Manolo García: “La única solución en Cataluña es un milagro”

Manolo García. Barcelona, 1955. Cantante. Mientras su último disco, Geometría del rayo, manda en la lista de ventas, se embarca en una nueva gira por toda España. No se cansa de hacer lo mismo, porque para él siempre es diferente.

Tienes la vida resuelta, nada por demostrar y llevas 40 años dando conciertos, pero aun así decides embarcarte en una gira de siete meses. Mitos sagrados y septuagenarios como Dylan o los Stones no paran de dar conciertos. ¿Es una adicción?
Es amor al oficio y disciplina. La disciplina de sentirse alegre dando alegrías a los demás. Uno nunca se cansa de hacer felices a los demás, aunque sea sólo durante dos horas. Dar alegría sí es realmente adictivo.
Pero es vivir permanente bajo la lupa…

Es un examen continuo, pero aprendes a gestionarlo. Para mí es muy fácil volver a ilusionarme, no me exige ningún esfuerzo extraordinario. No tengo la enfermedad del aplauso, pero, al cabo de unos meses dedicándome a pintar, ya tengo el gusanillo de volver, de crear, de hacer algo nuevo y diferente.
Durante toda tu carrera has hablado obsesivamente de la búsqueda de lo nuevo, de lo diferente, del cambio. ¿Qué tiene de malo hacer siempre lo que uno sabe que hace bien?
El artista que se adormece, se repite y sólo busca lo que le asegura el éxito es indigno. Indigno y un error, porque la gente se aburre. La obligación de cualquier creador es renovar su universo, desbrozar camino salvaje. Y no es difícil, es simplemente tener ganas y trabajar en ello. Porque la música pop es aparentemente sencilla: cuatro notas, cuatro acordes…, pero a lo que nadie te puede enseñar es a hacer magia, a sacar conejos de la chistera. Si tomas atajos, se te ve el truco. Pero a veces aparece la magia y surgen un ohhh y una canción. Eso es lo que soy y siempre he sido: sólo un pescador de canciones.
Esta visión tan industriosa de tu profesión, ¿se debe a todo el tiempo que te costó llegar a triunfar?
Claro. Desde que empiezo hasta que me va bien, ya con El último de la fila, pasan 18 años y varios grupos. En ese tiempo aprendí el oficio. No se puede pretender que un aprendiz triunfe, porque esa no es su labor: es aprender. Y, si triunfa, algo está fallando porque le falta bagaje y acaba siendo malo para él. No está preparado. Lo que sucede es que en el mundo actual se quiere que el aprendiz genere millones y son otros los que manejan sus hilos. El oficio de músico es el de un orfebre que hace algo singular, piezas únicas, pequeñas joyas. Y en ese camino hay que tener mucha humildad y estar siempre aprendiendo de los maestros
¿No te consideras ya en esa categoría?
No pretendo eso. Yo sigo siendo un aprendiz, porque hay partes del oficio que aún no domino. Lo que me importa es ser una persona decente, un buen compañero. Ser músico es como pertenecer a una orden de caballería. Hay unas normas éticas innegociables, no sólo es manejar la espada mejor que los demás. Debes mostrarte como una persona digna porque eres espejo de la sociedad. Es una responsabilidad social. Al menos, para mí.
Me estás destrozando el mito de sexo, drogas y rock’n’ roll
Yo me atengo a mi manera de ser. Hago mi camino con mis singularidades, no me interesa lo gregario. Lo importante es la obra, no el autor, aunque hoy en día se valore justo al contrario. Me da igual por qué se separaron Pink Floyd, si se peleaban o no. ¿Qué más me da, si no vivo con ellos? Pero sí vivo con sus discos.
Suena a que estás harto de que te pregunten por la separación de El último de la fila

No me atrapa la nostalgia, no vivo del pasado. Los discos de El último están al alcance de todo el mundo. Si te gustan esas canciones, puedes escucharlas hasta el fin de los tiempos. Pero si nos reuniéramos, la gente lo aplaudiría de inicio y a los cinco minutos se aburriría, porque nada es lo que fue.
¿Es cierto que influyó en la ruptura el choque lingüístico entre Quimi Portet y tú?
No, se ha escrito muchas veces, pero es totalmente falso. La causa fue simple dignidad personal: no queríamos seguir rebañando el plato. Quimi y yo nos hemos respetado toda la vida, cada uno con sus ideas y su lengua. El habla catalán y yo castellano, que es mi lengua materna y de la que estoy orgullosísimo. No debería haber nada estrambótico en ello porque, quieran o no admitirlo unos cuantos, el estado español tiene cuatro lenguas históricas. Es tan fácil de entender y respetar…
Tus padres son manchegos y tú creciste en un barrio barcelonés de clase trabajadora y mestizaje como Poblenou. Desde ese origen, ¿entiendes el movimiento independentista?
Mira, este es un problema al que la ciudadanía se ha visto abocada porque los políticos no han hecho su trabajo desde hace años, desde el Estatut. Ni los de Cataluña ni los de Madrid. Pero, en contra de lo que parece, en la calle veo que la gente está mucho más preocupada por otras cuestiones: precariedad laboral, paro, descenso de las posibilidades de las capas bajas, agudización de la pirámide… Los problemas del día a día. El tema independentista les importa… pero hasta un punto. Eso sí, hay que exigir una solución política. Son adultos con un cargo, no chiquillos enfadados. Que lo demuestren.
¿Pero crees posible ese entendimiento?
Esto se había acabado hace años, si se hubiera puesto por delante la solución al rédito político para ambas partes. Pero ahora la única solución es un milagro. Que alguien llegue con una varita y, de golpe, les vuelva humanistas y filósofos. Tiene que haber un punto de encuentro, pero no con porras. Hablando. Se cazan más moscas con miel que con vinagre.
Corres el riesgo de caer en el grupo más denostado en este asunto: los equidistantes.
Lo que yo soy es un pacifista furibundo, de los que ve un insecto ahogándose en un charco y lo saca con un palito. La vida es sagrada. A partir de ahí, hay cosas que no entiendo: los encarcelamientos, hacer daño, violentar a otras personas… Y el otro lado dirá que ellos también han violentado la Constitución al querer irse. Pero por las malas, ya vemos dónde estamos. Hay que empezar de cero. Vamos, un cuento de Heidi, por desgracia.
¿Has caído en el revisionismo de viejas canciones en estos tiempos en que todo es susceptible de molestar?
Yo ahora en directo cambio la letra de Disneylandia, una de las primeras canciones que escribí en Los Rápidos. Hay un momento en que decía “cuando vuelvas te mataré” y ahora canto “te perdonaré”. Es sólo un modismo, pero si pudiera la quitaría del disco porque con todo lo que está sucediendo, con los infinitos casos de violencia machista, esa frase ha cobrado otra importancia. En un mundo ideal, la frase queda ahí. Es un simple exabrupto. Pero no merece la pena soliviantar a nadie porque, además, el motivo es brutalmente serio. Pero, en todo caso, hay que recordar que son sólo canciones.
¿Recuerdas el momento exacto en que dijiste “mamá, quiero ser artista”?
Artista no, músico. A los 6 años entré en el coro del colegio, pero tuve una revelación repentina a los 13, cuando empecé a escuchar rock. «Esto es lo que quiero hacer», pensé. Pero de niño prodigio nada, las pasé canutas. Lo poco que toco la batería y la guitarra me costó muchos años. Lo que nunca pensé ser es famoso y tener un chalet en Puerta de Hierro. No tengo ese punto de vanidad. Sólo quería ser feliz y divertirme. Empecé a sacar las canciones de Los Brincos con mi guitarrita, me lo pasaba bien con los amiguetes y vi que eso es lo que quería ser: músico y feliz. Y es lo único que sigo queriendo hoy.

Fuente: El Mundo – Iñako Diaz / Olmo Calvo – ENLACE

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