MG: Manolo García, una gira nada teatral

Las cosas importantes se sostienen solas, sin necesidad de asideros adicionales ni refuerzos añadidos. Cuando el andamiaje nunca amenaza zozobra y los cimientos hace ya muchos años que están reafirmados, la estructura se solidifica y se alza ante los ojos del incrédulo incluso por encima de su verdadero valor. Con esto no queremos decir que el directo de un artista total como el que aquí retratamos no merezca adjetivos elevados, todo lo contrario, lo que intentamos explicar, a duras penas resumido en estas líneas, es el por qué de su grandeza escénica y su reincidencia en el intento de convertir la sencillez en barroca proximidad. Su a veces exagerada lírica, su envoltorio mestizo, su empeño por hablarnos de tiempos antiguos, casi medievales, amores perdidos o soñados, colores crepusculares e imaginación a raudales, nos hacen pensar que su propuesta sonora, por mucho que a algunos le resulte manida, reiterativa o simplemente obvia, aún sigue levantando al público de las plateas elegidas para esta “gira teatral” que nada tiene de impostura o artificio, más bien al contrario, es la constatación de la sinceridad de un creador de largo recorrido mano a mano con sus canciones y su audiencia.

Hay que ser muy valiente para abrir fuego de forma tan reposada, con una versión casi a capella de un tema compuesto hace más de 30 años, una canción que a los que se hayan incorporado últimamente al repertorio de Manolo García sin profundizar en su extensa discografía anterior poco o nada les diría:‘Navaja de papel’, uno de esos clásicos subterráneos de nuestro pop que en su nueva piel sólo arropa con el teclado de Nacho Lesko la ubicua voz del catalán (no, no es de Albacete, que ya va siendo hora de que muchos portales, noticias y biografías actualicen su información), y más si comprobamos que espera hasta la quinta canción para atacar su cancionero más reciente (la elegida es ‘Un alma de papel’) y que mientras tanto tiene tiempo de rescatar algunos de los mejores momentos de El Último de la Fila, la banda que le dio la gloria en ‘Aviones plateados’, ‘Los ángeles no tienen hélices’ -otra gema cuya línea melódica ahora recoge un acertadísimo acordeón- y ‘A veces se enciende’, con su embrión entre los compases de la nueva ‘Malva’, a la que finalmente sucede desde otro ángulo, más fiero, lleno de guitarras y teclados, acentuando una visión singular sin ánimo de revancha con un pasado extraordinario. Hasta casi el final, cuando volvió a llamar al halcón a las filas de la ‘Insurrección’ antes de perderse ‘En el batir de los mares’, y la opción de atacar por rumbas como fin de fiesta un tema tan eléctrico casi abre la puerta a un nuevo concierto que cobraba ímpetu con lasorprendente versión de ‘Sobre el oscuro abismo en que te meces’, tremendo cierre de un intensísimo primer bis.

Así es como suenan sus días intactos, que casi no sufren mutación en su traslado al directo (sólo cuatro temas quedaron sin presentación) y entre los cuales lucen con especial brillo ‘Estamos ahí’, ‘Un año y otro año’, con la guitarra acústica de García como estrella invitada, y sobre todo uno de esos temas que deben formar parte de su futuro zurrón de clásicos, ‘Todos amamos desesperadamente’, un duelo de cuerdas entre su director de orquesta, el poderoso Ricardo Marín y el nuevo escudero Albert Serrano, multiplicándose en la faena con el respaldo de un ex Elbicho, Víctor Iniesta, versátil y generoso, y del bajo de Íñigo Goldaracena, la percusión y los teclados de su “primo” Juan Carlos García y la batería de Charly Sardá, todos miembros de su vieja guardia y por tanto músicos cómplices y eficaces que en cada nueva incursión detectan las claves de que su humilde líder siga siendo el currante que siempre fue, aquel músico voluntarioso que se pasaba las madrugadas pegando carteles que él mismo diseñaba para que sus amigos y conocidos acudieran a sus conciertos, que se aprendió la geografía local a base de siestas en furgoneta y se empeñó en sacar adelante un proyecto que en sus comienzos renqueaba y en sus postrimerías flaqueaba en creatividad. Un indignado realista, que toma partido y habla lo justo entre acorde y acorde para poner en su sitio a los ineptos que nos gobiernan. Un hombre del renacimiento sin túnica ni parientes aristocráticos que únicamente se arma de unos pinceles, unos lienzos y una guitarra para soltar la rienda a unos versos pegajosos, siempre agradecido y expectante. Por eso siempre prefiere el trapecio, para verlas venir en movimiento, admira la coreografía de Marta Fernández (inquietantes sus números a contraluz y en plena integración con la banda) y baja a bañarse de éxito, algo que nunca deseó pero que hoy disfruta en plenitud y comunión con una audiencia que, literalmente, lo adora. Y por algo será.

Al final, una ranchera, el apéndice habitual en sus comparecencias en vivo, después de sudar durante dos horas y media y prologando el próximo encuentro, no puede decirlo con más claridad: ‘Cuando yo quiera has de volver’… Cuando usted quiera, don Manuel.

Manolo García: Málaga Auditorium Club, 17 de marzo de 2012

Navaja de papel
La sombra de una palmera
Aviones plateados
Los ángeles no tienen hélices
Un alma de papel
Malva
A veces se enciende
Para que no se duerman mis sentidos
Sabrás que andar es un sencillo vaivén
Todos amamos desesperadamente
Compasión y silencio
Sin que sepas de mí
Sombra de la sombra de tu sombrero
Estoy alegre
Nunca el tiempo es perdido
Un giro teatral
Un año y otro año
Estamos ahí
Somos levedad
A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando

Bis 1:
No estés triste
Lo quiero todo
Prefiero el trapecio
Sobre el oscuro abismo en que te meces

Bis 2:
Insurrección
Pájaros de barro
En el batir de los mares
Cuando yo quiera has de volver

Más fotos del concierto aquí.

Fuente: http://www.thrillermagazine.es/2012/12160/portada/en-concierto-manolo-garcia-una-gira-nada-teatral/

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