MG: “Estamos en una situación involutiva muy extraña”

‘Los días intactos’ es el último disco de una carrera larga y honesta. Siempre hizo canciones, pero también trabajó para una agencia de publicidad y en un taller de cuadros costumbristas.

Manolo García (Barcelona, 1955) no sabía saltar el potro, ni el plinto y en el fútbol siempre lo ponían de portero… Al poco, ni eso. El murciano, así lo llamaban en Barcelona, aprendió pronto que prefería refugiarse en un mundo de mentirijillas armado por sus dibujos y su versos. Estudió cuatro años en la Escuela de Artes Aplicadas porque lo tumbaron en las pruebas de acceso de la Escuela de Bellas Artes Massana. Trabajó para una agencia de publicidad. En un taller de cuadros costumbristas… Siempre hizo canciones. Los días intactos es el último disco de una carrera larga y honesta. Pero esa es otra historia…

-¿Nota ya el desgaste de la gira?
-No, es un privilegio poder encararme al público. Es una oportunidad de compartir emotividad y de compartir sueños, que es algo muy necesario en los tiempos que corren.

-¡Ah! ¿Pero aún nos queda sitio para soñar?
-Ahora es más necesario que nunca y la utopía cobra mayor sentido, nos lo ponen a huevo. Estamos en una situación involutiva muy extraña donde lo que se ha conseguido con muchísimo esfuerzo en avance social en los últimos 35 años se está perdiendo en 6 meses. Entonces el hueco que ha de ocupar el sueño y la utopía es importantísmo porque la realidad diaria es muy extraña y provoca una sensación de miedo general, de caída de fichas de dominó. Noticias que parecen muy pequeñas me parecen tremendamente destructivas.

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-¿Por ejemplo…?
-Que se vayan a cerrar escuelas rurales. Ese enunciado me da mucha tristeza y me tengo que defender de ese miedo. La posibilidad de que muchísimos niños tengan que meterse en autobuses, con el riesgo que eso conlleva, veinte o treinta kilómetros lejos de sus casas cada día para ir a la escuela… Estas cosas me duelen y eso es lo que a mí me lleva a seguir haciendo canciones y a seguir haciendo conciertos en directo, porque me consuelo de esas pequeñas congojas que para algunas personas son verdaderas catástrofes.

-Y aun así cree que hay días intactos… Pero, ¿hay algo que no haya tocado la mano del hombre?
-Lo intacto está en el interior, el exterior está bastante contaminado, en general… Pero, como sabemos todos, hay problemas que llevas contigo te vayas donde te vayas. Hay que tener la capacidad de amansar las aguas en el interior. Sí hay días intactos. La posibilidad de blancura y de punto cero está en ti. Hay que ser positivos, pero, ¿cómo se lo decimos a los millones de parados? La teoría la sabemos todos pero, luego, en el día a día la losa que está sobre nosotros es muy dura. Aun así yo defiendo que una actitud de seguir adelante da mejores resultados que meterte en el agujero.

-Pero es bien complicado…
-Te cuento una pequeña anécdota, aunque es eso, una anécdota. Yo tengo un amigo que de repente se encontró en la calle con casi 50 años y con la desesperación de saber que no vas a encontrar nada. Bueno, pues a él siempre le había gustado el barro, la arcilla, así que se puso a aprender más en serio, se compró un pequeño horno y hoy día va a ferias de pueblos vendiendo sus cuencos, sus platos, adornos… No se hace millonario pero come, vive y está más alegre que antes.

-En cierta manera, usted también es una especie de artesano. Lleva un ritmo diferente al de la industria. ¿Cómo se defiende?
-Pues no acepto demasiados encargos, los encargos me los hago yo. Creo que han pasado trece años desde que me separé de El último de la fila e hice primer disco en solitario, desde entonces sólo he hecho cinco discos. Si hubiera dicho 13, pues te diría que al final me dejé llevar, pero no. Me gusta la manufactura, me gusta hacer piezas únicas, irrepetibles que salen del mismo taller y del mismo oficial. También es que no pierdo de vista una máxima muy andaluza y, en el fondo, muy latina, “se trabaja para vivir”.

-¿Perro Records es ese taller?
-Sí, en ese taller hago la cocción de mis piezas pero para distribuir hay que acudir a un mayorista que es quien me pone las piezas en el mercado y me ayuda a promocionarlas. Sí he querido preservar siempre la parte de la creación, todo lo que conlleva la parte artística es un terreno acotado donde no puede entrar absolutamente nadie. Luego en la parte comercial hay unos señores que viven de eso y hacen su trabajo lo mejor posible. No voy a engañar a nadie, nunca he tenido vocación de cerrarme, ni de hacer algo para una elite, al contrario, cuanta más gente acceda a lo que hago pues mejor para mí. Primero porque me ayuda seguir en el oficio, a vender las piezas a mi ritmo y sacarlas a mi ritmo. Si vendo pocas piezas, tendría que hacer muchas y muy deprisa. Así puedo vivir de mi trabajo. Antes trabajaba en otras cosas que no eran de mi complacencia, digamos.

-¿El taller del barrio de La Verneda, por ejemplo?
-(Ríe) ¡Qué va! Ahí aprendí también… Recuerdo la prueba que me hicieron para entrar. Yo tenía 14 años. Te daban una paleta de colores, una tela en blanco y te decían hazme una roca, hazme tal, hazme cual… A mí me pidieron una nube. Yo ya sabía cómo hacer una nube, cómo mezclar el magenta, el añil, el blanco para hacer esa típica nube rosada, algodonada, horriblemente kitsch pero que daba resultado en esos cuadros.

-Se convirtió en especialista en nubes y lagos. Luego también aparecerían en sus canciones.
-Sí , ¿pero sabes por qué están? Porque me fui de allí. Si me quedaba allí, mi vida se iba a convertir en un mundo de nubes azules, rosadas, y empezaría a odiar las nubes azules, rosadas y no sabría pintar otra cosa, y yo quería pintar otra cosa. Muchas cosas.

-¿Lleva los pinceles siempre? Pongamos, ¿en la maleta de la gira?
-En mi maleta llevo más lápices de colores, más pinceles y más libros que ropa interior. Y eso es lo que hago en los hoteles, pasar los días dibujando, escribiendo e intentando que del mundo exterior me llegue lo que a mí me interesa, no lo que les interesa a unos pocos que me llegue.

-¡Libros!, ¿qué lee ahora?
-Aníbal en Hispania. La península me entusiasma. Y cuando salgo de la Península siento una cierta nostalgia. Y de la Península, el Sur ocupa un lugar importantísimo.

-¿Qué tiene el Sur?
-El Sur es patria. Y eso que siempre digo que la patria es la infancia… Realmente la patria es lo que tú quieres que sea. Las banderas y los himnos es algo impuesto, es algo que tú tienes que decidir… El Sur es mi patria.

Fuente: Diario de Sevilla – ENLACE

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