Manolo García y Quimi Portet hablan de los nueve conciertos de su regreso a los escenarios, tres décadas después.
Quimi Portet y ManoloGarcía anunciaron su primera gira desde 1996 el día del apagón, bonita coincidencia. Dos semanas después, El Último de La Fila tiene fechas y escenarios XXL: nueve conciertos entre abril y julio de 2026, cuyas entradas saldrán a la venta mañana (menos para el concierto de Madrid, que llegará al mercado el 16 de junio).
¿Cuántos conciertos en estadios dieron en los 90?
Manolo García. En el Olímpico uno y en el campo del Barça, dos.
Quimi Portet. Uno de Amnistía Internacional y otro benéfico. O sea que no estábamos solos.
¿Y qué tal? ¿Es difícil?
QP. Es difícil como problema técnico. Nosotros estaremos allí con nuestras canciones. Que encajemos en un estadio es cuestión de resolver bien X problemas. Habrá mucha gente por ahí, pero las canciones serán las mismas y el tempo será el mismo. Si los enchufes funcionan, daremos el mismo concierto que en una sala menor.
MG. Nosotros empezamos en bares, tocando para muy poca gente. Y hemos hecho todo el recorrido: bares, teatros, auditorios y ahora estadios, 200, 2.000 o 20.000 personas. Si cantan con nosotros, nos dan las mismas alas.


¿Cuándo intuyeron que había demanda para conciertos así?
MG. No lo imaginábamos.
QP. Y todavía no estamos seguros de que exista. El 29 saldrán las entradas a la venta y veremos. Escuchamos a la gente que nos rodea y nos dicen que demos el paso. Pero si hubiese dependido de Manolo y de mí, quizá habríamos elegido otra magnitud.¿Habrá mucha puesta en escena?MG. No. La gira será un repaso a nuestro repertorio, pensado para que funcione a gusto de todos, para que la gente cante y sea feliz. Habrá sorpresas, pero el 90% de los conciertos serán las canciones.
¿Cuántas canciones tienen?
MG. 200 y pico
.¿Y cuántas han considerado para la gira?
MG. Muchas. Vamos a tocar 25, dos horas de concierto.
QP. En realidad, la lista no está acabada. Hay canciones que van a estar, obviamente.
¿Cómo vivían una gira de El Último de la Fila en 1992? ¿Salían de noche, reñían, lo pasaban mal?
QP. Nunca salíamos de juerga. Bueno, nunca no, pero poquísimo. Teníamos mucha responsabilidad. Las giras eran viajar, hacer pruebas de sonido, tocar y volver a empezar. Manolo intentaba dormir mucho para cuidar la voz.
¿Tenían momentos de asustarse, de sentirse un poco inseguros?
QP. No teníamos miedo. Bueno, los enchufes me asustaban. Pero yo sí era consciente de que las cosas que pasaban en el escenario no eran normales. Cantar dos horas en un escenario tiene una complejidad emocional. No era normal esta forma de vivir.
¿Se fustigaban por los conciertos que salían mal?
MG. Es que los encontrábamos todos buenos.
QP. Los grabábamos en casete y los escuchábamos al cabo de unos días y entonces evaluábamos un poco. Pero cuando acabábamos, estábamos tan contentos que todos los conciertos parecían buenos.
MG. La entrega era tal, la sensación de ir al fin del mundo era tal que todos los conciertos nos encantaban. No éramos unos señores que fuesen a fichar. Recuerdo un agosto de 29 conciertos. Yo creí enloquecer, pero cada noche salía como si fuera la última. Y el público nos lo devolvía. No sabía si estaban más locos ellos o nosotros… Además, había menos competencia. En esa época había cine, fútbol, toros y rock. Los conciertos eran importantísimos. Se ve en los vídeos. Si las canciones se podían cantar, aquello era un fiestón.
Eran ustedes unos señores de treinta y tantos, no unos chicos. ¿Eso es relevante en su historia?
QP. Sí. La gente se hacía famosa a los 22 o 23 años. Y nosotros éramos unos señores mayores de los que sus tíos se avergonzaron hasta que nos llegó el momento. Nos costó Dios y ayuda.
MG. Pero de fuerzas estábamos bien, que conste.
QP. Los Rápidos y Los Burros habían fracasado, pero con ellos nos reímos más que nadie. Cuando llegamos a El Último ya teníamos una profesionalidad que no tenía mucha gente. Había grupos que eran famosos un mes después de comprar su primera guitarra. Nosotros llevábamos 15 años, tocábamos bien, valorábamos las cosas.
¿Tenían familias? ¿Hijos, parejas?
MG. Éramos nómadas en la carretera. Era una vida enloquecida. Pero era divertida.
¿Hay algo que entiendan ahora sobre El Último de la Fila que no vieran tan claro en 1995?
QP. Que había algo intangible, algo que no es mérito nuestro, en la manera en que encajamos Manolo y yo.Y también nos rodeamos de gente determinada. Hubo un punto de azar y otro de trabajo.
¿Y las canciones?
QP. Son canciones simples y bonitas. Están bien estructuradas. Manolo las canta de puta madre.
MG. Hacíamos canciones y resultaba que tenían una pequeña magia, un halo. Parecía algo ajeno a nosotros.
¿Cuántas canciones suyas tienen magia?
MG. Muchas.
¿Muchas son 12, 26?
MG. Más.
QP. El 75% tiene magia. Y el 25% restante son eso que se suele llamar canciones de relleno.
¿Recuerdan el último concierto?
MG. Fue en Cartagena, en 1996. En el puerto, en un recinto hecho con contáiners.
¿Mucha gente?
Hasta arriba. Nos fuimos por la puerta grande.
¿Sabían que aquello se les acababa?
Nos lo preguntábamos. Estábamos físicamente cansados de verdad. No había dejado de gustarnos pero estábamos sin fuerzas.
¿Escuchan sus discos?
QP. Alguna vez. No mucho. Le damos vueltas a cosas técnicas. Astronomía razonable me encanta, pero siempre me parece que la batería está muy alta.Tienen 69 y 67 años.
¿Contemplan la posibilidad de que les falten las fuerzas a mitad de gira?
MG. No va a pasar. La gira es corta y hay días de descanso en medio.
QP. Y llevamos vidas saludables, comemos bien, no fumamos, hacemos ejercicio.
MG. Eso dilo por ti.
QP. Bueno, la salud ya nos avisará.
MG. Vi a Dylan en el Liceo y fui feliz. Fuimos todos felices. Dylan fue parco en sus movimientos. Pero pudo dar felicidad. Sin hacer el payaso, ¿eh? Y me parece magnífico, me parece un gesto de generosidad admirable. Dylan podría estar en su casa pero quiere compartir algo, darnos felicidad.
Fuente ABC – Foto Antonio Heredia – El Último de la Fila: «El 75% de nuestras canciones tiene magia, el resto son de relleno» | Música

