MG: CONOZCA A MANOLO GARCÍA COMO LA PALMA DE SU MANO

Artículo/Entrevista completa del Dominical de El Periódico de Catalunya de ayer Domingo 23/10/11.

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Fuente: El Periódico.
TEXTO: ANA SÁNCHEZ.  FOTOS: JULIO CARBÓ

POETA DE LA NORMALIDAD
Dice que no tiene nada que ocultar. Aquí lo pone en práctica.
Manolo García deja que le leamos la mano antes del
lanzamiento de Los días intactos, su quinto álbum en solitario.
El cantante de Poblenou también publica libro: El fruto de la
rama más alta, en el que incluye letras, dibujos, pinturas y
versos indignados en prosa. Por ANA SÁNCHEZ

Dominical_2POETA DE LA NORMALIDAD

Dice que no tiene nada que ocultar. Aquí lo pone en práctica. Manolo García deja que le leamos la mano antes del lanzamiento de Los días intactos, su quinto álbum en solitario. El cantante de Poblenou también publica libro: El fruto de la rama más alta, en el que incluye letras, dibujos, pinturas y versos indignados en prosa.

LECTURA, INFORMACIÓN DE PRIMERA MANO

No esperen una lectura de mano al uso. No lo es. Aquí no hay garantía de pitonisa. Es quiromancia periodística: una excusa para conseguir información de primera mano. Será una nueva sección de Dominical: fórmula arrevistada para que los lectores conozcan a los famosos como la palma de su mano. En el caso de Manolo García, el gesto es de doble filo. El cantante enseña la mano como si anunciara su quinto disco en solitario.

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CONOZCA A MANOLO GARCÍA COMO LA PALMA DE SU MANO

DICE QUE NO TIENE NADA QUE OCULTAR. “SOY MÁS NORMAL QUE UNA PATATA FRITA”, ASEGURA. AQUÍ LO PONE EN PRÁCTICA. EL CANTANTE DE POBLENOU DEJA QUE LE LEAN LA MANO. UNA ENTREVISTA EN TRES LÍNEAS: VIDA, TRABAJO Y AMOR

APENAS SE SABE NADA de su vida. Ni siquiera su edad exacta (a los treinta y tantos consiguió olvidarla). Primera paradoja: es un cantante al que no le gusta dar la nota. Quizá porque iba para anónimo: se llama Manolo García García-Pérez. Ex último de la fila. Ya va por su disco número 16. El quinto en solitario: Los días intactos. Poesía pop de sonido familiar. El de Poblenou también publica libro: El fruto de la rama más alta (Temas de hoy). Dibujos, pinturas, letras, versos indignados en prosa. Y añade al manolopack una exposición: hasta Navidad en el centro cultural de la Fundación Círculo de Lectores de Barcelona. Así que después de dos años sin dar un titular, Manolo García despliega sonrisa de triple promoción. Segunda paradoja: ríe con ojos tristes. “Siempre –dice sin acortar la sonrisa–. Es mi parte escéptica”.

Habla como canta: sin estribillos. Siempre que él no sea el tema de conversación. Tercera paradoja: es un famoso discreto. Se revuelve en la silla ante preguntas personales. No le gusta hablar de él. Se encoge de hombros. No tiene nada que ocultar, asegura acto seguido. Aquí lo pone en práctica: se presta a que le leamos la mano. Quiromancia a discreción. Sin garantía de pitonisa. Una entrevista en tres líneas: vida, trabajo y amor. Manolo García dice que no cree en estas cosas, pero extiende la mano con pudor. Primera impresión: no es hombre de mano dura.

TRABAJO

Tiene manos de artista. Se intuye sin trucos de vidente: en cuanto enseña los restos de pintura de los dedos. Hoy, verde y amarilla. Se ve que pinta algo en la vida.

¿Qué pinto algo en la vida?

Ja, ja, ja. Pinto cuadros.

¿Cuántos ha vendido?

Por error vendí 17.

¿Por error?

Sí, porque luego me arrepentí y no he vendido más.

¿Por qué se arrepintió?

Porque mi oficio es la música y soy un aficionado de la pintura. Puedo vivir de mi trabajo y no quiero más. Vender obra sería una ambición desmesurada.

¿Los regala?

Solo dibujos –paisajes de 5 minutos que yo llamo–, habré hecho en los últimos 3 años unos 500, de los que habré regalado 400. Pero ya digo: me da pudor. Me gano la vida con la música. ¿Por qué tengo que tirar más la caña? Sería un insulto a los dioses.

No quiere tentar a la suerte.

Pues a veces pienso cosas así, no se crea: “Es que los dioses me van a castigar”.

¿Le da miedo ganar demasiado dinero?

Hay que decirlo con mucho tacto, porque en los tiempos que corren no puedes decir: “Ay, yo voy sobrado”. No me refiero a eso. Lo que no me haría gracia es caer en lo que hacen esas personas que tienen un trabajo y viven de él, pero acaparan más cosas y quitan el puesto a otros en ese segundo zarpazo.Yo creo que hay que repartir. En ese sentido no me veo haciendo giras, discos, exposiciones, lo-vendo-todo…

Pues ahora saca disco, libro y exposición. ¿Es su fórmula antipirateo?

No. La exposición no se vende. Y el libro tiene otras funciones. No lo tengo encarado al pase-por-caja. Mi trabajo es el disco. Lo otro es darle sentido a las horas. Porque la oferta que hay para llenar el tiempo no me seduce. Por mi modo de ser. Lo que me ofrece la televisión, Internet… Me interesa ir a ver ese monográfico o a Antonio López. El resto del tiempo me interesa mi habitación para pintar y componer.

No lleva reloj.

No llevo reloj.

¿Eso quiere decir que no tiene tiempo?

Que no quiero ser consciente del tiempo. Es un lastre para vivir. Siempre restando. Lo bonito es intentar sumar. Para mí pintar o escribir es una forma de sumar tiempo. De ganar tiempo.

Pica alto: ‘El fruto de la rama más alta’, se llama el libro.

Es lo que queremos todos. Al final, es curioso, no nos conformamos con el fruto más accesible.

Pero usted dice que nunca se ha elevado ni un palmo del suelo.

Lo intento, lo intento. He tenido la suerte de encabezonarme con la música contra viento y marea, contra la opinión de muchas personas y familia.

Se llama Manolo García García-Pérez.

Estaba predestinado a ser anónimo. Ja, ja, ja, ja. Sí, sí.

¿Por eso en cada concierto dice “gracias” 40 veces?

Doy las gracias siempre porque estoy agradecido realmente. Porque sé el esfuerzo que cuesta. Sé lo que es tocar muchas noches para un público escasísimo, casi inexistente.

Tocó la batería en 15 orquestas.

Toqué la batería mucho tiempo. Quizá en tantas no, pero sí en unas cuantas. La cifra igual viene porque comenté una vez que trabajé en 19 cosas antes de ganarme la vida con la música.

¿19?

Tuve 19… no profesiones, pero sí 19 ocupaciones profesionales con las que comía.

¿La más extraña?

¿La más extraña? [Se lo piensa].

Trabajó en un almacén de cajas de semáforos.

Sí. Descargaba las cajas reguladoras de tráfico, que eran unas cajas de un metro y pesaban un huevo. Acababas desplomado. Pues eso, por ejemplo. [Coge carrerilla, sigue enumerando]. Una fábrica de muebles de oficina.

¿Así que tiene bien amueblada la cabeza?

Bueeeno, je, je. [Carraspea. Continúa]. Un tallercito donde se pintaban cuadros. Paisajes en serie. Exacto. Los que se regalaban con un tresillo. [Pone voz de anuncio]. “Con la compra de un tresillo le regalamos un cuadro”. La cacería de ciervos, aquellas cosas tan kitsch.

¿El trabajo que más le costó?

Uno del que me echaron. Lo hacía fatal: troquelado para cartones. Había que hacer moldes con goma, que luego se imprimían en el cartón. Había que cortar con unas cuchillas tipo cúter e ir haciendo las letras. Y yo no tenía mucha paciencia. Ahora tengo mucha, pero en esa época tenía poca, era muy jovencito.

Poca paciencia: 19 trabajos.

Era un tiempo en el que tú abrías la sección de demandas de un diario y era así. “Demandas”. Ibas y había. Y se conseguían. Yo lo conseguí 19 veces. Hasta… Hasta que a los 30 años me independicé. Un día me levanté y dije: “Creo que voy a dejar lo que estoy haciendo y puedo vivir de la música”. Ya teníamos un par de discos [él y Quimi Portet]. Me decían: “Olvídalo, es una pérdida de tiempo, ya no lo vas a conseguir”.

En el fondo sí que tuvo paciencia.

Sí. Paciencia y fe, mucha fe.

Se define como “agnóstico ateo creyente”.

Je, je, je. Sí. Tengo una ensalada cojonuda. Eso no se come de ninguna manera.

¿Hoy está muy católico?

No, hoy no. En general estoy poco católico. Si algo me interesa de esta rama es la teoría de la liberación. He conocido a algunos sacerdotes y hay que quitarse el sombrero.

¿En qué cree?

¿En qué creo? Yo creo en la bondad, en la parte luminosa que poseen las personas. Creo en una parte de desprendimiento, cuando la persona se muestra generosa.

¿Usted lo es?

Intento serlo. Siempre entendí, y cada vez más, que el ego hay que tenerlo a raya.

Suele decir que es “famoso de tercera regional”.

Sí. Nunca he pretendido potenciar la parte del famoseo, del “aquí estoy yo”, “usted no sabe con quién está hablando” o “¿cómo?, ¿que no hay mesa para mí?”.

Quizá es que hay demasiados Manolos Garcías…

Je, je.

¿Conoce a algún otro Manolo García?

Conozco a varios. Por ejemplo: mi padre, ja, ja. No, a mí me interesa más la discreción. He elegido un mal oficio para eso, pero… Me gusta pasar inadvertido. Quiero decir: el foco y el brillo, en el momento que hace falta.

Discreto.

No me gusta ser protagonista. Me gusta más observar que ser observado. La ausencia de información crea leyendas urbanas. Yo intento no cerrarme en banda a nada. Tampoco tengo nada que ocultar, porque es que no hay nada. Yo soy más normal que una patata frita.

No le gusta hablar de usted.

No me gusta nada hablar de mí. Porque entiendo que la vida de las personas tiene un interés muy localizado en la gente que te rodea, la que convive contigo. No entiendo esto de los tuits ni lo de tener un millón de amigos.

¿Cuántos amigos tiene?

Yo creo que tengo dos. Dos de toda la vida. Y dedico todo el tiempo que puedo más que a buscar nuevos a cuidar los que tengo para que no se escapen.

Se ha negado tres veces a firmar un autógrafo.

Pero no a mala idea. Eran situaciones extrañas y he pedido: “Por favor, ahora no es el momento”. Y la persona a la que se lo he pedido se lo ha tomado a mal. Luego me he sentido fatal. Pero, claro, estar en urgencias con un familiar que tiene un infarto y que alguien te diga: “Manolo, fírmame”. “Mira, perdona, no es el momento”. [Imita al fan]. “Joder, tío, qué mal rollo. Eres un capullo”. Así tres veces.

Tres veces.

Y no las he olvidado. Porque he pensado: “¿Por qué no me callé la boca?”. Pero si he dicho que no tres veces…

Como San Pedro.

Como San Pedro… Tres veces de 5.000. Creo que no me he portado tan mal.

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VIDA

Se le ve una vida larga. Eso está muy bien.

¿Qué le vas a hacer si no?

Nunca dice la edad. ¿Vanidad?

Un poco. Vale, vamos a confesar que sí. Pero también es a un posicionamiento. Soy muy aficionado a las culturas indígenas. Su medida era la medida de la ilusión. El que había agotado su capacidad de ilusionarse y colaborar con la tribu se apartaba. Por eso digo: “Yo no cumplo años. Mientras tenga ilusión, yo no necesito cumplir nada ni descumplir nada”. Si un día no tengo ilusión, empezaré a hacerme viejo realmente. Vale, está el espejo que te lo recuerda: las arrugas, la papada y la pantxolina [barriguita]. Pero me da un poco igual eso, ¿sabe?

¿De no decir la edad se le ha olvidado?

Mire, hubo un tiempo… Ahora se me está volviendo a olvidar otra vez, se lo juro. Sobre los treinta y tantos lo conseguí. Nunca miraba mi carnet de identidad. Luego me lo han recordado con este rollo de Internet, que además está mal lo que pone ahí. Pero ahora lo estoy consiguiendo otra vez.

Digamos que tiene entre 18 y 56 años.

[Sonríe]. Nooo, menos… Ponga “entre 18 y 54”, por ejemplo. Pero insisto en eso: en que para mí la ilusión significa las ganas de participar, las ganas de estar lo que yo me autodenomino “escéptico participativo”. En el libro lo pongo. Y sinceramente lo soy. Me gusta mucho compartir. Entiendo que la persona sola es una pequeña isla solitaria desolada.

Es hombre de cara a cara.

Sí.

No ve mucho la tele.

Muy poquito.

No tiene ordenador.

No tengo ordenador. Tengo una computadora para componer las canciones, para grabar.

Ni siquiera móvil.

A temporadas, cuando estoy de viaje. No tengo Facebook, no tengo Twitter. De tanto oírselo a los demás he aprendido los nombres, pero realmente no sé muy bien lo que significan.

¿Nunca ha mandado un e-mail?

No. Los emails que he mandado son, digamos, laborales y me los manda una persona de la oficina.

Quizá por eso no se le ven muchos sobresaltos en la línea de la vida. ¿Es correcto?

Sí, sí. Completamente. Yo siempre me he planteado ir haciendo un camino a un paso lento y constante. No acelerarme. De hecho, ante una gira, ante un disco, que siempre puede haber momentos de estrés, intento respirar hondo, interiorizar, relativizar. Claro que soy apasionado… pero dándole a las cosas la importancia justa. Sin salirte de madre. Porque puede ser dañino para la salud.

Según su mano, no es hombre de prontos.

No.

No le gusta el fútbol.

Nada. En absoluto.

Apasionado sin salirse de madre.

Poniendo ganas. Yo en lo que me meto le pongo ganas. Si no, no me meto. No soy nada superficial, de picotear: “Voy a hacer eso” y luego lo dejo. No. Yo me meto en poquitas cosas, pero me duran toda la vida.

Fiel.

Soy fiel a mí mismo. Fiel a unos principios, que también van cambiando. A veces hay que desandar camino y rectificar. Ese es el aprendizaje.

AMOR

Ya solo queda la línea del amor.

Ja, ja, ja. ¡No, amor no! Yo no voy a decir nada de amor, porque no entiendo nada.

Uy, cuántas rayas hay por aquí.

¡Qué dice!

Cada raya se supone que es una chica que ha pasado por su vida.

Ja. ¡Eso no se puede decir!

Veo una relación estable.

¡Pero qué dice! Si yo no quiero hablar de estas cosas. Ja, ja, ja.

¿Doce años con un mismo coche?

Ahí me ha pillado. Todo esto tiene una explicación. Para mí el modelo al que estamos sometidos nos va a acarrear problemas: el modelo capitalista neoliberal. Hay que encontrar otro modelo: el reparto de la riqueza natural del planeta. Equidad.

¿Sigue con el mismo coche?

No. El que tengo ahora lo tengo justo hace 11 años también. Mire, ahora lo tengo en el mecánico porque llevo 300.000 kilómetros. Le doy leña. Hasta que no pete no lo cambiaré.

No es muy consumista.

No. No me gusta el despilfarro. No me gusta que estemos comiéndonos el planeta a bocados. ¿Qué es el bienestar?

¿Bienestar es tener tres casas?

Bienestar es comer y vivir… e ir al mecánico cada dos días. Je, je. No cambiar de coche cada año.

¿Qué es lo último que se ha comprado?

Libros. Hay que ayudar a las librerías.

No va a centros comerciales.

No. Cuando los señores que tienen esos centros comerciales paguen a los empleados adecuadamente…

¿Cuál es su estado ideal?

Como decía Siniestro Total: “Ante todo mucha calma”.

Reflexión.

Vuelvo a la palabra equidad. Hacer menos, pero hacerlo mejor y repartirlo. No sé… Es que yo no soy sociólogo.

Un poco filósofo, sí.

Filosofía de bolsillo. A veces hablo demasiado y parece que soy derrotista. Al contrario, soy muy positivo. Veo que puede haber solución, pero es urgente.

¿Y eso le angustia?

Yo no soy egoísta. Siempre pienso en los que han de venir. Pienso en el legado.

¿Piensa en el legado? A ver qué dice su mano… ¿Dos hijos? ¿Qué dice?

ja, ja. Debo de tener miles. En cada ciudad que voy intento tener alguno. Je, je, je. Es broma.

¿No es correcto?

Qué va. Ni pa atrás. Yo no tengo hijos.

Se enamoró de la profesora de Matemáticas.

Ja, ja. Pobre profesora… Si me echó de clase. Dice que por eso no acabó el Bachillerato. Me echaba de clase. No sé. A lo mejor era un amor encubierto… Yo era un follonero. No me gustaban las Matemáticas. Yo soy de Letras.

De letras de canciones.

Evidentemente, ja, ja.

Una de las letras de su nuevo disco dice “todos amamos desesperadamente…

Alguna vez” [termina la frase].

¿Está basada en hechos reales?

Ni sí ni no ni todo lo contrario. A ver… Dígame una persona que no haya amado. A partir de los 0, amas a tu mamá. A partir de los 7, a la niña del pupitre de al lado. A partir de los 11, empiezas a amar a todas las señoritas que pasan delante de ti. A partir de los 20, amas a 24 cada día. Y a partir de los 40, amas a todas las chicas que se mueven alrededor. Todo el mundo ama alguna vez.

¿Manolo García está incluido en “a partir de los 40”?

Je, je, je. Hombre, 40 ya he cumplido, 40 ya he cumplido… Yo soy cronista. Yo tengo unos anteojos muy guais y voy mirando el mundo. Y en la libretita que tengo en la bolsa escribo cosas. Hablo con gente. Me pierdo por el mundo. Me cuentan historias.

[Otro vistazo a la mano] Veo cuernos.

¡Coño! ¡No fastidie! [se ríe].

Su padre le llevaba a los toros.

Sí, me llevaba a los toros de pequeño. A los toros, a la lucha libre, al boxeo… Era otra Barcelona. Había unas matinales de lucha libre en la sala Price. Iba con mi padre. Él trabajaba en una empresa metalúrgica. Trabajaban muy duro en esa época, madre mía, en hornos. Unas temperaturas… Recuerdo a mi padre y a mis tíos metiendo trozos de raíl a la fundición con unas tenazas gigantes. En esta fábrica les daban entradas para el boxeo y la lucha libre. Yo era un crío, con el bocadillo de Nocilla. Luego también se utilizó la sala para conciertos de rock. Allí vi al grupo de rock andaluz que me marcó: Smash. Eran cuatro peludos guitarreros con un ruido ensordecedor.

¿Le queda algo de punk?

Sí. La actitud. No tragar con ruedas de molino. Querer hacerme yo las cosas. Sponsors cero.

¿En qué ha cambiado?

He cambiado en que voy a más. Me gusta más todo: me gustan más las chicas, los cuadros, la música. Ja, ja, ja.

¿Se arrepiente de algo?

De nada [se lo piensa]. Bueno, de las tres veces que no firmé un autógrafo. Je, je, je. Hice lo que pude. Soy humano.

Fuente: El Periódico.

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