El Último de la Fila sigue siendo el rey

El público vasco aplaude en el BEC que García y Portet hayan resucitado la banda que aparcaron hace 30 años en pleno éxito, y el dúo le regala una canción en euskera… ¡con Ruper Ordorika!

Qué nervios. Aparece sobre el escenario el nombre del grupo escrito con la misma tipografía, tan reconocible, de ‘Astronomía razonable’ (1993), uno de sus discos más exitosos. Entonces, nadie imaginaba que tres años después darían su último concierto para separarse de esa manera definitiva con la que tantas bandas acaban regresando. Y aquí estamos todos, después de 30 años, asistiendo en el BEC al sexto show de la reunificación de El Último de la Fila, tras los de Fuengirola, Barcelona (dos), Roquetas y Madrid (el próximo viernes repiten Bilbao). ¿Habrá química entre Quimi y Manolo? ¿Llegará a los agudos García en ‘Insurrección’ sin cambiar de tono? Ya salen. Vamos a ver qué pasa.

Lo primero, inmensa ovación. Los reencuentros siempre son emocionantes. Abren fuego con ‘Huesos’, su canción más inmortal con Los Burros, y la gente rompe a bailar. Después conectan con el belicismo actual (García ha estado muy combativo contra el genocidio en Gaza) con dos temas: ‘Conflicto armado’, también de Los Burros, contiene ese verso que escribieron en 1983 «Conflicto armado en Irán / Peligro, según Radio Clash» -estaban en guerra contra Irak-; y la muy reconocible ‘Querida Milagros’, en realidad una carta de amor de un soldado a su novia con sorpresa final. Antes, se comunica Manolo: «¿Qué tal? ¿Estáis contentos? Y se pone a leer un papel en euskera recordando cuando tocaron en la Aste Nagusia: «¿Me habéis entendido? Ja, ja, me retiro de aprender euskera, lo hago tan mal… Bienvenidos amigos de todas partes». El público, enfervorecido por primera vez, la corea de principio a fin. La diestra guitarra española de Pedro Javier González acompaña a la afinada y potente voz de García, que cantó toda la noche como cuando lucía el pelo negro. Luego cae ‘Mi patria en mis zapatos’, y es aquí cuando habla Quimi entre aplausos, con una anécdota que están contando en todos los conciertos: «Cuando empezábamos, teníamos unos conjuntos que se llamaban Los Rápidos, Los Burros, y normalmente venían 10, 50, 200 personas a lo sumo. Y Manolo los despedía siempre diciendo una cosa que me parecía muy graciosa: ‘Id y multiplicaos’. No puedo por menos que felicitaros por que os hayáis multiplicado tan bien. ¡Eskerrik asko!»

Hagamos aquí un aparte para reconocer que hay algo especialmente emocionante en escuchar en directo canciones que pensábamos que ya solo sonarían enlatadas. También gusta ver tan compenetrado al dúo que una vez se separó. En las crónicas de los conciertos previos algunos hablaban de cierta frialdad o dificultad de conectar con el momento. Ayer no hubo nada de eso. Y García, por cierto, exhibió una forma física envidiable.

El momento junto a Ruper Ordorika.
El momento junto a Ruper Ordorika. (Javier Pérez)

Volvamos. Ofrecen ahora ‘Sin llaves’, que suena delicada y preciosista. Disparan ‘Aviones plateados’, que empieza con el público cantando solo y Manolo juega apoyándose en un bastón, bromea con la edad. Primera vez con el público de gradas en pie. Encadenan con ‘El loco de la calle’ y ya enloquece la masa. Hasta que al fin se escucha ‘No me acostumbro’, con esa maravilla de letra: «¿Por qué esas flores raras / crecen en las aceras para ti? / Volveré a cogerlas, ¿sabes? / No me acostumbro a estar sin ti».

García se cambia varias veces de ropa, camisas, chalecos, pañuelos… No para. Con el dúo, hay una decena de músicos sobre el escenario: además de González a la española, Antonio Fidel (bajo), Ángel Celada (batería), Josep Lluís Pérez (guitarra eléctrica), Juan Carlos García (teclados y percusiones), las coristas Irene Miller y Elena Reina, y, ya hacia el final, la joven guitarrista y teclista Sara García, sí, la hija de Manolo, que ya le ha acompañado otras veces en sus citas en solitario pero que hoy tiene más protagonismo que nunca. Tan bien arropado está el dúo musicalmente que Quimi puede relajarse a la guitarra.

Otro momento del concierto.
Otro momento del concierto. (Ignacio Pérez)

Caen ‘Dios de la lluvia’ y ‘Soy un accidente’ -mientras Manolo se coloca en la cabeza un embudo como hacía en sus inicios con Quimi-, hasta que, de repente, el cantante detiene la actuación. «¡Para, hay un problema entre el público! Ah, van a atenderle ahora mismo. ¿Qué, ya te has recuperado?» Parece que alguien entre el público se ha sentido indispuesto. Tras el parón, la banda retoma, todos a una, en el punto donde se habían quedado. Buen entrenamiento.

Ahora toca explicar lo de los animales que llevamos viendo toda la noche en pantalla, gallinas picando suelos, pollos asados, ovejas y vacas pastando: «Quimi y yo siempre hemos tenido un carácter muy agropecuario, y esta canción se la dedicamos a los pequeños agricultores y ganaderos, autónomos puteados… Callemos, callemos y cantemos». Tocan ‘La piedra redonda’ y la bonita ‘Mar antiguo’, donde Quimi se luce en el solo inicial. Evidentemente, todos a cantar. Está claro que es este uno de los momentazos del show, con los dos tocando pegados mientras imágenes de ellos en plena juventud se suceden por detrás…

Otra de los Burros (‘Disneylandia’) y la sorpresa. Saltándose el ‘set list’ habitual, anuncian que van a cantar un tema en euskera de Ruper Ordorika, ‘Martin Larralde’, y empiezan con ella hasta que… ¡sale Ordorika! Y la terminan a dúo, García con papel, claro, solo faltaba. Qué gran detalle con la parroquia vasca.

La jota navarra del baterista

Llega el bloque de asedio que preludia el final, con la grada en pie ya todo el rato. ‘Cuando el mar te tenga’, ‘El que canta su mal espanta’… En ‘Canta por mí’, Manolo baja y atraviesa toda la pista hasta el final; el público le toca, le jalea… No se puede dar más de lo que da Manolo, cómo sabe este hombre. ‘Llanto de pasión’ y ‘Lápiz y tinta’, con su hija Sara a los teclados que cambia enseguida por la guitarra para acometer la canción que lleva su nombre. «Cantar es la hostia y hacerlo todos juntos pone los pelos de punta. Si nos juntáramos todos para ciertas cosas…», suelta su padre. En las gradas ya nadie se sienta. Suenan ‘Lejos de las leyes de los hombres’, ‘Dulces sueños’ -con mano a mano entre Sara y Pérez- , y siete minutos de descanso que pide Manolo. Aprovechan para proyectar antiguas actuaciones y entrevistas.

El público.
El público. (Ignacio Pérez)

A su regreso, lanzan ‘Ya no danzo al son de los tambores’, ‘Los ángeles no tienen helices’ y ‘Como un burro amarrado en la puerta del baile’. Sí, y ahora es el momento de ‘Insurrección’, pirotecnia y confeti que nos dejan bien arriba. No se vayan todavía, queda que Ángel Celada, el baterista de Vitoria, pueda cumplir un sueño, cantar una jota navarra. Y lo hace. Para la despedida, el eterno tema de José Alfredo Jiménez ‘El Rey’, que usa García como colofón en sus bolos.

Termina el show. Y regresamos contentos y a la vez tristes, cantando sin ningún decoro «Me siento hoy como un halcón / llamado a las filas de la insurrección». Pensando en buscar aquella vieja cinta de grandes éxitos para poder seguir la fiesta en casa.

Isabel Ibañez – El Correo – El Último de la Fila sigue siendo el rey | El Correo
Fotos Ignacio Perez