Manolo García: «Con esta gira acústica estoy como un niño con un juguete nuevo»

El artista catalán llega a Roquetas de Mar con un formato más íntimo. Asimismo, anuncia disco inédito y libro de poemas y escritos para 2020.

Manolo García llega hoy al auditorio de Roquetas de Mar para presentar en la provincia la primera gira en acústico de su carrera.

El cantante barcelonés, dada su apretada agenda, atendió por teléfono a Diario de Almería en la víspera de una velada para la que está todo el papel vendido.

Aterriza en Roquetas de Mar con la primera gira en acústico de su carrera. ¿Qué se van a encontrar los espectadores que acudan al auditorio esta noche?

Hago un concierto bastante extenso y toco canciones de todas las épocas que, por el mero hecho de cambiar una guitarra eléctrica por una acústica o un teclado por un acordeón y de, en definitiva, tocarlas con otros instrumentos, ya suenan de otra manera. Hago una revisión bastante general de mi repertorio con sonoridades diferentes.

La relación de un músico con las ciudades que visita cuando está de gira es un tanto extraña porque su camino suele ir a caballo entre carretera, hoteles y escenarios pero, ¿guarda algún recuerdo especial de Almería y su provincia?

La primera vez que visité el Cabo de Gata o el desierto de Tabernas me sorprendieron y me fascinaron muchísimo. He de confesar que las ciudades turísticas con sus edificios funcionales no me mueven el corazón, pero la capital de Almería tiene algo entrañable, algo antiguo; el color de las casas, la Alcazaba… todo eso tiene algo terroso que me atrae. Son muchos años visitando ciudades y de todas guardo algo en el recuerdo.

«NO RENUNCIO A MI PASADO MÁS ROCKERO, PERO SOY UNA PERSONA QUE HE APRENDIDO A SER FELIZ CON LO QUE TENGO»

Ha contado en alguna ocasión que esta gira nace de un sentimiento de nostalgia al acabar la anterior y que tuvo que reinventarse para ofrecer a sus seguidores algo distinto. ¿Cómo ha sido el proceso de creación para dar otro aire a canciones que el público ya conoce?

Es un trabajo de estudio, de coger la guitarra, de local de ensayo y de horas de empezar a vislumbrar nuevos caminos para la canción. Yo para eso tengo facilidad porque me gusta hacer arreglos nuevos. No es difícil, hay que ponerse y echarle cariño. Revisar una canción propia es un reto muy seductor. Hay canciones como A San Fernando o Rosa de Alejandría que tienen otro pulso. Por ejemplo, Pájaros de barro la tocamos con un solo instrumento de percusión muy suave. Me gusta cantarlas así, aunque también es cierto que son canciones que llevo cantando, en algunos casos, más de veinte años y siempre hay que renovarse. De todas formas, nunca me he aburrido de ellas porque tengo mis propios mecanismos para cambiar melodías o girar notas hacia un lado u otro.

A San Fernando, por ejemplo. Es curioso que la canto más a gusto ahora que cuando lo hago en su versión eléctrica.

Está siendo, como es costumbre en usted, una gira extensa que empezó el pasado mes de abril y que concluirá en diciembre. Con el cartel de ‘no hay billetes’ colgado allá por donde pasa, ¿le abruma la aceptación que está teniendo por parte de crítica y público su nueva propuesta?

Más que abrumarme, me alegra porque era mi sueño de juventud, aunque los comienzos con mis primeros grupos no fueron fáciles. Luego hay que mantener el listón porque si llegas a una cota de aceptación por parte del público, tampoco puedes abandonarte, sino seguir haciendo canciones que lleguen y conciertos que no defrauden a nadie. Que la gente esté contenta en mis conciertos coincide conmigo, no por llevar muchos años en esto lo hago de una manera maquinal, forzada o por un interés económico. Claro que vivo de esto y obtengo beneficio, pero es la ilusión de mi vida. Cuando empecé con Los Rápidos y Los Burros venía muy poquito público a vernos: veinte, cuarenta, cincuenta personas… ¡cien ya era un logro! Ahora estoy encantado de que mi oficina me diga que en una ciudad está todo vendido y pienso ‘pues me lo he ganado’, porque he estado muchos años actuando para 50 personas en salas para 500. Como he vivido esa experiencia, que ha sido mi escalera para llegar a un público mayor, disfruto de mi situación actual.

No es la primera vez que opta por actuar en teatros y auditorios y, además, ha declarado que le gusta más la cercanía con el público y la sonoridad en estos espacios. El derroche de energía no es el mismo, pero no por ello ha de ser un concierto tranquilo…

Yo entiendo que es un concierto alegre, también el derroche de energía con los años va mermando y has de gestionarla. Ahora no puedo estar dándome las carreras que me daba hace diez o quince años, que era un torbellino, pero también quiero pensar que canto mejor por el mero hecho de hacerlo más pausado. En esta gira, los sonidos que a mí me llegan le dan a mi garganta otra posibilidad, tengo más espacio para desarrollar el canto. No significa esto que renuncie a mi pasado más rockero, de hecho deseo y espero que vuelva, pero soy una persona que he aprendido a ser feliz con lo que tengo. Por eso con esta gira acústica me lo estoy pasando como un niño con un juguete nuevo. Además veo a la gente contenta, que es el verdadero éxito.

«NUNCA ME HE ABURRIDO DE MIS CANCIONES PORQUE TENGO MECANISMOS PARA CAMBIARLAS»

Está siendo una gira de fines de semana. Cuando no está en la carretera, ¿aprovecha para componer o prefiere evadirse de la música con la que es su otra pasión: la pintura?

En las últimas semanas no estoy pintando porque estoy grabando un nuevo disco ya y, si todo va bien, espero publicarlo el año que viene. Estoy contento, me lo estoy pasando bien y trato de renovarme y que las canciones tengan un tratamiento nuevo, diferente. Y en cuanto a pintura, el pasado martes inauguré en Armilla (Granada) una exposición donde presento cuadros, dibujos y esculturas que he ido haciendo durante los dos últimos años.

Dedica sus conciertos a la activista por el cambio climático Greta Thumberg. ¿Cree que la sociedad está lo suficientemente concienciada al respecto?

No, una parte de la sociedad mira hacia otro lado, vive al día y no quiere sentir la angustia de que algo duro puede estar acercándose. Una pequeña parte sí que lo está, e incluso algo angustiada. Yo lo estoy porque mi conciencia ecologista la he tenido desde pequeñito, siempre he sentido en mí ese rechazo al consumo desaforado, a que estamos machacando el planeta y a que estamos viviendo en él como si fuese nuestro o tuviésemos derecho a lacerarlo. El planeta tiene unos límites, la demografía aumenta y los avances en medicina han conllevado que vivamos más y que cada vez seamos más gente en el mundo, lo cual significa que si no estamos hábiles a la hora de distribuir las energías, los alimentos o el agua esto puede tener un fin desastroso. Nuestro cuerpo político no está haciendo caso a esta emergencia que no es un problema, sino el problema. Claro que hay otras cosas sobre la mesa como el paro o las pensiones, pero si el cambio climático sigue adelante esos problemas quedarán en nada comparado con lo que se puede avecinar. Y esto no es ser catastrofista, es ser realista y hacer caso al corazón, a las evidencias y a los científicos, que nos están diciendo que hay que actuar ya.

Volviendo a su música, a riesgo de que una vez concluya esta gira vuelva a invadirle el mismo sentimiento que le llevó a embarcarse en el proyecto acústico, aparte del disco nuevo en el que ya está trabajando, ¿tiene ya algo en mente para el próximo año?

Un disco da bastante tarea, soy muy meticuloso en ese sentido y paso meses trabajando, pero también estoy preparando un libro con poemas y escritos de estos últimos años y quiero publicarlo en 2020. Entre eso, y alguna exposición más de pintura que ya me están pidiendo y que me apetece mucho hacer, va a transcurrir el año que viene.

«EN MIS PRIMEROS AÑOS ACTUABA PARA 40 O 50 PERSONAS Y POR ESO DISFRUTO MÁS DE MI SITUACIÓN ACTUAL»

Se van a cumplir dos años del lanzamiento de Geometría del rayo, su último disco de estudio, el cual fue un éxito de ventas y le valió la consecución de un Grammy Latino. Ha dejado el listón alto para su próximo trabajo… 

La carrera del músico no es la de un deportista, que debe superarse constantemente. Es en lo emocional en lo que estamos, y en ese camino, por suerte para nosotros, hay muchos recovecos, lugares que no existen pero que están llenos de posibilidades; esa emoción que puede captarte un ritmo fácil o el misterio de unos acordes impensables. Aunque se han inventado máquinas que componen canciones, las cosas no son así. Una canción buena surge del misterio, del interior o del estado de ánimo de una persona que tiene una capacidad para reunir acordes, melodías y textos. Yo no me planteo que si mi disco anterior me dio un Grammy Latino o gustó muchísimo, tenga que hacer otro para mejorarlo, ¡me volvería loco y sería angustioso! Yo simplemente me pongo a buscar otros soles, otras lluvias… y voy haciendo. La única pequeña garantía que tengo de conseguir algo decente es hacer mucho, es decir que para un disco de diez o quince canciones trabajo en treinta y cinco o cuarenta ideas, y voy desechando en un cajón, voy retocando… También te vuelves más cauto y menos impulsivo, y te das cuenta de que no todo es carretera, conciertos o vida de bohemia, sino de que el trabajo de estudio es muy bonito y que los años te van apaciguando. ¡Claro que quieres que tu disco nuevo guste!, pero tengo la capacidad de no imponerme buscar formas de crecer, sino de gozar lo crecido.

Fuente: Diario de Almería – David García – Foto Miguel Angel Molina – ENLACE

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