Paso al ansia de vivir

Esa mezcla catalana de diferencias , ese brebaje caliente y bastardo, sin peajes ni perdones, sin padrinos ni planes de mercado

Hubo un tiempo en que si trataba de imaginar Barcelona imaginaba a Quimi Portet y Manolo García tocando El loco de la calle. Barcelona es Barcelona y solo Barcelona y eso es imperdonable. Ese Portet-García, ese García-Portet, mezcla catalana de diferencias, ese brebaje caliente y bastardo, sin peajes ni perdones, sin padrinos ni planes de mercado. Esto no tendría que estar pasando pero está pasando. Cosas como Quim Monzó. Cosas como Pepe Rubianes. Cosas como Sílvia Pérez-Cruz. Cosas como Albert Plà. Gente sin árbol genealógico ni matriz o dirección conocida, puro código genético alterado por la calle, por el azar, por la pasión de la creación mezclada en recipientes abollados.

Años de crío escuchando a Portet y García en formato Los Burros o El Último de la Fila. Recuerdo ese autobús de entusiasmo que te arrollaba una vez entrabas en esa propuesta extraña: guitarras eléctricas, corazón pop, amores de copla y cantar aflamencado de barrio al lado del río Besòs. La propuesta de Manolo la avalaba Quimi y viceversa. Eran la fuerza de dos amigos haciendo lo que querían y cómo querían. Demostraron una vez más que las normas las deben poner los artistas y no los mercaderes. Quimi y Manolo eran los hermanos mayores de tus amigos y vivían en tu mismo bloque y no salían al escenario con capa ni se creían mejor que tú sino que se sabían tan distinto como tú. Y entraban en el ascensor contigo y no se sabían el nombre de la última banda molona pero sí que la Dolors estaba guapa con su nuevo corte de pelo. Recuerdo escuchar sus canciones en casetes con amigos, vinilos en habitaciones como nichos descifrando músicas y letras.javascript:false 

Cosas como Quim Monzó. Cosas como Pepe Rubianes. Cosas como Sílvia Pérez-Cruz. Cosas como Albert Plà. Gente sin árbol genealógico ni matriz o dirección conocida

Letras de Manolo y Quimi arrancaron de cuajo la puerta de la guardería rock. Esto ya iba de no poderse aguantar de ganas de vivir ni de quererse. No servían ya la ñoñez de corazones rotos ni el malditismo malote. Todo eso, de repente era ridículo. Sus canciones hablaban de lo difícil que es entenderse aunque te necesites. Añorarse, separarse, enloquecerse, y encontrarte en el recuerdo los pequeños detalles de una madre en un balcón, unos libros de pintura robados o unos celos que eran capaz de levantar las piedras a tu paso. Uno podía vivir meses en canciones como Disneylandia buscando a tu Maga por toda la ciudad. Ser un accidente Todo un hombrecito o un ángel sin hélices.

Bajo hasta el final de las Ramblas y, al revés de lo que me aseguraba la canción, no hay ni rastro de la Negra Flor

Pienso en esto cuando bajo hasta el final de las Ramblas y, al revés de lo que me aseguraba la canción, no hay ni rastro de la Negra Flor. No sabría qué decir a mi padre si me lo encontrara. Me bastaría con saber que está bien, que se siente orgulloso de mí yo que fui músico por él. Los últimos serán los primeros y no tengo ni idea de qué significa eso y me viene el recuerdo de Manolo García con su bici por estas mismas Ramblas que tengo ahora a mis espaldas. He llegado hasta el mar, cerca de Las Golondrinas, y pienso en Sisa cuando paso sin mirar hacia arriba a Colón y hoy aseguraban que una familia de ballenas se extravió entrando en el puerto y pienso también en Martí Sales y sus Surfin’ Sirles. Todos esas Barcelona que siempre andan detrás de fantasmas y acaban en canciones.

Pienso en Manolo porque tengo una llamada suya. Él es tan verdad que a veces parece mentira. No tiene correo ni WhatsApp. Le llamas y te llama. Así de bizarra es la sencillez hoy en día. Enseguida me dejo llevar por su torrente. Hablamos de manipulación y, como buen apache, también hablamos de insurrección.

“La cultura ha de ser popular y los que mandan han de quitar las manos lejos de la comida” MANOLO GARCÍA

–Jim, estoy en Figueres con el nuevo disco y estamos haciendo lisa y llanamente rock’n’roll. Guitarra, bajo y batería. He vuelto a tocar la batería ¿Te lo puedes creer…? El rock’n’roll es un disidente del sistema, una fuerza de la naturaleza… La cultura ha de ser popular y los que mandan han de quitar las manos lejos de la comida.

Nuestra cultura tal y como él la ve “muy natural, descocada, de despiporre, de canalleo, portuaria, apasionante, libertaria, obrera, canalla…”. Regreso al futuro como único medio de sobrevivir a este presente raro, de pensamiento único y donde el miedo y la amenaza están aprovechando momento y lugar para domesticarnos en décadas.

–Tú lo sabes, Jim. Se admitía todo si lo hacías de forma vehemente aunque sonáramos como una cacharrería.

–Pero la nostalgia también confunde, amigo. Ahora seguro que hay cuadrillas de chavales urdiendo planes fantásticos.

–Seguro pero no bajando a las Ramblas. No buscando lo popular, lo nuevo y viejo, lo aprendido y sabido. La fuerza de lo popular, de lo sincero. Porque los políticos se han cargado todo eso. Tienen que manipular, toquetear, dirigir, amaestrar. Ves y aprende, un máster, dos. Haz los deberes. No te equivoques. Hazlo así si quieres gustar. No ha habido nunca mucho interés en vertebrar un tejido cultural popular, se ha malbaratado todo –artes plásticas, rock’n’roll…– por turismo borrachuzo, de noche torpe. Una Barcelona entregada única y exclusivamente a Gaudí, ese dios incierto…Necesitamos veneno potente.

Me ha vuelto a hacer salir de casa, bajarme de las aceras, pedir paso al loco de la calle, al ansía de vivir, a montar caballos salvajes sin silla

Quería hablar con él para buscar trabajo pero ahora me ha dado algo mucho más importante. Como me solía pasar cuando de adolescente le escuchaba, me ha vuelto a hacer salir de casa, bajarme de las aceras, pedir paso al loco de la calle, al ansía de vivir, a montar caballos salvajes sin silla. La tarde se derrumba sobre el puerto. Ni rastro de turistas. Tampoco de ballenas. Colgamos. Debería levantarme de estos escalones y regresar.

–Oye muchacho ¿qué tal tu mamá?

Permítanme que no les diga quién acaba de sentarse a mi lado porque no me iban a creer. No, no es Scarlett Johansson.

Fuente: La Vanguardia – Carlos Zanón – ENLACE

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