Del Agua que Soy (crónica de una gira deseada)

Asistir a un concierto de Manolo García después de dos años en los que la mirada amordazada era el único punto de contacto, es una experiencia. Supongo que en eso estaremos todos de acuerdo.

Asistir a pecho descubierto con la sonrisa puesta e inundados de nueva música entra en la categoría de necesidad vital. García ha decidido en esta gira invocar el espíritu de la alegría, recuperar los mustios días de letargo confinados, y para ello nada mejor que iniciar el concierto con una sorpresa que incinera en sus primeros acordes, y quién podía pensar que este espectáculo comenzara con Insurrección.

No quiero adelantar nada de lo preparado con dedicación, profesionalidad y cariño. Os vais a encontrar con casi tres horas de vitalidad febril donde la emoción restalla una y otra vez, sin resuello. Veréis un decorado de esencia surrealista, ya sabéis que el poeta habla con versos y que esos versos son girones de alma y oleo.

Sentiréis el corazón en llamas y canciones en las que Manolo muerde el tiempo. Estamos a las puertas de un espacio donde la conexión astral es la dirección inequívoca y el cielo se abre como un espejo de siglos donde todo es posible.

No os perdáis en set acústico que vuelve íntima noche, allí la mente se dispara y el paladar se inunda de frases que bien podrían ser títulos de canción:

Si el pulso no vuelve

Los mares que agitas

La luz que descansa sobre el sueño

De tanto dar, crecer

Endorfinas que libera la música y que García sabe dosificar hasta llevarnos a su montaña de ónice.

Compartiremos arte, como un destello entre nubes.

La piel despierta y herida abrirá grietas en las que la vida nos muerda: Y si la vida nos muerde, sangra.

Sentiremos que todo cobró sentido. Treparemos enajenados por enredaderas de palabras. Cada lágrima será una historia, cada inhalación una bocanada en campos que sólo tú yo podemos ver.

Quiero dejaros sólo esta lluvia de sensaciones, esta estampida en el pecho.

Que no hay luz más hermosa que la que cubre estas noches con alas de pentagrama.

Que no hay más verdad que esa frase que se escapa de tus labios.

Incombustibles, irracionalmente hermoso, decididamente eterno.

De José Lucena

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