MG: El pulso de un rockero

Mas de 4.000 personas corearon los grandes temas de un Manolo García que rebosó energía sobre el escenario de la plaza de toros de La Flecha.

Pasaba un cuarto de hora de las once de la noche. La jornada tocaba a su fin, ya muy usada para asegurar que el de ayer había sido «un día intacto», uno de esos que se presentan «vírgenes, cuando todavía no te ha agredido la realidad». Pero allí estaba él para lanzar el antídoto contra la porra del desasosiego, si es que a alguna de las más de 4.000 almas que esperaban a Manolo García en la plaza cubierta de La Flecha (Arroyo de la Encomienda) les quedaba algo de eso y no era todo pura impaciencia por abrazar las notas de toda una vida. Impaciencia que se materializaba minutos antes de que comenzara el concierto con vítores, palmas, silbidos y… un río de sillas blancas que la gente retiraba para acercarse más al escenario. «¡Jo, cómo sois los de Valladolid!», exclamó el artista nada más salir. El formato teatro que ha dado forma a esta gira del catalán se quedó pequeño en Valladolid. «Gracias por este entusiasmo, por esta alegría y porque estáis aquí», lanzó García como bienvenida.

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Va para un año que el de Poblenou lleva exprimiendo en directos su último disco, ‘Los días intactos’, que anoche presentó generosamente en Arroyo con numerosos temas de este trabajo discográfico, pero también, como no podía ser de otro modo y todos esperaban, viajando a su época como media naranja de Quimi Portet. Para delirio de su público, que viene demostrando su incondicionalidad agotando las entradas de la mayoría de los conciertos, el catalán hizo resurgir el espíritu de Los burros y, por supuesto, el de El ultimo de la Fila. ‘Disneylandia’ (a solas con el teclista Nacho Lesko), ‘Aviones plateados’ (primera apoteosis), ‘Los ángeles no tienen hélices’. «Esto demuestra que las canciones antiguas no deben traer nostalgia, traen alegría», recordó el intérprete.

Después, ya con el público conquistado fueron sonando ‘Alma de papel’ y ‘Malva’. Momento intensamente celebrado y bailado la dedicatoria en ‘Para que no se duerman mis sentidos’ a la iniciativa de los hosteleros de la calle Francisco Suárez de Valladolid que recogerán alimentos a cambio de cerveza. «Políticos y banqueros deberían saber también que la gente tiene que comer», reivindicó el barcelonés, siempre comprometido con causas sociales y ecologistas como la que contuvo la canción ‘Sabrás que andar es un sencillo vaivén’. Manos arriba y ovaciones casi en cada tema.

A partir de ‘Todos amamos desesperadamente’, el guitarreo alcanzaba altas cotas. Un espectáculo ya rodado, pero largo, trabajado y compacto, en parte gracias a una banda muy potente y una escenografía de mucha plasticidad. Las coloridas cortinas del principio dieron paso a lo largo del concierto a farolas íntimas, árboles escuálidos, juegos de luces sugerentes, formas de colores intensos o la sombra de la bailarina Marta Fernández tras los músicos. Desde abajo, incansables coros al veterano artista, porque si algo tiene Manolo García es que vierte un pequeño manifiesto personal en cada canción. Historias amarradas a la música, ya sea a quejidos ‘medioaflamencados’ (‘La sombra de una palmera’), sonidos melódicos, alardes electrónicos o arranques bien rockeros.

Sin alharacas mediáticas, van tres décadas, 14 años y cinco álbumes en solitario, obsequiando composiciones. Manolo compositor, lector, escritor. Manolo pintor, ermitaño, explorador. El de anoche, el Manolo rockero entregado, le echó un pulso de seducción a su público en Pucela. Y no quedó del todo claro quién venció. Manolo, incombustible.

Fuente: El Norte de Castilla – ENLACE

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