices’, en el lado bueno de la frontera que separa lo sublime de lo cursi; ‘No me acostumbro’, evocación de un amor de juventud entre la rabia y la nostalgia; ‘¿Para qué sirve una hormiga?’, meditación zen con melismas andalusíes, y, por supuesto, ‘Insurrección’, la canción definitiva del dúo, escrita en el último momento a toda prisa en el lavabo del estudio y grabada y mezclada en menos de una hora. Dos minutos y 12 segundos de éxtasis pop.
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‘Enemigos de lo ajeno’ fue elegido el mejor elepé de 1986 por la revista ‘Rockdelux’, que también coronó ‘Insurrección’ como la mejor canción del año. Del disco se vendieron 60.000 ejemplares, una cifra más que respetable para un sello discográfico independiente como PDI. Al año siguiente, Manolo García y Quimi Portet viajaron a un estudio de Londres para remezclar en mejores condiciones algunas canciones de los dos primeros álbumes de El Último de la Fila. Esas nuevas versiones se publicaron en un elepé titulado ‘Nuevas mezclas’, que vendió la bonita suma de 300.000 copias. La nave alienígena había dado el salto al hiperespacio.
Fuente: Rafael Tapounet – El Periódico de Catalunya – ‘Enemigos de lo ajeno’, el disco alienígena que puso en órbita a El Último de la Fila, cumple 40 años

