El Último de la Fila: «Pasábamos del rock oscuro de Joy Division a la pachanga verbenera en dos segundos»

El grupo de Manolo García y Quimi Portet actúa este sábado en el Estadio de la Cartuja dentro de la gira con la que han vuelto a los escenarios treinta años después

Manolo García y Quimi Portet formaron en los años ochenta El Último de la Fila, uno de los grupos más influyentes del rock en español de las últimas cuatro décadas. Juntos publicaron canciones que son ya parte de la memoria colectiva, como ‘Querida Milagros’, ‘Insurrección’, ‘Ya no danzo al son de los tambores’, ‘Llanto de pasión’, ‘Como un burro amarrado a la puerta de un baile’ o ‘Mar antiguo’, entre otros muchos éxitos. Tras la publicación de ‘Desbarajuste piramidal’ (2023), álbum en el que regrabaron algunos de sus clásicos, decidieron reunirse de nuevo este año —tres décadas después de su último directo— para una gira de doce conciertos que les llevará este sábado al Estadio de la Cartuja y que culminará con dos próximas citas en Valencia el 4 y el 9 de julio. Horas antes del que será sin duda uno de los grandes conciertos del año en Sevilla, Manolo García y Quimi Portet han hablado con ABC.

—Después de treinta años en los que le han preguntado en distintas entrevistas si iban a reunirse de nuevo, ¿por qué ha sido este año el momento elegido para hacer esta gira de El Último de la Fila?

—Manolo García: Bueno, de lo que hubo, se mantuvo. Las canciones han influido mucho. Si el repertorio nuestro no hubiera pervivido y no hubiera atravesado los años con gente que aún escucha nuestra música, no hubiera sido posible de otra manera. Es tan fácil como notar que en compañía de unas personas haciendo equipo, con una banda y en un tiempo de amistad y de disciplina, te sientes a gusto y arropado en un proyecto. Además, cuando ves que hay un respeto mutuo, ¿por qué no volver? Ya hicimos un revival de Los Rápidos y Los Burros en 2016-1017 que estuvo muy divertido. Nos unimos la banda original de Los Rápidos. Ahora hemos vuelto a la cueva con los otros trogloditas, que son tus amigos, para tocar los tambores.

—Antes de esta gira, sacaron en 2023 ‘Desbarajuste piramidal’, donde hacían revisiones de El Último de la Fila con un sonido contemporáneo. ¿Qué ha significado para ustedes este disco?

—Quimi Portet: Yo creo que ‘Desbarajuste piramidal’ y esta gira son dos cosas complementarias. Lo primero de todo es que el material que manejamos está vivo a pesar de que han pasado tantos años. En ‘Desbarajuste’ lo vimos. Eran unos textos perfectamente asumibles por unos semicarcamales como nosotros. Había que reinterpretar esos temas, buscarles otras formas estéticas a esas canciones. Creo que ahora acabamos el trabajo tocando ese material en directo con la banda prácticamente original y buscando las versiones más primitivas de las canciones. O sea, todo lo contrario a ‘Desbarajuste piramidal’. La gente que acuda este sábado a la Cartuja verá que hemos elegido la versión más antigua de cada uno de los temas, tocado de la forma más fidedigna. Incluso buscando el sonido de los teclados de los ochenta, usando guitarras y amplificadores de la época, y con los músicos originales que nos acompañaron. El disco y la gira son, pues, dos proyectos complementarios. Entendemos que ‘Desbarajuste piramidal’ creara un poco de confusión. También la había de nuestra parte, porque no conocíamos el final de ese biproyecto.

—La música actual es de consumo, pero las canciones de El Último de la Fila forman parte de las vidas de muchas personas de distintas generaciones. ¿Por qué?

—M. G.: No hay una posibilidad cierta ni tenemos una ciencia exacta, pero cuando la música se materializa y llega a tus oídos, tu corazón y tu mente, tiene ese poder. Como dice Quimi, la música popular tiene esa fuerza y te viene dada. Es un regalo. No sabes por qué te pasa a ti, pero es el cúmulo del aprendizaje, el camino que tienes hecho. Eres consciente de que te gusta la música, que quieres tocar un instrumento y cantar. El cúmulo de cosas que te han ido empapando a ti es al final lo que te da las canciones, que no sabes ni cómo las has hecho. Aprendes acordes de guitarra sencillos y esa sencillez da un resultado. Eso lo comprendes escuchando a la Creedence Clearwater Revival y a otras bandas de los setenta. A partir de ahí, llegas a hacer algo, pero podría no haber llegado. Yo siempre he pensado en la suerte de habernos juntado dos personas que hemos trabajado siempre en equipo y que hemos hecho cosas que se quedan. Hemos hecho unas canciones que son la banda sonora de la vida de muchas personas. Pienso la suerte que hemos tenido y qué agradecido estoy por que haya sucedido esto. Las cosas llegaron, pero nunca las había pensado así.

—Q. P.: Yo sí las he pensado así (bromea). En nosotros había un optimismo juvenil, una inconsciencia que te hacía pensar: «Estoy haciendo esto y me encanta lo que estoy haciendo». Durante ese tiempo fuimos unos afortunados como dice Manolo. Nos conocimos y salió todo este material con cierta inspiración. Es un material que ha sobrevivido bien al tiempo. Es suficientemente etéreo como para ser extrapolable a diferentes situaciones y épocas. Musicalmente tiene una simplicidad y una alegría que lo hace muy apetecible. Luego hay otra cosa. Lo que hacíamos se llama rock. No es el género mainstream actualmente, pero es un género emocionalmente muy cargado. Para mí, es mucho más intenso que el pop actual, que está más preparado para la coreografía. El rock es mucho más emocional porque hay peligros como el del volumen y las guitarras. Está el peligro de que te puedas equivocar. Aunque nosotros seamos unos profesionales de setenta años, tenemos el peligro de que la podamos cagar en cualquier momento. Yo creo que la gente vive más eso que un grupo que haya grabado en estudio todo perfecto y que hace sus directos con coreografías o que un señor que canta o rapea de forma maravillosa. En el rock hay otros peligros intangibles que hacen que sea una música más popular y agradable que otras.

—Muchos grupos o artistas llevan años viviendo de la nostalgia, pero El Último de la Fila se despidió en su momento más alto de fama. ¿Cómo vivieron ese momento?

—M. G.: De forma natural. Sabíamos que en ese tiempo estaba hecho todo y los dos éramos conscientes de ello. Lo hicimos de una manera sencilla y sin mayores aspavientos. No hubo grandes peleas ni desastres. Se habla y se resuelve. Y la vuelta ha sido de la misma manera. Ha sido una forma muy natural. Somos felices haciendo canciones y hemos detectado que hacemos felices con ellas a una parte de la población aficionada. No hay más secreto que hacer lo que haces con agrado, con seriedad y con respeto al público. Siempre hemos tenido presente que sin el público no éramos nada. Te queda cantar en la ducha o tocar en el pub de tu barrio y divertirte con unas pintas de cerveza, pero no es lo mismo, porque tocar la fibra a una porción de gente importante es algo pasmoso. Cuando empiezas, eres joven y no hay tiempo para pasmos y flipes. Todo es una vorágine maravillosa. Ahora todos estamos disfrutando y lo estamos pasando bien viendo a la gente pasándolo bien, que es lo más importante.

—¿Qué se siente al haber sido un referente de tantos artistas que los han reivindicado en las últimas décadas?

—Q. P.: Eso por supuesto te colma totalmente. Hay un punto de fortuna. Hay gente muy buena que no consigue contactar con la gente. A mí me gusta decir mucho que la unión de dos personas creó un monstruo que no es ni Manolo ni un servidor, sino que está por encima de nosotros dos. Y ahí salió una música como mínimo peculiar y que ha interesado al público y, como usted dice, a los músicos también. El Último de la Fila podía pasar del rock más oscuro tipo Joy Division a la pachanga más verbenera en dos segundos, y eso es muy gracioso. Cuando éramos jóvenes no lo captábamos igual que lo estamos captando actualmente al revisar ese material y tocarlo en directo. Eso es muy gracioso porque dignifica la música popular al tocar todos los registros que esta tiene. Te toca Joy Division, con su cantante suicida, con su depresión, su oscuridad y su bajista que va a destruir todo, que igual te toca Peret cantando el ‘Borriquito como tú’. De esos dos monstruos terribles que están en los dos extremos sale la música que nos gusta. Nosotros lo llamamos rock, pero tiene esas dos vertientes. Creo que la música de El Último de la Fila tiene esos dos componentes, pero nosotros en su momento no los captábamos. Lo considerábamos una lucha dentro de nuestra creatividad. Actualmente, abrazamos esa lucha dentro de nuestra naturalidad. El Último de la Fila es una anomalía extraña de nuestra unión como músicos y amigos.

«Me impactó Triana y el rock andaluz. Empecé a darme cuenta de que mi camino tenía que ir por ahí. Quería encontrar un sello que sonara a mí y a aquí»

Manolo García

Músico

—¿Cuáles fueron sus sensaciones en el primer concierto de esta gira?

—M. G.: En el primer concierto ya bastante trabajo teníamos con saber quiénes éramos y adónde íbamos.

—Q. P.: Fue un placer reencontrarnos en el primer concierto con Pedro Javier González, Juan Carlos García y con todos los músicos originales. Cuando empezamos a tocar todos juntos, la máquina se puso a trabajar rápidamente. Es un repertorio y había que aprendérselo. Éramos unos señores de una cierta edad que teníamos que memorizar y tocar ese repertorio. A partir del concierto número cinco, empiezó a estar todo engrasado. El primer concierto estábamos acojonados. Habíamos ensayado mucho y las cosas salieron bien.

—¿Qué se va a encontrar el público en este concierto de Sevilla?

—M. G.: A un grupo ilusionado y con ganas. Al no ser una gira muy extensa tiene una bonificación porque la energía no se ha gastado. Las giras largas pueden producir un cansancio físico y emocional. En este caso, con doce conciertos que tiene esta gira programada, no va a haber tiempo para ese cansancio. Además, contamos con chicas como Irene Miller y Eva Reina, que hacen los coros y son una novedad en esta gira. Nosotros vamos contentos. El domingo volveré a casa y ya estoy contento porque sé que tengo que tocar el sábado de la semana que viene en otro sitio (Valencia). Me hace ilusión que llegue ese día, lo cual es una prueba de que está bien la decisión que hemos tomado. Está siendo una terapia colectiva con resultados muy prometedores.

El Último de la Fila hará las delicias de los miles de espectadores. (Manuel Gómez)

—¿Qué significa Sevilla para El Último de la Fila?

—Q. P.: Al principio, cuando éramos un grupo muy poco conocido, veníamos a sitios de Andalucía como Alcalá de Guadaíra o a Coín. Nuestros orígenes más prehistóricos están en Lérida y en Huesca, donde tocábamos con Los Burros y eran nuestros feudos. Con El Último de la Fila logramos un público muy fiel en Andalucía y enseguida hicimos amigos. Fue así durante toda nuestra carrera. Uno de nuestros conciertos que han quedado inmortalizados fue uno que tocamos aquí en la Cartuja y que grabó Radio Televisión Española. Era el año 1995. Había mucha gente y fue un concierto muy bien grabado.

Una anécdota graciosa en Alcalá de Guadaíra

—¿Recuerdan alguna anécdota especialmente graciosa que les pasara en Sevilla?

—Q. P.: Estábamos en Alcalá de Guadaíra sobre el año 1985 o 1986 y tocábamos en la feria de allí en una caseta pequeña y escuchirrimiada. Yo tenía mucha fiebre. En la caseta no había ni camerinos. Me encontraba muy mal, pero en el concierto lo hice muy bien porque soy un profesional. Antes del concierto me subieron en la noria con una manta. Eso es verídico e histórico.

—M. G.: Yo tengo otra anécdota de ese concierto también. Debido a la dieta precaria de nuestros recursos económicos magros, tuve que tomarme un bocadillo de chorizo en mal estado o algo parecido. Algo hice que me produjo severísimas disfunciones intestinales. Mientras ellos estaban en la noria, yo tuve que bajar una cuesta y fui a unos bares para cumplir las necesidades más básicas. Al final, me metí en un baño de señoras porque el de caballeros estaba ocupado. Nada más entrar, empezaron a aporrear la puerta y protestaron por haberme metido en un baño de mujeres. Pensaron que era un drogadicto que iba a pincharme.

—Su música tiene influencias mediterráneas, del flamenco y ciertos aires morunos, algo que ha hecho que guste siempre mucho en Andalucía.

—M. G.: Es la suma de nuestras maneras de entender, nuestros gustos musicales son diferentes.

—Q. P.: En lo moruno sí coincidimos en nuestros gustos. La voz de Manolo resuena a música meridional y a música flamenca. Su voz tiene de flamenco, de humorismo moruno. Es algo muy festivo. Yo lo veo emparentado con la juerga. Vuelvo a la confusión entre Joy Division y Peret. Yo estuve presente en la búsqueda de su propia voz. La voz de Manolo es perfectamente reconocible.

—M. G.: Yo no quería cantar como el cantante de Joy Division. Cuando empiezas a hacer tu música, tienes que buscar tu sello. Descubrí que había varias formaciones en España. Primero estuvieron Los Brincos. En los años setenta había gente como Módulos. Más tarde me impactó Triana y el rock andaluz. Empecé a darme cuenta de que mi camino tenía que ir por ahí. Quería encontrar un sello que sonara a mí y a aquí.

—¿Cómo les influyó el flamenco?

—M. G.: En Cataluña en los años setenta hubo un movimiento muy importante de música progresiva con Máquina, Pan & Regaliz, Iceberg, etc. Pero también se recibió con mucho agrado la propuesta andaluza porque en Cataluña había muchos andaluces. Lole y Manuel llegaron con muy buen pie y se le recibieron con todos los honores. La voz de Loles para mí es mágica y te envuelve. La manera de tocar de Manuel era tambien especial y sus letras eran muy bonitas y sencillas. Yo les vi varias veces, una en el Palau de la Música. Fueron recibidos en loor de multitudes. King Crimson me gustaba, pero la forma de Lole y Manuel de convertir la rumba-bulería con un toque moderno me tocó un poco más la fibra. Eran parte de la contracultura, que es un término que reivindico porque es algo puro. Luego descubrí a Camarón y me quedé impactado. Cuando conocí a Quimi, ese fue un poco mi aporte, esas apetencias y gutos para hacer algo que sonara más a este repertorio.

«Cuando estábamos en el esplendor nos disolvimos y exploramos otros aspectos de la música popular cada uno por nuestro lado. Ahora estamos revisitando ese género de una forma respetuosa»

—¿Su música iba a contracorriente de los grupos de la Movida?

—Q. P.: Nosotros respetábamos la música de otra gente, pero éramos un grupo de Barcelona para bien o para mal. Tenemos esa influencia de esa Barcelona tan vital y musical de los años setenta. No pudieron crear un movimiento musical, pero surgieron músicos tan importantes como Carles Benavent, Toti Soler o mucha gente que luego ha sido importantísima. En los años ochenta se creó un circuito para la música estatal. Podíamos tocar en lugares como en las plazas de toros ante 15.000 personas. Allí nos vimos totalmente confortados.

  • Concierto de El Último de la Fila en Sevilla
  • Dónde: Estadio de la Cartuja.
  • Cúando: sábado 27 de junio.
  • Horario: 22.30 horas.
  • Precio: entre 88 y 104.50 euros.
  • Entradas: Ticketmaster .

—Cuando se apaguen los focos de los dos últimos conciertos de la gira, ¿qué sensaciones les ven a quedar?

—M. G.: Claramente, que ha merecido la pena retomar esa forma de entender la música y volver a revivirla. No vamos a parar ahí porque no sabemos si vamos a continuar con El Último de laFila, pero la fiesta sigue. Te da la certeza de que es muy importante seguir haciendo y escuchando música. La música es de las pocas formas de rebeldía que quedan en este mundo tan adocenado. Te permite crear tu propia isla y que te conviertes en Robinson.

—Q. P.: Nosotros hemos tenido la suerte de ser músicos de muchas maneras. Cuando estábamos en el esplendor nos disolvimos y exploramos otros aspectos de la música popular cada uno por nuestro lado. Ahora estamos revisitando ese género de una forma respetuosa. Estamos aquí y no puedo pensar en el futuro, aunque Manolo es más entusiasta, pero yo me mareo con el futuro. Nos quedan tres conciertos, pero continuaremos haciendo cosas.

Fuente: ABC Sevilla – Andrés Gonzalez-Barba – Manuel Gomez – El Último de la Fila: «Pasábamos del rock oscuro de Joy Division a la pachanga verbenera en dos segundos»