EUDLF: Operación Rescate, El Último de la Fila

“En su día fue una revelación, un choque brutal: nadie en el pop español tenía un sonido ni remotamente próximo. Fueron extremadamente originales”. Texto de JUAN PUCHADES publicado el 10 nov, 2012 en Efeme.com

De acuerdo, es una obviedad rescatar el primer elepé de El Último de la Fila, incluso algo innecesario al tratarse de una de las obras clave en la discografía de una de las formaciones del rock español que más vivas permanecen en el recuerdo. Pero, como apetece, pues vamos con ello, recordando, eso sí, que con este disco y con el siguiente no pasaría gran cosa y el que lograría que el grupo (un dúo, en realidad) comenzase a volar alto fue el tercero, un recopilatorio que agrupó algo así como lo más lucido de los dos primeros en nuevas mezclas. Lo demás es historia. Bonita historia, de esas de triunfos rotundos tras comenzar desde lo más bajo.

Quimi Portet y Manolo García habían unido fuerzas, tras experiencias anteriores, en Los Burros, grupo que editó un único disco que no tuvo mayor trascendencia pero que es algo así como el imprescindible prólogo a El Último de la Fila, pues allí ya estaban, en gran medida, muchas de las formas que serían identificables en las primeras obras de estos. Pero la nueva propuesta tenía algo de especial y de original, quedando patente desde los primeros segundos de este trabajo, con un Manolo García que había encontrado una nueva forma de cantar inspirada por unos aires más morunos que flamencos (que también) y que, cuando le venía bien, desdeñaba para interpretar con inflexiones más naturales y pop. De todo ello da cuenta ‘Dulces sueños’, el intenso tema con el que comienza el álbum y que es como un catálogo de los materiales que iba a emplear El Último de la la Fila, incluyendo esa singular manera de enhebrar melodías fragmentarias que, como en un collage sonoro, son unidas dando lugar a cambios constantes de rítmica y tímbrica en una misma canción. Lo que hacía del dúo un caso tremendamente sorprendente. También están las guitarras (eléctricas y acústicas) de Portet que, herederas del rock de los setenta pero puestas al día, resultaron esenciales para configurar más señas de identidad. Y tras tan gran canción, llega ‘A cualquiera puede sucederle’, un corte experimental, porque, aunque hoy cueste reconocerlo, El Último de la Fila fue un grupo innovador, ubicado en la frontera de lo popular y la vanguardia.

Deliciosas son ‘El monte de las Águilas’ (de clara melodía pop y letra evocadora de paisajes campestres) y ‘El loco de la calle’, esta última es una pieza de ingenio colorista aflamencado, con música de Portet y feliz letra de García: “Y sola, sé que no puede estar, / y ahora sé que se perderá. / Y al final, solo envidia y ambición, / y ya sé que sin buscar no encontraré. / Paso al loco de la calle, / paso al ansia de vivir”. Y eso transmitían estas canciones ansia de vivir.

El mayor punto de contacto con la estética del anterior grupo de la pareja, Los Burros, lo ofrece la titular ‘Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana’, feroz retrato de la vida humana bajo la ley de la propiedad horizontal. En ella, los cambios estructurales son constantes. ‘¿Hay alguien ahí?’ parte del funk, como ‘Otra vez en casa’ (gran canción antimilitarista), mientras que ‘No hay dinero para los chicos’ resulta inclasificable, pero con una letra muy directa: “Se comercia con las banderas / y con la necesidad, / vienen cuando no los esperas, / dirigentes no faltarán. / Te dicen tú tranquilo, todo se arreglará. / Utilizan tu destino”. Vamos, como para cantarla hoy mismo. Por su lado, ‘Son cuatro días’ es un tema de enorme plasticidad y hermosura en el que destacan las pinceladas flamencas de la voz de García, además de toques jazzísticos en la introducción que dan paso a una canción que es una fotografía nocturna y callejera.

Para el final, he querido dejar el diamante del disco (originalmente abría la cara B), y una de las mejores canciones de la historia del pop español: ‘Querida Milagros’, escrita por Quimi Portet antes de que descubriera que era un surrealista cachondo al que le apetecía cubrirse los rizos con “barretina”. Una lúcida canción (planteada como una carta encontrada en el cadáver de un soldado caído) abiertamente antimilitarista y que sería como un pequeño himno (íntimo y personal) para quienes, en aquellos años de felipismo racional, nos declaramos objetores de conciencia en contra del sentido común y de las leyes (lejos de las leyes de los hombres, se podría decir, citando un tema posterior del dúo): “Por ahora la suerte me ha sonreído; / necesito verte, aquí no hay amigos. / No estaría de más que alguien me explicara, / qué tiene esto que ver contigo y conmigo”. Uno de esos temas que, lo escuches cuando lo escuches, siempre te remueve por dentro.

Si lo pienso bien, el segundo disco de El Último de la Fila, “Enemigos de lo ajeno” (1986), les quedó mucho más redondo y compacto, pero “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana” en su día fue una revelación, un choque brutal: nadie en el pop español tenía un sonido ni remotamente próximo. Fueron extremadamente originales, lo que resulta irónico si tenemos en cuenta que en la segunda parte de su carrera, su característica más evidente fue la sobreexplotación de la misma fórmula hasta la saciedad. Pero, ay, aquellos primeros discos son tesoros.

 

Fuente: Efeme.com – Juan Puchades – ENLACE

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