El legendario grupo barcelonés actúa este domingo y el próximo jueves en el Estadi Olímpic, segunda y tercera fecha de su gira de reunión, que arrancó el pasado sábado en Fuengirola, 30 años después de su anterior ‘tour’. Conciertos en los que recorrerán sus clásicos con el apoyo de una banda que incluye a cinco integrantes de sus formaciones de los años 80 y 90
Entrevista a El Último de la Fila
La entrevista a Manolo García y Quimi Portet, El Último de la Fila. / Manu Mitru y Patricio Ortiz

Barcelona02 MAY 2026 15:31
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Llegan a Barcelona después de un primer concierto, el sábado pasado, en Fuengirola. ¿Cómo se sintieron en esa noche de estreno?
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Quimi Portet: Fue muy agradable. Primero, vernos juntos, con toda la banda, tocando aquellos temas, te toca emocionalmente de una manera profunda. Y luego, porque es importante para la gente y lo notamos desde el primer tema.
Un año después de que anunciaran la reunión, habiendo ensayado estos últimos meses, convivido con los músicos y tras un primer concierto, ¿se sienten El Último de la Fila?
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Manolo García: Totalmente. Nos reímos igual. Las mismas bromas, bueno, más selectas, porque para algo ya tenemos una veteranía (ríe). Creo que sí, y no solo Quimi y yo, sino toda la banda. Esto es familia, hay una complicidad absoluta. Es volver a casa, una casa que hiciste con muy buena fe, de manera un poco inconsciente y con muchas ganas. Estábamos locos por la música y eso nos sigue uniendo a todos. Sobre el escenario somos como niños.
El repertorio de Fuengirola corre por las redes, lo cual resta el elemento sorpresa que existía antes en los conciertos. ¿Puede haber cambios de ‘setlist’?
M. G.: Son pocos conciertos y está muy medido todo. Hemos intentado tocar lo que creemos que hará feliz a la gente. Porque, en la vida, con los años ves que los buenos momentos no son tan fáciles de conseguir, y es una suerte que nosotros tengamos estas buenas cartas, que perviven, para hacer feliz a la gente siéndolo también nosotros. No es tan fácil con el bombardeo de desastres que vivimos.
Q. P.: Estas canciones fueron grabadas por gente que tenía 30 años, y ahora tenemos que recuperar parte de aquella inconsciencia y urgencia de la juventud.
Su segundo álbum, ‘Enemigos de lo ajeno’ (1986), cumple ahora 40 años y es el más citado en el repertorio. ¿Su mejor disco?
Q. P.: Para mí, es este y ‘Astronomía razonable’ (1993).
M. G.: Si me permites, Quimi, ‘Como la cabeza al sombrero’ (1988) también tiene cosas. Pero ‘Enemigos de lo ajeno’ tiene una intensidad que es un poco producto de la precaria situación nuestra. Habíamos fracasado, no teníamos músicos…
Q. P.: Yo tocaba el bajo porque no había bajista. Le poníamos la vida a aquellas 16 pistas de cada canción.
M. G.: No teníamos dinero, nadie confiaba en nosotros. Quien comenzó a confiar fue Àngel Casas, que ya nos dio cancha con Los Burros. Pero todo era muy difícil. Éramos un grupo un poquito raro, y en directo, no diré violento, pero…
Q. P.: Hombre, Manolo, una vez prendimos fuego a un plató de televisión.
En ese álbum está uno de sus fetiches, ‘Insurrección’.
M. G.: Estábamos acabando ‘Enemigos de lo ajeno’ y resultó que el disco quedaba corto. Hacía falta una canción más. El presupuesto estaba gastado, solo nos quedaban dos horas de estudio, y yo me acordé de un ‘riff’ de puta madre que Quimi había tocado un día que estábamos en un hostal en Murcia. El ingeniero nos dijo: “a las dos en punto os echo, ¿eh?”. Quimi se quedó grabando las pistas de guitarra, bajo y caja de ritmos, y yo me encerré en el váter a escribir la letra.
“¿Dónde estabas entonces cuando tanto te necesité?”.
M. G.: Ahora ya puedo decirlo. No se refiere a una chica, ni a un amigo, sino a las compañías, que machacaban a los músicos incautos con contratos abusivos. Salió esto. “¿Dónde estabais, cabrones?”. Bueno, esto no lo pongas: “dónde estabais, feos, malos, avariciosos…” (ríe). Muchas veces, las canciones que más gustan han salido así, de una manera intempestiva.
De las malas experiencias salió su decisión de crear su propio sello, Perro Records.
M. G.: Para tener el control absoluto de todo el disparate nuestro. Porque eso de que te impongan cosas… “Vamos a poneros un productor”, o “vuestras letras son muy raras, conocemos a un poeta que…” No, no, creamos Perro Records para hacer las cosas como nos daba la gana.
Se conocieron en un concierto en el que coincidieron Los Rápidos (con Manolo) y Kul de Mandril (con Quimi), en Els Hostalets de Balenyà, en 1981.
M. G.: Desde el camerino, que era la trasera del camión, vi a Quimi con la guitarra y dándole a un plato con un martillo. Yo rompía televisores en escena y me interesaba la ‘performance’. Hablamos y le dije que nosotros ya teníamos un disco. Lo piqué por ahí. Luego, fui a ver a Kul de Mandril al Boira y vi un cartel suyo con unos simios con escafandras, y me dije: “voy bien, esta es la onda”. Hablamos, le volví a proponer entrar en Los Rápidos, me dijo que no, pero a la semana llamaban a la puerta de mi casa y ahí estaba Quimi con una maleta.
Q. P.: De esas de inmigrantes, atada con un cordel.
¿Por dónde conectaron, por el humor, el surrealismo?
Q. P.: Primero, por la pasión por la música popular. Luego, nos gusta la libertad, y estar juntos nos hace más libres. En solitario también hemos explorado esa libertad y nos lo merecemos también.
M. G.: El humor nos unió rápidamente. De una manera intuitiva supimos que hacer equipo sería bueno, que el híbrido nuestro daba para algo curioso y resultón.
Q. P.: La amistad se basa en el humor, incluso las parejas. Con Manolo, a veces nos dan ataques de risa, y eso que ya somos personas de edad provecta. Eso y el placer de la música popular: Devo, Pretenders, los Beatles, Led Zeppelin…
M. G.: Y la música de la Barcelona de los 70: Ia-Batiste, Sisa, Pau Riba, el primer Zeleste.
¿Cierta inclinación libertaria o ácrata, esa resistencia a la autoridad, a las doctrinas y ortodoxias?
M. G.: Yo pienso que sí. Nosotros nos criamos en unos colegios donde había unos retratos y una disciplina casi militar. De repente, ves que hay unos tíos peludos que tocan y se lo pasan bien, y piensas: “esto me gusta más”. Es la Barcelona que vivimos. Hemos tenido suerte, la gente de mi generación.
Les propusieron movilizarse para conquistar las Américas y dijeron que no, gracias.
M. G.: Querían que el limón diera más jugo, y nosotros pensábamos que, si lo exprimíamos mucho, quizá se acababa. Tocamos en Venezuela, México y poco más. Un público estupendo, pero decidimos que ir a más quizá era esclavizarnos demasiado. Querían que fuéramos a diez u once países a hacer promoción y a tocar. “Ganaréis mucho dinero”. Ya, pero no tendremos vida. Calma, calma.
En 1992 se les propuso participar en la ceremonia inaugural de los Juegos de Barcelona y declinaron.
Q. P.: Estábamos parados, preparando ‘Astronomía razonable’, y no nos apeteció y dijimos que no. Tocar en un acontecimiento que no es musical, donde es solo un acompañamiento… Quizá nos equivocamos, no lo sé. No fue arrogancia, simplemente no lo vimos adecuado en aquel momento. Los Juegos fueron muy importantes para Barcelona, pero no veo qué podíamos aportar nosotros, que no somos atletas, sino músicos.
Tras la gira de ‘La rebelión de los hombres rana’ (1995-96) se separaron. ¿Que Quimi quisiera hacer canciones en catalán fue un ingrediente determinante?
Q. P.: No específicamente. Yo quería hacer mis cositas, que son en catalán, sí, pero la cuestión es que eran cosas mías y no podía implicar en ellas a Manolo. Eran mis perturbaciones y he hecho 11 discos con ellas. Estuvimos 16 años trabajando durísimamente para que El Último de la Fila funcionara, y no haber aprovechado eso y hacer del grupo una jaula, en manos de las discográficas, habría sido algo en lo que no nos veía, ni a Manolo ni a mí.
M. G.: Sabíamos que lo que, como equipo, podíamos hacer, ya estaba hecho. Ahora hemos vuelto y podemos hacer a lo mejor dos canciones nuevas, o tres, porque somos libres, estamos contentos y somos músicos.
La gira termina el 9 de julio en València. ¿Y después? ¿Habrá más?
Q. P.: Es una posibilidad. Puede que sí, o que no, como siempre. Como dice Manolo…
M. G.: Ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él (ríe).
Aunque sea tocar su esfera personal, esta vez es pertinente preguntarle a Manolo por esa joven guitarrista, llamada Sara García, que se ha sumado a los conciertos de esta gira y que, como se está diciendo profusamente, resulta ser su hija.
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M. G.: Ah, sí, pero hay otro componente en el grupo que se llama Juan Carlos García (ríe). No tengo nada que decir. Soy músico, toco… Y como no miro las redes, no tengo internet, y hace tiempo que tomé la costumbre de no ver nada, ni la tele… ¿Dicen esto? Yo que sé, yo no he dicho nada.
Fuente: Jordi Bianciotto – El Periódico – Manolo García y Quimi Portet: “El Último de la Fila es volver a casa; estábamos locos por la música y eso nos sigue uniendo”
Foto: Manu Mitru y Patricio Ortiz

