Manolo García ofreció, en Zaragoza, «un acto de amor» a favor de la música y contra la guerra

El cantante y compositor cantó temas de su último disco Drapaires poligoneros y del primero en solitario, Arena en los bolsillos, y evocó a Labordeta

Empecemos con un poeta, no sé si amigo suyo o leído por Manolo García (que también es poeta, narrador y pintor): Ángel Guinda, que decía que la poesía es una posesión. Si Guinda, tan recordado estos días y recién reeditado su libro El almendro amargo (Olifante), hubiese estado en el concierto de la sala Mozart, quizá habría variado la frase: «La música es una posesión». Lo que anoche se vio, se oyó y se bailó, con las manos al aire, entre proyecciones de lunas y medias lunas, y destellos de constelaciones y estrellas, fue una hermosa ratificación. Y algo más: Manolo García es un músico amado, querido, empático, alguien que con espíritu juvenil aunque cabalgue hacia los 70, mucha energía y sus pensamientos o meditaciones ingenuos, llega a la gente. Conmueve e invita a vivir, a olvidar que el mundo es un agujero negro para el hombre.

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