Manolo García, el mismo y otro

El músico repasó cuarenta años sobre las tablas con un acústico que le acercó al público del Teatro Jovellanos y le permitió desplegar toda su energía con temas imprescindibles

Manolo García, uno de los músicos con más recorrido del pop español y uno de los que mayor número de fieles ha ido cosechando a lo largo del tiempo, regresaba ayer a Gijón para ofrecer en el Teatro Jovellanos -hoy repetirá- su repertorio más íntimo y personal en el formato acústico que ha elegido para su última gira, un singular reposo del guerrero tras la vorágine de su tour ‘La Geometría del Rayo’ y en la que también lo ha venido acompañando en cada ciudad el cartel de todo el papel vendido. Intimidad no es incompatible con fiesta. Saludó haciendo sonar un panel de cencerros -«¿A que suenan mejor que los móviles?»-, en recuerdo a su mili asturiana.

Arrancó con ‘San Genaro’, arropado por cuerdas acústicas, y siguió con ‘Exprimir la vida’ y ‘Cierro la noche’, donde habló de «una tarde asturiana que escanciaba lo que queda de un paisaje sin vaques». ‘Solo amar’, Sabrás que andar’ o ‘Navaja de papel’ precedieron al mix en el que hiló ‘Ya no danzo al son de los tambores’ con ‘Braque’ y ‘Llanto de pasión’.

Con cuarenta años de tablas en sus pies y otros tantos llenando auditorios de aforo masivo, el artista catalán quiso brindar a su legión de seguidores un recorrido por temas de todas sus épocas reinterpretados con el sonido de una banda ‘desenchufada’, pero no por ello menos potente que su habitual combo eléctrico. Arropado por guitarras, laúd, piano, violín, contrabajo, percusiones sacó su arena de los bolsillos para meterse en ellos a un público que pudo disfrutar de temas imprescindibles en su directo y de otros rescatados de sus días en Los Burros, Los Rápidos o El Último de la Fila. Todos llevan su sello y quienes siguen su carrera desde los comienzos habrán podido comprobar anoche la coherencia que los marca reunidos en este formato en vivo.

El calor del concierto alcanzaba ya la temperatura de sus directos eléctircos y el viaje por el tiempo seguía ya su propio rumbo a los toques flamencos de ‘La sombra de la palmera’, el swing rumbeado de ‘Sombra de sombra’ y más rumba con ‘Ardió mi memoria’. Hubo mucho más. El calor ya no bajó en las tres horas de explosivo acústico, que tuvo momentos álgidos con clásicos como ‘Pájaros de barro’. El Manolo García de ‘Acústico’ propone con él una cercanía física que sirve para apreciar en todos sus minuciosos matices la calidad de sus canciones. Son otras y las mismas.

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Fuente: El Comercio – P.A. Marín Estrada – Fotos Joaquín Pañeda – ENLACE

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