Monthly Archives: abril 2012

MG: Manolo García, el conquistador conquistado por el «entusiasmo» madrileño

Algo tiene Manolo García para atesorar a uno de los mejores y más fieles públicos del artisteo, uno que -por lo visto en Madrid- llega conquistado de casa y bulle en un estado de efervescencia continuo gracias a un show generoso, con guiños al pasado, en el que destaca la sencillez y entrega de su ídolo.

En torno a 1.800 personas, el aforo completo, han disfrutado esta noche en el Palacio Municipal de Congresos del Campo de las Naciones de Madrid de la primera de las seis citas musicales que tiene previsto ofrecer el catalán en la capital, probablemente para la historia.

Su quinto y último disco, «Los días intactos», que fue número uno en ventas tras su salida al mercado y que ya ha conseguido convertirse en triple platino, ha copado gran parte de las casi dos horas y media de repertorio, al colar diez de sus catorce nuevas canciones.
También ha habido tiempo para disfrutar de «Arena en los bolsillos», el disco con el que debutó en solitario en 1998, tras vivir las mieles del éxito en Los Burros y, sobre todo, El Último de la Fila, un tiempo en el que empezó ya a granjearse a muchos de los seguidores que le han seguido hoy hasta aquí, más de 30 años después.

Su música tiene sello propio, una paleta reconocible de colores, diría él, que trasciende edades y regiones, atrayendo incluso a público de Extremadura y Asturias a su primer concierto en Madrid.

Ha bastado que el de Poblenou (Barcelona) pusiera un pie en el escenario con paso tranquilo para que comenzaran a retumbar los aplausos, confirmando que el autor de «Pájaros de barro» es una de las primeras figuras musicales del país.

El concierto ha dado comienzo al son de «Disneylandia», con apenas un foco, el teclado y la voz desnuda de García para interpretar esta canción «de adolescencia», la primera que compuso. Le ha seguido «La sombra de tu palmera», acompañado por dos guitarras, un bajo, un cajón y el teclado, a la que ha sucedido la celebrada «Aviones plateados». «Son canciones de un tiempo pasado, pero un tiempo que fue magnífico», ha señalado.
Con «Los ángeles no tienen hélices», la cortina de lentejuelas que ocultaba el fondo del escenario ha dado paso a una fina lluvia de haces de luz, con la que también han entrado el resto de la instrumentación básica del concierto, con siete músicos en total.

Su faceta como pintor ha quedado patente en las distintas propuestas plásticas del show, con un paisaje mediterráneo compuesto por un bosque de escuálidas palmeras y un mar de redes de pescador de los que colgaban peces y botellas de plástico. «Malva» ha puesto por primera vez en pie a los asistentes y en «A veces se enciende», García ha respondido bajando inesperadamente al patio de butacas para estrechar manos en su primer baño de masas.

«Todos amamos» ha sido acompañada de la sombra de una histriónica bailarina, la misma que, minutos después, ha ilustrado con su pesaroso avance por la tarima las notas más oscuras y góticas de «Compasión y silencio», en uno de los momentos más lucidos del show. «No estoy muy parlanchín hoy, estoy más por la música», ha comentado García, antes de arrancarse entre quejíos pseudoflamencos con «Sin que sepas de mí».

Tras éste, el bloque más reposado, García ha entonado un grupo de canciones para «aquellas personas sin posibilidades, que no son libres y que han votado a políticos que no les dejan hablar». Así ha sonado «Nunca el tiempo es perdido», seguido de ovaciones y gritos de «Manolo, Manolo», a los que éste ha respondido con un modesto: «Yo soy muy pequeño».

«Cada vez hay más normas por nuestra seguridad, pero quien las sigue todas se pierde parte de la diversión», ha afirmado como prólogo a «Un giro teatral», el single de su último disco.
Ha resultado un contraste con la distorsión electrónica de «Somos levedad» y «San Fernando».
Con el público en pie, el cantante ha pedido disculpas para quienes querían seguir el concierto en sus butacas. «Ha sido fruto de la alegría y las ganas. Gracias por el entusiasmo, porque es lo que nos da alas para seguir», ha dicho.

De aquí al final, que ha contado con dos bloques de bises, han destacado la épica de «Cabalgar la eternidad», su versión de «Insurrección» y, cómo no, «Pajaros de barro», la primera gran canción de su etapa en solitario.

Fuente: Actualidad Orange – ENLACE – y Diario Montañes – ENLACE

MG: Seis noches, seis para comprobar como luce la puesta en escena de Los dias intactos, su nuevo disco

Manolo García es un músico acostumbrado a lidiar con los derrotes del éxito. Supo de sus embestidas siendo treintañero, cuando El Último de la Fila –el dúo que formó junto a Quimi Portet entre 1984 y 1998– se convirtió en uno de los grupos más populares de su generación. Ahora, camino de los 57, templa la suerte y disfruta todos los lances de la faena.

Escribe sin premura y publica cada trienio, aproximadamente. Sus discos se siguen vendiendo muy bien: Los días intactos (2011), el más reciente, el quinto a su nombre, supera ya las 120.000 copias despachadas. Conjuga su trabajo como músico con la pintura, otra de sus pasiones. Lleva una vida tranquila, alejado de los neones y el colorín. Y sigue generando una gran expectación entre los aficionados: Viernes 13, sábado 14, jueves 19, viernes 20, jueves 26 y viernes 27 de abril. Entradas agotadas. Palacio Municipal de Congresos. Avda. Capital de España Madrid, s/n [Campo de las Naciones]. ofrecerá 13 conciertos en Madrid y Barcelona, entre abril y mayo, pero ya no quedan entradas para ninguno de ellos.

Los días intactos dista mucho de ser una sorpresa, y tal vez ese sea uno de sus puntos fuertes. El genotipo artístico de su artífice se manifiesta en cada corte: canciones de estructura y sonido clásicos, con textos muy elaborados y la voz de García, siempre inconfundible, manejando el timón.

Al igual que trabajos anteriores, se empezó a grabar lejos de casa y fue rematado en un estudio de primera, en un pequeño pueblo del Alto Ampurdán. Esta vez, García viajó hasta Los Ángeles y se rodeó de una serie de músicos – Waddy Watchel, Bob Glaub, Kenny Aronoff, Leland Sklaar – que son historia viva del mejor rock norteamericano. Después recurrió a un plantel artístico de toda confianza – con el bajiusta Anotnio Fidel ya trabajaba en Los Rápidos, su primer grupo serio – y terminó de refistrar este nuevo repertorio, en el que destacan los temas Una Alma de papel, Un giro Teatral o Todos amamos desesperadamente. Todos sonarán en esta tanda de conciertos, que ratificia el tirón de este barcelonés de costumbres sencillas.

En todos los frentes

Manolo García cultiva varias disciplinas desde siempre. La música es la más conocida y la que más éxitos le ha reportado, pero también pinta –hasta hace poco estuvo abierta en nuestra ciudad la exposición Apuntes de campo de un escéptico participativo–, dibuja y escribe. Si quieres ver cómo se maneja con la pluma o el pincel, hazte con el libro El fruto de la rama más alta –¿un guiño a Yo digo que las estrellas, de Silvio Rodríguez?–, que fue publicado en octubre pasado por la editorial Temas de Hoy. Atentos también a De Mares y visiones, precioso libro que incluye fotos y pinturas del artista, así como un CD y un DVD resumiendo su trayectoria en solitario.

Los días Intactos

El tiempo que escapa, las ganas de vivir, la necesidad de amar y ser amado. Temas universales con músicas directas, aunque con detalles.

Fuente: OnMadrid – El País

MG: ‘Para mí sería un tostón contar las vicisitudes de mi vida de microbio’

‘Qué les doy a mis fieles? Canciones y respeto, por ese orden’

‘Tengo tecnofobia. Soy muy cauteloso con la carrera, con la prisa…’

‘No comulgo con que cada seis meses haya que cambiar el ipad, el ipod…’

‘Ante los problemas graves hay que mover el corazón y el cerebro’

‘Soy de los de morir con las botas puestas. Hay que sacar pecho’

Él cuenta con seguidores fieles, de esos que no renunciarían a sus versos ni a una entrada para sus conciertos. Manolo García (Barcelona, 1956) lleva sobre sus espaldas una larga carrera que le gusta tomarse sin prisas, como sus canciones. Hablamos con él antes de que encadene nada menos que seis fechas en el Palacio de Congresos del Campo de las Naciones y cuando acaba de clausurar una exposición con sus pinturas. La música no es su única pasión. La otra, la de los pinceles, está casi a la misma altura.

«Yo trabajo en una pequeña habitación en donde tengo todos los cachivaches juntos: el caballete, una mesa, los libros, las tizas, ceras, óleos y un amplificador, un par de guitarras, una grabadora… y es mi mundo, donde yo ejerzo de reyezuelo, de déspota conmigo mismo, donde me doy prebendas o me recorto. Donde me aíslo pero a la vez me doy libertad», explica junto a sus obras, entre las que está el dibujo que ilustra la cubierta de su último disco, ‘Los días intactos’: una vaca que lame la zanahoria que ve en una pantalla televisiva. Junto al álbum también ha publicado un libro, ‘El fruto de la rama más alta’, en el que une a sus dos amores.

«Desde muy jovencito, he tenido la necesidad de dibujar, de invocar a mis pequeños dioses, de alejar sombras, de acudir a una llamada interior, de llenar momentos… y la pintura es una manera estupenda», revela, del mismo modo que para él es una obligación componer canciones. Confiesa, eso sí, que en ocasiones le asusta saber que sus estrofas significan tanto para tanta gente: «A veces me siento un poco bloqueado. Me dejo llevar por una intuición, por una percepción, por una emotividad, por una pasión por la vida, y lo único que hago es intentar comunicarme con mis congéneres. No quiero ser trascendente, tampoco lo pretendo. Sólo intento ser feliz, como todo hijo de vecino».

Y feliz le hace ese comunicar, ese transmitir a otros. «A mí esas frases me llegan, no las medito profundamente, soy bastante alocado. Me levanto por la mañana y me pongo a tocar o a escribir o a pintar y entro en mi pequeño mundo de tranquilidad. Pensar que eso puede llegar a otros, pues evidentemente me da alegría».

Un ‘tecnófobo’ declarado

Pero, sin la cadena de transmisión de una melodía, elige las distancias cortas más que las nuevas tecnologías. Cree que ese afán por estar conectados las 24 horas roba «lo más sagrado: el tiempo y la libertad», sin dejar de reconocer que es un ‘tecnófobo’ declarado. «Es algo innato. Yo soy muy cauteloso con la carrera, con la prisa, con avanzar, con el progreso, adelante, adelante, adelante… Detrás del tema tecnológico veo un consumismo voraz. No acabo de comulgar con la idea de que cada seis meses haya que cambiar el ipad, el ipod, el ‘nosequé’, el ‘nosecuántos’. Esa es la parte que provoca en mí esa ‘tecnofobia'».

«Para mí sería un tostón tener que estar cada día contando todas las pequeñas vicisitudes o miserias de mi vida de microbio. No tienen ninguna importancia. Prefiero hablar de cosas inapetentes con el camarero del bar de mi barrio, que igual conozco desde hace 15 años», asegura en referencia a las redes sociales. Su relación con Internet es un pelín más fluida que antaño. Reconoce que igual que Gutemberg acabó con los amanuenses, hay que adaptarse a los nuevos tiempos.

Pero no perdona que la industria musical no se haya unido para sobrevivir: «El ser humano avanza y no puede estarse quieto… avanzamos como una zarabanda, lo digo en una canción. Lo que me ha sorprendido es que la industria no haya sido capaz de aunar fuerzas y defenderse de la injusticia. Tener que echar a la calle a miles de personas sólo en España. Que no haya tenido la capacidad de haber dicho ‘muy bien, si queréis tener la música para vuestros ordenadores, los dueños de todo esto somos nosotros, tenemos que hablarlo’. No que hayan pasado por encima».

Cambios y más cambios que también observa en la sociedad que nos rodea. Agradece que la crisis, el tener que conformarse con menos, nos haya ayudado a relativizar problemas que realmente no eran tales. Pero, ante las dificultades de verdad, su receta es clara: «Actuar y trabajar. Hay que intentar no quedarse pasmado ni tan dolido que eso te paralice. Hay que mover el corazón, mover el cerebro, mover el ánimo».

Pero, ¿no habría una razón por la que tirara la toalla? «Yo soy de los de morir con las botas puestas. Ante las adversidades hay que sacar pecho. Creo que hay que pelear. Puede sentirte paralizado por una situación de ‘shock’, como todo el mundo, pero hay que avanzar. En el sentido de procurar dar lo mejor de ti a los demás, dejar de pensar en uno. A lo largo del tiempo, he visto que los que mejor están en este planeta son los que se olvidan de sí mismos y se dan a los demás». ¿Y que le da a sus seguidores para que sean tan fieles? «Canciones y respeto, por ese orden».

Seis conciertos en el Palacio Municipal de Congresos del Campo de las Naciones: 13, 14, 19, 20, 26 y 27 de abril. Entradas agotadas

Fuente: El Mundo – ENLACE