Nunca es tarde (para las palabras). De Jose Miguel Giraldez (ElCorreoGallego)

LAS entrevistas de ‘Late Motiv’ parecen haber ganado en enjundia. Sé cómo son estas cosas: los ‘late show’ envuelven en el humor al personaje invitado, y, a la larga, apenas hay tiempo para preguntar. Me recuerda algunos clásicos: ¿cómo era aquello? ¿’Lo más Plus’? Marcaron una época, pero las entrevistas eran apenas un pretexto. La otra noche, sin embargo, Buenafuente se marcó una excelente conversación con alguien igualmente excelente: Manolo García. Un tipo especial, pero también un tipo normal. Soy un fan. Lo fui en tiempos de El último de la fila, y lo soy, si cabe, mucho más ahora, con esas canciones que tienen el poder de llevarnos a lugares recónditos de la memoria, aunque Manolo no alienta la nostalgia. Luego, en la pantalla, su capacidad para la emoción y la sorpresa te ganan desde el principio. Se adivina la misma alegría de los primeros años, aún intacta: el placer de destapar frascos que traen perfumes reconocibles. Manolo García, con su sonrisa tímida, lo dijo la otra noche: “quise ser músico siempre, y eso es lo único que quiero ser”. He ahí la inmensa fortuna de poder vivir de lo que te hace feliz. Y he ahí también nuestra inmensa fortuna: poder disfrutar de esa capacidad extraordinaria para atrapar emociones, ese don para destilar en palabras un leve temblor.

Pero, sobre todo, está el lenguaje. En este tiempo de ruido y de furia, en el que tanto se celebra la adhesión inquebrantable y la moda mediática, Manolo García circula por los caminos menos hollados. No es una rebeldía: es una perspectiva y una actitud. Hay mucho, mucho ruido ahí fuera. ¡Se escuchan tantas simplezas, tantos lugares comunes, se celebra tanto el maniqueísmo y la superficialidad! Así que Manolo García me parece imprescindible para acceder a las puertas de la felicidad.

Se maravillaba Buenafuente de la afición de Manolo García por las palabras, que se extinguen a veces como insectos. Por las viejas y raras palabras. Algunas conservadas en los diccionarios, otras, sólo en algunos lugares de Latinoamérica. Durante varios minutos afloraron vocablos como piezas arqueológicas bajo el barro. ‘Vasar’, por ejemplo, usada en la canción que Manolo García interpretó en ‘Late Motiv’, ‘Nunca es tarde’, para presentar su nuevo disco (una vez más de hermoso nombre): ‘Geometría del Rayo’. Vasar: estante de las cocinas para poner la vajilla. Aquellos estantes que le recuerdan a Asturias (pasó la mili entre León y Gijón, donde empezó a escribir canciones). Palabras como las ‘pucheras’ (no pucheros), que también salen en la letra. O como la ‘trébede’, donde se monta y calienta el cocido. O ‘henil’, lugar donde se guarda el heno. Pero su favorita en este tema, añadió un Manolo García emocionado con la textura de las palabras, es ‘ditirambo’. Dice un verso de ‘Nunca es tarde’: “Si en el henil, torcaces viera, componer ditirambos en tu honor”. ¿No suena como la letra de un juglar apasionado?

Y así, entre el amor a las palabras, fue transcurriendo la noche. Le pareció a Manolo García que nada hay más grande que la magia de hablar lenguas, la posibilidad de llamar a las cosas por nombres diversos. Nunca es tarde para las palabras, ni para la orilla del mar. Si quieren más, el 26 de mayo en Santiago.

Fuente: El Correo Gallego – Jose Miguel Giraldez – ENLACE

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