A veces el rock también se disfraza. El Último de la Fila ha anunciado una gira puntual para 2026: «Una paella con amigos», como la define Manolo García, quien admite que hay incluso material nuevo en camino
Pabellón del Real Madrid. 3 de febrero de 1989. El Último de la Fila se encuentra en lo más alto de su éxito comercial gracias al álbum (el cuarto) Como la cabeza al sombrero, y se dispone a hacer la primera de las cinco noches en el coso capitalino. El recinto está lleno y al público se le oye desde el camerino: “¡¡Último!! ¡¡Último!! ¡¡Último!!”.
El anterior single que El Último de la Fila había colocado en el número uno de los 40 Principales había sido Ya no danzo al son de los tambores, que desbancó a ¡Chas! Y aparezco a tu lado (Álex & Christina) y permaneció en lo alto desde el 13 al 20 de agosto de 1988 hasta que apareció Ramoncín con Ayúdame (No soy un héroe). Seguidamente, 1989 fue el año de Los Rebeldes (Bajo la luz de la luna), Mecano (Mujer contra mujer), Los Ronaldos (Adiós, papá), Alaska + Dinarama (Mi novio es un zombi), Héroes del Silencio (Flor venenosa), Loquillo y Trogloditas (Cadillac solitario), Luz Casal (Te dejé marchar)… Y no sería hasta el 16 de junio de 1990 cuando El Último regresó al primer puesto, en esta ocasión con Canta por mí, del álbum Nuevo pequeño catálogo de seres y estares.
“Hace año y medio que no se presentaban en esta ciudad”, advierte Beatriz Pécker al presentar su reportaje en RockPop desde el Pabellón del Real Madrid. La cámara de Televisión Española ha recogido imágenes de los asistentes al concierto hablando de lo mucho que significa para ellos El Último de la Fila y de cuatro tipos disfrazados de Hare Krishna. Dentro, en el camerino, no hay reparos en enseñar los desconchones en las paredes y una bolsa de plástico de la marca BASF colgada de un perchero. Pécker no se corta: “Estamos en los supercutre-camerinos del Pabellón de Deportes del Real Madrid, con desconchones en las paredes”. Entonces pregunta a Manolo García:
–¿Uno puede ponerse a tono antes de un concierto en un sitio como éste?
–Sí. Pero no te pones a tono en un sitio como éste, te pones a tono cuando sales y ves a la gente, y entonces te pones a tonísimo.
Empapado en sudor
Queda menos de media hora para que dé inicio el show en el Pabellón del Real Madrid. El Último de la Fila ha concedido esta entrevista a Beatriz Pécker, “pero rápido”, porque tienen que empezar “a en punto”. A Quimi Portet las pruebas de sonido le parecen algo horroroso, cuenta que han estado dando “garrotazos” toda la tarde, y si a uno se le rompía una cuerda, todo el mundo se ponía nervioso. “Comprobamos que la vida es bastante difícil en todos los aspectos, sobre todo en la física, la acústica… Luego, alguien mira el reloj y dice: ‘¡Oye! Que hay que ir al hotel a buscar la ropa’”. Manolo sonríe mirándole detrás de la periodista. Son dos tipos tranquilos que gestionan de buen grado las situaciones de estrés. ¿Y después del concierto? Pues tendrán que conformarse con un endurecido bocadillo y alguna lata de cerveza que haya sobrado por ahí. “Lo contáis y es como para no dedicarse a esto de la música”, comenta Pécker.
¿Y después del concierto? Pues tendrán que conformarse con un endurecido bocadillo y alguna lata de cerveza
A la hora señalada, comienzan los músicos a desfilar por el pasillo de camino al escenario. Quimi Portet (de negro) da un par de caladas rápidas a un cigarrillo que tira a medio terminar. Se atusa la melena ensortijada con Manolo a sus espaldas. El vocalista encara con seriedad pétrea la subida de los escalones y se pierde en las sombras del backstage con una toalla blanca en la mano derecha.
El músico en directo tiene mucho de actor en un teatro. Cuando Manolo García se queda al frente del escenario, lo que antes era estático ahora es un contoneo con palmadas en el muslo. Gesticula, señala, juega con los brazos mientras canta Lejos de las leyes de los hombres. Manolo viste sencillo con su camisa, sus vaqueros y su chaleco. Hasta “donde se diluye el horizonte” solo se ve oscuridad. “¡¡Arriba!!”, anima al público levantando el pie del micro. Va por la primera canción de la noche y ya está empapado.
Presentando a Las Burras
Una foto tomada en alguno de los conciertos de Madrid en febrero del 89. Alguien (tal vez Manolo García) se está secando la cara con una toalla en el camerino del Pabellón del Real Madrid. Acaba de quitarse el maquillaje y la peluca. Sus compañeros siguen travestidos con el periodista Julio Ruiz presente. “Yo todavía estaba en Marca ganándome el jornal porque Discogrande era un hobby, como lo fue durante mucho tiempo”, comienza contando Julio a El Confidencial. “Un día me llamaron por teléfono fijo a la redacción de Marca para decirme: ‘Hola, Julio. Soy Carmen, la hermana de Manolo. Te tienes que venir al Pabellón de Deportes del Real Madrid. Te necesitamos”.
Julio se quedó sorprendido y se marchó de la redacción rumbo al recinto en el taxi que le habían puesto. “Me meto en el taxi y llego al pabellón. Había alguien de seguridad o del equipo de control que me llevó por las tripas de aquel recinto en el que no había estado nunca (ni falta que hace, porque soy del Atlético de Madrid). Entro en un camerino y me encuentro a Manolo, a Quimi, a Antonio Fidel… a todos los que eran entonces los componentes de El Último de la Fila vestidos de tías”. Entonces le contaron cuál iba a ser su acometido: “Vas a presentarnos en el escenario”. “Solo fue una noche de los conciertos que dieron en febrero, pero no sé si fue la primera, la del medio o la del final”, prosigue.
«Entro en un camerino y me encuentro a Manolo, a Quimi, a Antonio… a todos los componentes de El Último de la Fila vestidos de tías»
Julio recuerda que el pabellón estaba “a tope”. En el escenario, la luz le cegaba y no veía lo que había al fondo. Y así, comenzó con la presentación: “¡Hola! ¿Qué tal? ¡Buenas noches! El Último de la Fila es un grupo que tiene mucho cariño a las bandas que empiezan y siempre les han concedido la primera oportunidad. Hoy os presento a… ¡¡¡Las Burras!!!”. Entonces salieron al escenario vestidos de mujer tocando las canciones de Los Burros: Huesos, Disneylandia, Mi novia se llamaba Ramón, Rosa de los vientos… “¡Para mí fue un momento insólito!”, exclama Julio Ruiz.
Un asidero maravilloso
“Aclaro que lo de Las Burras lo hacíamos nosotros, el Ultimo de la Fila. Nos disfrazábamos de Las Burras y luego salíamos como El Último. En esos tiempos Los Burros no existían ya”, apunta por correo electrónico Juan Carlos García, batería de El Último de la Fila y de Manolo García en solitario.
En efecto, Las Burras nacían la misma noche que Los Burros se despedían, en la fiesta de Ruta 66 celebrada en la sala KGB de Barcelona el 14 de noviembre de 1987. Manolo García era Manolita y Quimi Portet, Quimeta. Pero no iban a estar solos en el escenario: todo aquel músico que hubiera pasado por Los Burros tenía derecho a tocar si aceptaba el cambio de sexo en el escenario. Así lo escribía el fotógrafo y periodista Xavier Mercadé en Enderrock.cat: “En 1987 El Último de la Fila ya había conseguido una pequeña parcela de éxito con sus dos primeros discos, pero aún no habían tenido la oportunidad de despedir como Dios manda su banda anterior, Los Burros. Por eso, se aliaron con la revista Ruta 66 y montaron una fiesta inolvidable en la sala KGB, en la que más gente quedó fuera que dentro. […] Todos, luciendo faldas, tacones y sujetadores, y firmando uno de los conciertos más surrealistas, divertidos y emotivos de mi vida”.
Todo aquel músico que hubiera pasado por Los Burros tenía derecho a tocar si aceptaba el cambio de sexo en el escenario
Según el guitarrista José Luis Pérez (“la Tina Turner del grupo”), “fue una idea de Manolo, pero Quimi y yo la quisimos secundar inmediatamente”. “La mitad de la gente no entendía nada por qué tocábamos Huesos y canciones así y de lejos solo se veía a unos locos disfrazados”, recordaba Quimi. “Jaime Gonzalo se entusiasmaba con Las Burras. Éramos su grupo preferido. No Los Burros, Las Burras. Cada vez que tocábamos Las Burras lo hacíamos para Jaime Gonzalo y Ruta 66”, declaraba Manolo a Kiko Amat en Jot Down. Quimi, según citaba Mercadé, apuntaba: “Acabábamos de tener un poco de éxito como El Último de la Fila y teníamos el sentimiento de haber perdido alguna cosa por el camino a causa de la fama. El hecho de que una revista tan auténtica nos pidiera hacer este concierto nos dio pie a hacer una jugada por tal de poder decir, en cierta manera, ‘somos las mismas bestias, los mismos garrulos que éramos antes'».
A Joaquín Luqui lo de Las Burras se lo “comentó un amiguete”. Así se lo hizo saber a Manolo y Quimi en una entrevista en los 40 Principales en 1990 durante la promoción del quinto disco de El Último de la Fila Nuevo pequeño catálogo de seres y estares. Manolo García, defendiendo el humor, se mostraba muy orgulloso de Las Burras: “Un día que estábamos muy contentos y que se dio una situación especial, aparecieron Las Burras. Y nos encanta serlo. Es también un asidero. […] Tocamos los temas de Los Burros, son temas que nos encanta tocar en directo porque son cañeros, son muy bonitos. […] Más que disfrazar, somos chicas en ese momento. Está bien ver la vida desde diferentes prismas. […] Si nos vieras en el camerino los momentos antes de salir, la panzada a reír que nos damos mirándonos las piernas peludas. […] Lo solemos hacer de vez en cuando. No te voy a decir que muy a menudo. No sé, una o dos veces al año”.
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Carlos H. Vázquez
Hoy, Manolo ve imposible que “lo de Las Burras vuelva”, tal y como respondía durante la rueda de prensa de El Último de la Fila fechada el 27 de mayo de este presente año en el Centro Cultural Casa de Vacas de Madrid. “Era como nos teloneábamos a nosotros mismos, vistiéndonos de señora. Imagínate cinco o seis músicos, algunos de metro ochenta, poniéndose medias de rejilla, pelucorros, sujetadores, maquillándose… para salir a hacer media hora terrible y volver al camerino, desmaquillarse, quitarse la ropa de señora, cambiarse… Y volver a salir”.
Demoliendo teles
Esas performances salvajes y provocadoras formaban parte del ADN artístico de El Último de la Fila, un puente incongruente entre rock y el circo, que ya venía de lejos, de la época de Los Rápidos, cuando fueron teloneros de la Orquesta Mondragón. “El muy cabrón de Manolo salía ahí rompiendo televisores y tal”, cuenta Jaime Stinus, entonces guitarrista del grupo de Javier Gurruchaga.
“¡Hostia, mira ese cabrón!”, pensó Stinus cuando Manolo García se puso a reventar televisores en el escenario del Pabellón del Real Madrid el martes 3 de marzo de 1981. “La cosa, el concierto, empezó con un retraso considerable, siguiendo aquella norma culinaria de que es bueno hacer esperar para que la paella sepa mejor. Así que tras la impuntualidad de rigor salieron Los Rápidos, grupo de rock-pop que ya se había movido por Madrid y que se encuentra a la espera de su primer elepé”, escribía José Manuel Costa en su crónica de El País: “No estuvieron mal. Aunque su batería sonaba a cualquier cosa y la voz no es nada del otro jueves, tienen una serie de canciones bien hechas y bien montadas. Como eran los teloneros, la gente pareció pasar algo de ellos; pero al menos no les pitaron, que ya es todo un dato”. “Si el telonero te empieza rompiendo televisores en el escenario, pues luego hay que superarlo. ¡Y eso que la Mondragón montaba el show!”, exclama Jaime Stinus a continuación.
A Stinus le habían impresionado tanto Los Rápidos que les produjo unas maquetas que luego no llegaron a disco: “Yo quería producir a Los Rápidos, el grupo de Manolo García. ¿Por qué? Pues porque alguna vez, en la época de la Mondragón, habían sido teloneros. Pero, como sucede otras muchas veces, se hacen las maquetas y luego no se graban en el disco. No sé, para mí es una cosa normal”. El propio Manolo García recordaba un episodio posterior en El Diario Vasco, cuando en 1982 se separaron Los Rápidos: “Fui a Donostia porque mi admirado Jaime Stinus había salido de la Orquesta Mondragón y necesitaba un cantante para montar una banda de rock. Estuve unas tres semanas viviendo en Gros y otras tres en un pueblecito cercano a Zarautz (Aia)”.
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EC/Agencias
Sin bautizar al grupo, el párroco de Aia les dejó ensayar en la rectoría. Manolo García explica que pasaron varias semanas componiendo pero la historia “no cuajó”: “Y es una pena porque en mes y pico me empapé lo suficiente del país como para amar Euskadi. Aquella pudo ser una banda estupenda”. De vuelta a Barcelona, Manolo García montó Los Burros con Quimi Portet. “Esto es básicamente cierto”, confirma Stinus.
¿Pudo aquella incursión guipuzcoana frustrar la génesis de El Último de la Fila en 1984?, preguntaron a Manolo García en El Diario Vasco. “Ya te digo yo que sí”, respondía el entrevistado. “Tal y como soy yo de vehemente, si la aventura hubiera prosperado, igual me habría quedado a vivir en Euskadi porque yo estaba encantado con todo: la gente, la música, la comida…”. De hecho, en el mencionado periódico se desvelaba que la canción Tu pequeña tienda, del cuarto álbum de Manolo García, Saldremos a la lluvia, “está inspirada en un colmado que frecuenté durante mi estancia en Aia”.
Cintas de gasolinera
Desde el radar habitual de su carrera musical, pocos conocen que Manolo García arrancó su trayectoria profesional trabajando para la discográfica barcelonesa Seven, subfilial de Belter, especializada en cintas de casete de covers. Entre 1979 y 1981, Manolo diseñó cientos de portadas de estos “discos de gasolinera”, estando detrás de más de 400 carátulas, y llegó a participar como músico de sesión en las grabaciones, poniendo voz, coros y batería.
El blog especializado Elnaveganteatribulado recuperaba la historia del Especial Rock Nacional de Revólver (nada que ver con el grupo de Carlos Goñi), en concreto una de las ocho cintas lanzadas bajo ese apodo. Según Efe Eme, actualmente hay casetes de la época en manos de coleccionistas por cerca de mil euros, como una cinta titulada Viva el tequila en la que Manolo García grabó versiones de Tequila (Rock and roll en la plaza del pueblo, Dime que me quieres, Me vuelvo loco...), Asfalto (Señor violento), Coz (Más sexy), Orquesta Mondragón (Ponte la peluca), además de incorporar en formato primitivo dos temas propios que luego grabó con Los Rápidos: Salir de aquí y Tócame.
Existe una casete en la que Manolo García, bajo el nombre de Abderraman, interpreta versiones del grupo sevillano Triana
También existe evidencia de una rareza publicada en 1980: Triana Rock Andaluz, una casete en la que Manolo García, bajo el nombre de Abderraman, interpreta versiones del grupo sevillano Triana. La cinta fue editada por el sello Gavilán, aunque existen al menos tres versiones distintas del mismo material, publicadas por Tritón, donde García firmó como Lorca, y Tuka, donde utilizó el enigmático alias de Ajedrez, según documenta el blog anteriormente mencionado. Entre las versiones interpretadas se encontraban clásicos como Abre la puerta, Luminosa mañana, En el lago y Tu frialdad. Algunas de ellas, de hecho, han reaparecido tiempo más tarde en actuaciones puntuales de El Último de la Fila (Luminosa mañana, En el lago, Tu frialdad, Abre la puerta, Todo es de color o Recuerdo de una noche).
Tal y como se indica en Efe Eme, la coyuntura del mercado setentero posibilitó “este infranegocio” de cintas baratas que imitaban los éxitos del momento y se vendían en gasolineras o puestos de carretera. Las etiquetas engañosas presentaban el nombre del artista original, mientras en letra pequeña aparecía el grupo local fantasma. “Durante diez años toqué versiones y a los diez años dije: bien, siempre seré un batería mediocre, dejo la batería, pero voy a componer canciones”, recordaba Manolo en Jot Down. “Tengo que empezar a desarrollar mi discurso como compositor de música, es el momento de empezar, sé que al principio voy a balbucear, pero llegará un momento en que tendré un discurso más sólido, como es ley de vida”.
Insurrección o resurrección
El martes 13 de enero de 1998, El Último de la Fila hacía pública su disolución en un breve comunicado: “El Último de la Fila quiere hacer pública su decisión de no hacer más discos ni giras como tal. Esta decisión no supone un final, sino tan solo un punto de inflexión en sus carreras artísticas”. Desde entonces, tanto Manolo como Quimi han seguido caminos paralelos, pero conectados por el mismo latido. El reencuentro musical en 2023 con Desbarajuste piramidal fue recibido como un gesto de complicidad, pero no como una vuelta formal. “Es improbable, pero nunca imposible”, decía entonces Portet. “No hay ninguna urgencia por nada”, añadía Manolo cuando le preguntaban en las entrevistas promocionales.
A las puertas del tour previsto para 2026, García dejaba caer en la rueda de prensa que había “alguna cosilla” nueva en proceso: “Porque nos va ocurriendo”, dijo. “A veces voy a casa de Quimi y digo: ‘mira, tengo esto’. Y yo voy y canto. A veces es así de fácil”.
Manolo García y Quimi Portet, ¿son de insurrección o de resurrección? “Uno se va insurreccionando como puede”, contestaba Manolo. “Pero resucitar o resurgir malamente, muy poco; es un poquito más difícil”. Ni mitómanos ni revisionistas: García y Portet han hecho de la rareza una constante. Quizá eso explique por qué sigue siendo tan fácil imaginarse la escena: el camerino del Pabellón del Real Madrid en febrero del 89, con Julio Ruiz entrando por la puerta sin saber del todo qué hacía allí, encontrándose a Manolo y Quimi y compañía vestidos de señoras. “Sería bonito hacer lo de Las Burras, estaría muy bien, aunque también el resultado sería penoso”, reconocía Manolo a El Confidencial. “Entonces aún estábamos medio guapos (el que más, el que menos) y había alguno que daba el pego, pero ahora ya estamos un poco mayores”.
Fuente: Carlos H Vazquez – El Confidencial – Foto Ricardo Rubio
El regreso insurrecto de El Último de la Fila (con el recuerdo de cuando se vestían de señoras)

