Manolo García: «La vida no puede ser un sufrimiento constante y estar esclavizado por las obligaciones»

El artista actúa el jueves en el Concert Music Festival, siendo uno de los grandes alicientes de esta edición

Manolo García es uno de los artistas más reconocidos del panorama musical español en las últimas décadas. Sus canciones son banda sonora de varias generaciones que este jueves podrán verlo en concierto en el Concert Music Festival en el Poblado de Sancti Petri.

Tras un inevitable parón por la pandemia, ahora vuelve a girar con un directo arrollador en el que, además de sus temas más conocidos, presenta no uno, sino dos nuevos trabajos: ‘Mi vida en Marte’ y ‘Desatinos desplumados’.

La crisis sanitaria le obligó a parar el motor, algo que aconseja hacer más a menudo. Confiesa que pese a las escenas cruentas de los últimos meses, no pierde la fe en el ser humano. Y además, es amante del Carnaval de Cádiz, aunque no escuchará coplas a través de las redes sociales.

– A San Fernando se puede ir un ratito a pie y otro caminando. ¿También a Sancti Petri?

También. Y a todos lados. Además es muy saludable, caminar va muy bien para la salud. Esa es una frase que me decía mi padre cuando yo era crío. En esa canción meto varias de las que me decía. «¿Papá, cómo vamos a ir a Barcelona?». Y él me decía que en el coche de San Fernando, un ratito a pie y otro caminando.

– ¿Qué está sintiendo en esta gira después del parón obligado por la pandemia?

Percibo que la gente tiene muchas ganas. Todos queremos llevar una vida normal, de no llevar mascarilla, de vivir, en definitiva. Noto un subidón del público, está muy receptivo, muy necesitado de buenas sensaciones. Creo que hay un hartazgo general de tanta pandemia, sufrimiento e incertidumbre. La gente tiene muchas ganas de rock and roll.

– Sin ánimo de romantizar un periodo complicado, ¿fue en su caso el confinamiento un momento propicio para la creación musical?

Dentro de lo terrible que ha sido todo esto, hay una parte en la que la gente ha descubierto que el estar un poco parado, el no correr tanto, no viene mal. Porque al final no vamos a ningún lado. Yo siempre he sido un poco así porque soy persona de estar muchas horas en el estudio, de extasiarme con un paisaje, dar un paseo o de darme un baño en el mar. No me gustan las prisas y he procurado llevar un camino con cierta pausa y no llegar más arriba y más rápido que los demás. Se ha confirmado que para muchas personas es necesario encontrar ese punto de reposo, de tranquilidad, no precipitarse en las decisiones y en lo que se va haciendo en el día a día. Lo contrario es dañino para la salud. Durante el confinamiento, pese a todo lo malo, agradecí un poco eso parón, entre comillas porque ojalá no hubiese sido necesario. Es como cuando viajas muchas horas seguidas en un tren o un avión. Como no puedo salir de ahí, pues me dedico a leer, a estar tranquilo, a crear. Ojalá se pudiesen hacer esas pausas de una forma natural sin que estén motivadas por la posibilidad de un contagio.

– Presenta álbum por partida doble. ¿Qué ha plasmado en ‘Mi vida en Marte’ y ‘Desatinos desplumados’?

Que siempre hay una necesidad vital de tirar hacia adelante, de estar esperanzado, de seguir teniendo curiosidad por lo que acontece en el mundo. Esa viveza y ese brillo de los días. Intentar que con el paso de los años las aristas no vayan perdiendo filo y el brillo sea el mismo. Que el punto de ilusión no se pierda. No es fácil, pero tampoco es imposible. El arte y la cultura son una posibilidad absolutamente maravillosa para conseguir ese brillo. El día a día puede ser bastante duro, aburrido y pesado porque nos sometemos, o se nos somete, a una cantidad de necesidades y de aconteceres que son un tostón. Vivimos inmersos en un mundo de burocracia, papeleo, obligaciones, miedos, noticias falsas incluso. Es un disparate. Una cantidad de información brutal por todos lados. Las redes, contestar mensajes, envío de noticias. Al final necesitas, como decía Antonio Vega, un lugar para tu recreo, tu reposo. Eso lo necesita la persona que está en las cotas más altas, que aparentemente es un semidios, y la persona más humilde, la que duerme en un banco. Todo el mundo necesita sus cuotas de calma interior, de paz, de reposo. La vida no puede ser siempre sufrir y estar esclavizado por lo que digan los demás o por las obligaciones. Facturas, la ITV, la hipoteca. No pasaríamos un segundo sin estar pendiente de esas cosas. Necesitamos un poco de aire cada día y respirar un poco. Ese ratito de ocio, darse un chapuzón, echar una partida de dominó con unos amiguetes. El arte nos ayuda mucho.

– Tras más de cuatro décadas de carrera, ¿qué motivación le mueve para seguir haciendo música?

Yo he encontrado un tesoro, que es el descubrir que con la creación, con el trabajo, hay una doble posibilidad enorme. Una es que pasas tus días sintiéndote útil a ti mismo, dándole sentido a tu vida. Y otra que esa tarea, con mucho trabajo porque nada surge gratuitamente, y con mucha pasión, llega a otras personas y también les aporta vida, emoción. Esa es la caña y el anzuelo. La tiras y siempre pica algo. Vivimos por una esperanza, por una fe en un mañana mejor. Yo pretendo ser de las personas, aunque a veces me cuesta, a las que no les importa la edad que tienen. 80, 90, 100, da igual. A lo mejor descubres una persona de 102 años que apenas puede ya hacer nada pero va todos los días a su pequeño huerto a ver cómo crecen sus flores y tiene ilusión por la mañana cuando se despierta. Esa ilusión por vivir incluso teniendo una edad provecta, ese es el afán. La curiosidad de saber qué va a pasar mañana. Aunque sea por ver el sol, la lluvia o tu familia. Es suficiente. Y la música es una de las maneras que te ayudan a conseguir ese propósito.

– Muchos artistas son muy activos en redes sociales argumentando que son necesarias para estar conectados con su público. ¿Qué opina al respecto usted, que no las utiliza?

Cada cual elige. Hoy en día es una herramienta utilizada por todo el mundo, con sus más y sus menos. Tendrá sus cosas positivas, todo en la vida lo tiene. Y habrá también una cruz. Yo conozco a artistas que se han cansado. Otros nunca hemos tenido nada oficial. Yo respeto a los demás. El que tenga a bien tener sus páginas al día, contactar con la gente que le sigue, que goza de su música, sus libros, sus poesías o cualquier disciplina, me parece oportuno, maravilloso. Yo pretendo soltar al viento mis canciones, mis discos, que llegan ahí y el que quiera disfrutarlas de la forma que sea, perfecto. Pero no tengo necesidad de estar contactando con la gente para venderles nada ni para saber qué opinan. Yo quiero ser libre. Yo no pido nada a nadie y a cambio pido que no se me solicite una presencia en redes, porque yo no puedo aportar nada. Pienso que mis comentarios o mis fotos no aportan nada al mundo. Quizás, si hay suerte, alguna canción o algún concierto da vida a alguien. Eso es lo que yo puedo dar. Pero que yo hable con los fans… De entrada, no me gusta esa palabra. Yo diría personas que disfrutan con el arte, de un intercambio de emociones. Comunicarse con todos o buscar que les guste algo que comparto, no, porque igual que no juzgo, tampoco busco juicio. Busco hacer mi tarea y luego me voy a mi casa. Si complace a una cantidad suficiente de gente para que yo siga en esta disciplina musical, yo muy feliz. Si no es así, me voy a mi casa. No puedo hacer otra cosa ni forzar que la gente me siga. Yo no quiero que me siga nadie, no quiero influenciar a nadie en nada. Quiero compartir vida con los demás. Quien acude a un concierto o a una canción mía es gente amiga y siento un sentimiento fraterno. Me da una alegría enorme, pero nadie está fanatizado por nadie. Nadie debe pensar que alguien es un dios, es un ser humano como cualquier otro que tiene la capacidad de regalar algo. Como el público nos regala su presencia, su fidelidad, su piropo o una frase bonita por la calle.

– ‘Que no dejen de sonar campanas de libertad’. ¿Cree que ese concepto, la libertad, se ha ido desvirtuando debido a las apelaciones políticas?

La libertad es algo muy íntimo y es un concepto muy amplio, muy personal. Alguien puede ser libre con el silencio, alguien puede necesitar tomarse diez cervezas para ser libre, cada uno elige según su percepción de la vida y su mundo interior. Sí que se ha devaluado un poco y se está utilizando mucho en publicidad para vender un producto, el que sea. Se utiliza mucho y de manera engañosa. La libertad es algo muy sencillo. Para mí es una calma interior, dificilísima de conseguir, pero a poco que logras un avance mínimo en esa búsqueda, ya estás encaminado hacia la libertad. El no depender de los demás. El no esperar nada de la vida pero a la vez amarla. La vida te dará lo que ella quiera pero tú luchas por esa necesidad vital de calma y estar bien plantado en el mundo con una conducta humana lo más intachable posible.

– ¿Sigue mucho la actualidad informativa?

Últimamente estoy un poco agotado, si confieso la verdad. Son muchos meses de desastres y ya el colofón final de la invasión de Ucrania, encima tras la pandemia. Y no solo Ucrania, en Siria sigue habiendo guerra, hay violencia en muchas partes del mundo. A veces hay que descansar. Hay temporadas en las que intento estar al día, pero luego también me canso. Siento un poco de decepción de que las noticias malas se acumulen, se sobreponen unas a otras y las buenas no llegan. También las hay y hay que ser optimistas y tener un punto de esperanza. Si no, nos volvemos locos. Por temporadas necesito parar y descansar un poco la cabeza, porque la información, aunque no la pidas, nos rodea y en una cantidad brutal. A veces pienso que pese a que nuestro cerebro tiene muchas capacidades, no está preparado para tal cantidad de información y de noticias tan lejos de nuestro alcance. Se te bombardea con mil problemas y tú no puedes hacer nada. Pero ya tienes la carga encima, a poco sensible que seas, de negatividad y angustia. Pagas tus impuestos, trabajas, intentas ayudar a tu vecino. Pero no puedes hacer nada con lo que pasa en China, en Colombia o en la provincia de al lado en la que está habiendo un incendio horroroso. De vez en cuando tengo que parar y resetear, porque si no es demasiado.

– ¿Le sorprende ver en 2022 imágenes como las sucedidas en Ucrania o está curado de espanto?

Nadie está curado de espanto. Que en pleno siglo XXI, después de tantos siglos de civilización, el ser humano siga cometiendo estas atrocidades decepciona un poco, te tira para abajo. A pesar de que parece que seamos ya insensibles al horror de las imágenes, pero no. El ser humano es sensible a la maldad y la barbarie. Horroriza y todo el mundo sabe que hay que arreglar las cosas de otra manera. Esto no puede ser.

– El hecho de que el ser humano caiga nuevamente en esos errores, ¿hace bueno ese verso suyo que dice ‘cada día me parezco más a mí mismo y eso a mí no me conviene’?

Podría servir, sí. Estancarse y no aprender de los errores no es lo deseable. Yo quiero ir cambiando. Si me parezco a mí mismo, al final me convierto en una piedra. Algo aburrido, que no aprende nada, agarrado a las cuatro cosas que sabe y de ahí no sales. Quiero mejorar, mejorar siempre es posible. Al final ya no sabes si aquello de que el ser humano tropieza dos veces en la misma piedra es porque estamos convirtiéndonos en eso precisamente, en piedras. Endureciéndonos. No creo que sea bueno para nadie. Deshumanizarnos no es bueno ni para quien hace lucro con la alta tecnología que hace funciones robóticas, porque el humano tiene que sentirse útil.

– En sus letras hay varias referencias a Cádiz. ¿Qué le evoca esta tierra?

Me evoca calidez humana, sur. Sur profundo y sur alegre. En mi grupo llevo muchos años trabajando con un músico de La Línea, Juan Carlos García, un gran amigo desde ‘El último de la fila’. Yo he conocido Cádiz y los carnavales de su mano y es un sitio que te enamora. Cómo no va a ser así. En nuestro país, las provincias tienen sus singularidades y su calidez. Y Cádiz tiene la suya con un potencial altísimo. Si has nacido junto al mar, cuando vas a Cádiz te sientes como en casa. Me siento bien porque es un mundo luminoso. Gadir, fenicia. Yo que soy mucho de mirar atrás en cuanto a siglos, para mirar un tiempo de placidez, de limpieza del planeta. Pues al ver esas ruinas romanas, me imagino esos tiempos y siento la necesidad de haber estado allí. Me siento bien, en ese sueño antiguo. Eso es lo que me provoca Cádiz.

– También al carnaval. ¿Qué le parecen desde el punto de vista artístico las agrupaciones que crean repertorios de nivel un año tras otro?

Me parece admirable. Cuando empecé a conocerlos, me quedé fascinado con la capacidad de los letristas. Gente que en algunos casos es prácticamente desconocida en el resto de España, aunque muy populares en Cádiz por su buen quehacer. Me quedé alucinado por la calidad de las letras, por la extensión, porque no son cuatro frases. Son coplas largas muy bien trabajadas. Solo tengo palabras de elogio y de respeto, claro. Y lo mejor es que hay muchos casos. Porque no es que digas que hay un personaje en tal barrio de Cádiz que escribe muy bien. No, no. Es que hay muchos. No sé qué coméis en ese tierra, pero da una cantidad de creadores enorme. Luego lo escuchas y dices: joder, esto es de nivel mundial.

Fuente: La Voz Digital – Alvaro Mogollo – ENLACE

X