MG: «No pretendí ser famoso, sino músico. Me incomodan los halagos»

Compone, pinta, y se considera un apasionado de la literatura y la fotografía. A los días de Manolo García le «faltan horas» para poder dedicarlas a lo que le gusta, «la cultura y el arte en general». Tanto que, dice, «los museos me los como con patatas». Lleva más de tres décadas sobre los escenarios y seis discos en solitario. Su último de ellos, ‘Los días intactos’, lo presentará en Burjassot, finalmente, este fin de semana después de ser suspendido por una lumbalgia del cantante.

-Antes de empezar me gustaría preguntarle cómo se encuentra.
-Ya estoy bien, gracias.
-¿Recuerda su primera entrevista?
-El otro día, casualmente, recordé cuando iba a una radio en Barcelona, que ya no existe, a dar la brasa con mis cassettes de maquetas a un tío que hacía programas de rock. Tenía 18 años y quería que me entrevistara a cualquier costa. Por pesado, José María Pallardó, que así se llama, me dijo: «anda, el de las maquetitas, pasa que te entrevisto». Cuatro años después comencé a ir ‘palante’.
-Y desde entonces, más de 30 años en la carretera…
-La parte más tediosa son el aeropuerto, el tren, las maletas, los hoteles en los que te sientes un poco solo… La canción esa de Sabina de «Hotel dulce hotel» es mentira. Sin embargo, en los conciertos estoy fresco como una lechuga, quitando los achaques puntuales. (Risas). La música te vitaliza.
-¿Cómo ha cambiado la música en ese tiempo?
-Al principio el mundo de la música fue muy romántico. Había pocas posibilidades de negocio pero muchas ganas. Además, después del régimen, hubo una apertura social y cultural muy fuerte. Después ha habido un periodo largo de negocio, que ya se ha acabado. Ahora volvemos a las catacumbas. Es todo un desastre. El mercado está tan mal… Estamos en el momento de ‘Por amor al arte’.
-Siempre ha manifestado que le gusta ser libre. Sin embargo, ¿su profesión no le hace estar atado a demasiadas cosas?
-Durante mis primeros discos empalmé giras y yo, que era virgen en ese terreno, lo hacía con mucho gusto. Cuando eso comenzó a ser una esclavitud salté de ese tren. Ahora yo juego con mis tiempos, no me comprometo con nadie a grabar discos, hacer giras… No hay mayor tesoro que la calma.
-Nunca ha sido uno de esos artistas de excesos ni lujos. Es más, diría que bastante normal a diferencia de otros…
-Según tu ética y moral. Yo no pretendí ser famoso, sino músico. Además, no disfruto del halago, me siento incómodo, porque tengo muchos defectos. La vanidad no es uno de ellos.
-Entonces, ¿cuáles son?
-(Risas). Tengo un catálogo de defectos. Entre ellos está el orgullo.
-¿Romántico empedernido?
-Hay una parte mía romántica y pienso que voy un poco a la deriva en este mundo moderno. Además, siempre me gusta mirar atrás (no me interesa el futuro ni, incluso, el presente). Recuerdo mi infancia, la trilla de olivas con mis abuelos, las casas sin agua corriente… Esa parte salvaje que hemos perdido y que tiene su parte romántica.
-Intuyo, entonces, que le hubiera gustado vivir en otros tiempos…
-Sí. En cualquier época donde no hubiera plástico, ni contaminación… Donde las casas estuvieran elaboradas con materiales naturales y no hubiera vallados.
-¿No cree en los avances tecnológicos?
-Son importantes, pero la revolución industrial le ha quitado al ser humano autenticidad, humanidad…
-¿En quién se reencarnaría?
-Uff, ¡En Superman!, (risas), es broma. Creo que lo haría en uno de esos santos con cara de felicidad.
-¿Qué le hace sentir más libre, el pincel o la pluma?
-El pincel, porque estoy sólo cuando pinto. Tengo la facultad más desarrollada con la pluma, las canciones me salen más fáciles que los cuadros. Me cuesta más pintar…
-¿Cuál es el mayor miedo de un cantante?
-Quedarse afónico. Todos los cantantes tenemos paranoias con las pastillas, la miel, las bufandas… Ahora, por ejemplo, estoy hablando contigo con una bufanda al cuello tan grande que parezco un tuareg.
-El 10 de noviembre viene a Burjassot… ¿Nos puede contar algo del concierto?
-Cantaré temas de mi nuevo álbum, lo más parecidas a como están grabadas, y de otros trabajos. Ahí me tomo pequeñas licencias y cambios: alguna que otra variación como darles un toque a lo Bob Dylan (risas).
Fuente: Las Provincias. ENLACE
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