QP: La música de los astros, por Toni Coromina

Sisa, Portet y Oliver oficiaron una segunda comunión psicodélica, lisérgica y surrealista.

La velada inaugural de la 25.ª edición del Mercat de Música Viva de Vic, presentada como una muestra de “canción galáctica, intercomarcal y de ultramar”, superó todas las expectativas y se convirtió en un generoso regalo al público por parte de Jaume Sisa, Quimi Portet y Joan Miquel Oliver, perfectamente secundados por el bajista Antonio Fidel y el batería Xarli Oliver.

La mágica noche vivida en el Teatre l’Atlàntida fue la mejor manera de celebrar un cuarto de siglo de canciones, con míticos músicos de tres generaciones. Una sesión poética y musical casi mística, llena de humor y fantasía. El trío de ases, unos profesionales reconsagrados que ya hace tiempo que hicieron la primera comunión, esta vez oficiaron una segunda comunión colectiva, psicodélica, lisérgica y surrealista.

En el escenario se sucedieron continuas mutaciones. Los tres astros galácticos intercomarcales y de ultramar se transformaron en una singular versión autóctona del Trío Calaveras mexicano (sin Jorge Negrete), con Sisa haciendo de maestro de ceremonias, vendedor ambulanteohistriónico Nosferatu. De sopetón emulaban al Trío de la Bencina, tres amigos enamorados de la misma mujer, la música. En otros momentos parecían los tres Reyes de Occidente, cargados de notas doradas, incienso de tomillo y mirramediterránea, el estimulante medicinal tópico y aromático que forma parte de la composición de los santos óleos con que se ungen los elegidos.

Más adelante se transformaron en tres cerditos sátiros, en los tres hermanos que aparecen en las rondallas catalanasy en los tres mosqueteros defensores de la nobleza humana. También escenificaron una parodia de los tres tenores, adornados con tres sombreros de copa. Los entendidos en simbología dicen que el tres de copas de la baraja española augura triunfos, creatividady éxitos comerciales, y pronostica el nacimiento de un proyecto, la armonía en las relaciones personales, el esfuerzo conjunto entre personas que se preocupan los unos de los otros, celebraciones para conjurar la desgracia y fiestas donde reina la alegría, como bodas, bautizos y comuniones. Eso es lo que fue la noche del 12 de septiembre, al día siguiente de la Diada.

Sisa, Portet y Oliver representaron unos entretenidos aleluyas, con coristas y numismáticos tocats del bolet, hijos del maestro quemando escuelas carpetovetónicas, hombres y mujeres del cap dret, paisajes con anchoa, desfiles coloristas en la Rambla, surfistas en cámara lenta, bosques frondosos como los de Hansel y Gretel, pequeños hombrecillos catalanes demontaña y novias muertas con final feliz.

En palabras de Portet, el mundo entero parecía parado: “Otro hoy, otro ayer y otro siempre, otros remedios para el mismo mal. Juguetes de cristal en manos del tiempo y el tiempo juguete en manos de dioses”. La música de los astros.

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Fuente: La Vanguardia, edición escrita

Toni Coromina

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