Manolo García: “En mis conciertos no hay reloj, voy a compartir un rato con el público y si se alarga, mucho mejor”

Manolo García es un cantante, un artista, un creador. Quizás por ello le guste tanto Cuenca a la que considera una ciudad que invita a la cultura y a la que ha visitado en varias ocasiones, aunque no tuviera actuación en ella. Esta noche regresa dispuesto a disfrutar de su gente porque no entiende un concierto sin ese intercambio de emociones entre el público y el artista.

Un día antes de viajar a Cuenca, Manolo García nos atiende por teléfono en una entrevista en la que se muestra tal como es, cercano, amable lamentando no poder hacerla con un café de por medio y cara a cara. Reacio a que le llame de usted, algo que no se puede evitar ya que a los que tenemos una edad nos enseñaron que a los maestros hay que tenerles un respeto. 

Alejado de las modas actuales, de las prisas y el consumismo hace gala de una personalidad que le ha llevado a forjarse una de las carreras musicales del país más respetadas y admiradas destacando que las canciones que ha creado “las necesitaba como el aire que respira” y recuerda que cuando dejó de imitar a otros contantes algo cambió en él y forjó esa personalidad que considera algo imprescindible para un artista que quiera forjarse su propio camino. 

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A falta de pocas horas para el concierto en Cuenca, ¿qué nos va a ofrecer en él?

Mi ilusión y emoción por la música. Yo no acudo a los conciertos como quién va a trabajar. Yo voy a ellos como quien busca alivio para sus riñones, su hígado, sus entrañas. Ofrezco ilusión, alegría, sonrisas. Yo acudo a Cuenca así. Tengo gratos recuerdos de mis conciertos en la ciudad y cuando un animalico como yo tiene un recuerdo bueno, lo trataron bien, le dieron bien de comer y lo agasajaron y fue feliz, pues vuelve muy contento. 

Ya ha tenido la ocasión de visitar la ciudad en varias ocasiones. ¿Qué recuerda con especial cariño?


Tengo un recuerdo muy vivo de mi visita a la Fundación Antonio Pérez. Es un museo muy lindo, no solo por el edificio, sino por su propuesta artística. He estado en un par de ocasiones y alguna de las veces viajé a propósito para conocerlo. Cuenca es pura vida, tiene una inclinación y una propuesta cultural que te invita al arte y para mí eso es básico. He actuado en muchísimas ciudades españolas, pero siempre hay ciudades que tienen algo más monumental y Cuenca es una de esas. Yo siempre intento buscar en todo la belleza, posibilidades de luz, pero en Cuenca no hay buscarla para encontrarlo. Parece que estoy haciendo un catálogo turístico de la ciudad… (se ríe)  

«Yo la vida de las prisas, una canción de usar y tirar no me interesa nada. Es un engaño»

¿Compaginará en el concierto sus temas clásicos con los trabajos de su último disco?


Temas clásicos sí, pero el último disco que es doble son 27 canciones y sería una desmesura, saldría un concierto de cuatro horas y eso no hay humano que lo aguante. Lo que presento son entre siete y nueve temas nuevos y el resto de las más conocidas. A lo largo de la gira voy añadiendo y quitando otras para que esté vivo. 

En tiempos del Tic-Tok y los vídeos de 30 segundos, ¿Cómo se le ocurrió sacar un disco doble?


Yo vengo de otro tiempo. Me estimuló mucho la época en la que bandas como The River o Bruce Springsteen lanzaba un disco doble o dos discos. Me gusta paladear obras completas de un artista que si me seduce y me atrae quiero escuchar lo que me propone, el disco entero. Es cierto que habrá canciones que me gustarán más y las escucharé más, pero quiero tener el disco entero, saber de ese tiempo del artista, de lo que me propone, sus emociones…. Yo la vida de las prisas, una canción de usar y tirar no me interesa nada. Es un engaño. Estas modas de consumismo que solo buscan que cada año compremos un móvil nuevo de 1.500 euros no las comparto. Yo hago discos y pongo en ellos las emociones de mi vida, de unos días, meses o años y he comprobado que siempre hay alguien que disfruta con ello. Y yo disfruto de ellos cuando los veo cantar conmigo en los conciertos. Son un intercambio de emociones y las emociones son de largo recorrido. Por eso hago discos dobles y por eso no hay reloj en mis conciertos. Cuando voy a un sitio quiero quedarme, no mido el tiempo, voy a compartir un rato con el público y si ese rato se alarga, mucho mejor.

¿De todas las facetas de músico, compositor, trabajo de estudio, actuaciones en directo… en cuál se siente más cómodo?

Son diferentes momentos, pero yo los disfruto todos. El escenario tiene unas posibilidades muy directas, es un fogonazo muy vívido. La composición es un trabajo que haces a solas es una felicidad total en la soledad donde te acompañas a ti mismo y te acunas con los acordes que escribes. Pero el estudio también es maravilloso. Estás con otras personas, músicos, amigos, en los que surgen ritmos. Yo me siento cómodo en todo, por eso lo sigo haciendo. El día que no esté cómodo dejaré de hacerlo. No todo se hace por dinero. El esfuerzo emocional de una canción por muy bien que te paguen no compensa. Una canción o una actuación es un viaje muy intenso que cuando terminas acabas exhausto, pero hasta que llegas es un viaje maravilloso y compartido porque no estás solo.  

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Fotografía de Manuel Rubiales

Comentaba antes que los conciertos son sensaciones compartidas con el público. ¿Ha notado diferencias en la forma de relacionarse tras la pandemia?

He notado un cambio brutal. La gente acude mucho más contenta que antes. Hemos estado muchos meses encerrados y con dudas de lo que iba a pasar y en cuanto nos han abierto la jaula está todo el mundo como locos de contentos. Los conciertos que llevo en esta gira se nota que sonríen más, claro que no llevar mascarilla ayuda a verlo (bromea). Lo cierto es que se ríen, cantan más y están más participativos. La pandemia ha cambiado la percepción que tenemos de la vida y la sensación de que tenemos que aprovecharla porque no sabemos lo que nos puede caer. Eso lo noto para bien.

«He pisado mucho el bancal como mi abuelo y tirado de azadón y montado en la trilla. Es una vida muy dura pero donde eres muy libre»

A usted se le define como pintor, músico, poeta… ¿Si no se hubiera dedicado a la música, a qué lo habría hecho?

Quizás la pintura, de hecho, yo fui diseñador gráfico muchos años y me ganaba la vida diseñando juguetes y material escolar. Yo he dibujado muchas Hello Kittys (vuelven las risas…). Pero la vida urbana yo la sentía cada vez más lejos y me atraía la vida hortofrutícola con huerto y ganadería de baja intensidad. Me hubiera tirado por ahí porque mi vida la he paseado entre la ciudad y el pueblo. He pisado mucho el bancal como mi abuelo y tirado mucho de azadón y montado en la trilla. Sé que es una vida muy dura pero también eres muy libre. Es cierto que últimamente se les aprieta mucho a los pequeños agricultores y me duele ver como la macroeconomía se lleva todo el pastel y a los pobres no les llega nada. 

A pesar de que tiene una de las carreras más dilatadas del país siempre ha mantenido un estilo reconocible. ¿Cuál es su secreto?

No hay secreto, o es así o no. Es una condición ‘sine qua non’ para que un artista tenga un recorrido, tener una personalidad propia. Las copias, los refritos no llevan a ningún sitio. Te puede dar de comer algún tiempo, pero no te llevará lejos. No es algo que puedas controlar. Cuando yo era músico de orquesta era un buen ‘copión’, imitaba las voces de Miguel Bosé, de Gurruchaga, Freddie Mercury, Miguel Ríos …  pero fue dejar esa práctica y plantear montar una banda, Los Rápidos, propia y perdí esa capacidad y comencé a cantar como Manuel García. Fue algo extraño, pero ahí comencé a formar mi propia identidad. Tengo dos referentes, la voz y, sobre todo la manera, de Jesús de la Rosa de Triana, y la de Pepe Robles de Los Módulos me aportaron datos que les agradeceré infinitamente toda la vida porque me hicieron ser un poco más yo. 

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Ahora que está de moda sacar musicales homenaje a los grupos míticos, ¿le gustaría uno sobre el Último de la Fila o sobre Manolo García?

En absoluto. No me interesa nada. El Último de la Fila lo que tuvimos que hacer lo hicimos. Fue un tiempo maravilloso con un montón de canciones, de noches con un público entregado y para mí no es digno de teatralizar. Yo prefiero un buen musical inédito. Ha habido alguna ocasión que me lo han propuesto, pero me niego, saco los cuernos del rockero y les digo que me dejen en paz. Nuestras canciones no son cuestión baladí. No están hechas al hilo del negocio para ganar dinero, las hicimos porque si no las hubiera hecho no tendría sentido mi vida en este planeta. Las necesito como el aire que respiro y no entendería que se teatralizara para hacer negocio de ello, sería un desdoro. Con ello no quiero decir que los musicales sobre otros artistas sean un desdoro, si la gente va a verlos y disfruta con ello y el artista está de acuerdo, lo respeto y lo acepto, pero a mí no me gustaría que lo hicieran conmigo. 

«Mientras una canción mía, una pintura, un sentir aporte no lo dejaré. La misión del creador, darlo todo hasta el final»

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Acaba de cumplir los 67 años, edad de la jubilación para muchas personas, ¿piensa usted en la retirada?

Sobre la jubilación creo que todo el mundo tendría que trabajar un poco menos y disfrutar más y no que te tiren al embarcadero cuando te quedan dos días en esta vida. Debería repartirse mejor el tiempo, trabajar menos horas, pero todo el mundo para poder tener más tiempo para pasarlo al sol. No entiendo por qué los parlamentarios y ministros con ochos años trabajados tienen sueldo vitalicio y se pueden retirar y el españolito de a pie tiene que trabajar tropecientos años y encima vivir bajo la amenaza de si luego no va a haber dinero para las pensiones. Todo el mundo tendría que colaborar y no dejar que unos pocos echen el hígado trabajando más horas que un reloj explotados y otra parte importante de la población angustiada por estar en el paro. Poner una edad de jubilación me parece un manejo, una pantomima. Por qué unos señores que no conozco me tienen que poner una edad que yo no tengo. Yo tengo ilusión y no quiero jubilarme. Quiero sentirme útil para mí mismo y para los demás en la medida que pueda. Mientras una canción mía, una pintura, un sentir aporte algo por qué tengo que dejarlo. Admiro el tesón de un Antonio López, un Picasso, Dalí, personas con una energía para el trabajo hasta el último momento que no abandonan. Para mí esa es la misión del creador, darlo todo hasta el final. 

Deducimos por sus palabras que tenemos Manolo García para rato…

Por supuesto, siempre como se dice, mientras el cuerpo aguante… 
 

Nos despedimos agradecidos de la oportunidad de poder conocerlo un poco más y con la promesa de intercambiar esas sensaciones, cantar esas canciones y, sobre todo, sonreir mucho en el concierto. 

Fuente: El Digital – D. Guijarro – ENLACE

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