Comparecía El Último de La Fila en Marenostrum Fuengirola, en su vuelta a los escenarios tras casi treinta años en la apertura de la undécima edición del ciclo fuengiroleño, y se multiplicaron. Como rememoró Quimi Portet, a sus conciertos de Los Rápidos o Los Burros apenas acudían 50 personas. Y con esperanzado sentido del humor, les decían: «Id y multiplicaos». Y a fe que lo hicieron. 18.500 almas abarrotaron la ladera del castillo Sohail de Fuengirola.

Abren el fuego con Huesos, de Los Burros. Apoteósicos. Los móviles de los seguidores echan humo. Prosiguen con otro tema de su grupo primigenio, Conflicto armado («No a la guerra, sí a la paz»), plenamente vigente.
Seguidamente, presentan uno de sus clásicos: «Cómo decía Fray Luis de León y Unamuno: Como decíamos ayer, Querida Milagros», que precede a Mi patria en mis zapatos.
Quimi Portet explica los motivos que les han impulsado a volver: «Escapar de nuestra férrea disciplina familiar, nuestros familiares se deshacen de nosotros, compartir con nuestros compañeros y sobre todo ustedes. Con Los Rápidos y Los Burros, apenas venían a vernos unas cincuenta personas. Y les decíamos: «Id y multiplicaos»».

Sin llaves antecede a uno de sus clásicos, Aviones plateados —con protagonismo de la guitarra española, uno de sus signos de identidad— en el que Manolo García baja a la pista y comparte su emoción con el respetable.

El loco de la calle, de su disco ‘Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana’ da paso a No me acostumbro y a Dios de la lluvia, que logra la respuesta deseada entre un público enfervorecido.
Alternan temas menos conocidos, como Soy un accidente y La piedra redonda, con otros como Mar antiguo, una delicia.
Abordan otra canción de Los Burros, Disneylandia, y Cuando el mar te tenga («Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio…»). «Mola muchísimo que cantéis, además es sanador. ¿No cantáis en la ducha?», espeta Manolo García antes de presentar El que canta su mal espanta, en el que Quimi Portet desenfunda la armónica.
«¿Volver a tener 25 años? Tampoco importa tanto. Pero estamos más contentos que unas castañuelas. Estamos encantados. Estáis con muchas ganas y eso es muy de agradecer», agrega.
Manolo García blande un bastón en Canta por mí («Cuando todos seamos libres…»), gema que engarzan con Llanto de pasión y Lápiz y tinta («Porque los días se van…»).
Precisamente en este tema se incorpora Sara García, hija de Manolo García, que toca la intro al teclado. Momento álgido. Y a continuación toca la guitarra eléctrica en Sara, uno de sus temas bandera. Dicen adiós con Lejos de las leyes de los hombres, y sus arabescos característicos en el teclado, y Dulces sueños.
Ya en los bises, suenan Ya no danzo al son de los tambores, Los ángeles no tienen hélices (en la que García se sienta en un sillón) y los hits Cómo un burro amarrado a la puerta del baile e Insurrección. Y tras dejar el listón a un nivel insuperable, presenta a la banda, que les acompañaba en su día, y se despiden como antaño con la ranchera El rey de José Alfredo Jiménez, la guinda a una noche memorable.

Fuente: PopEs80 – El Último de La Fila… y se multiplicaron – Popes80

