El Último de la Fila vuelve a los escenarios casi treinta años después con su primer concierto en Fuengirola

El Marenostrum de Fuengirola acoge este sábado el pistoletazo de salida de la gira de reencuentro de El Último de la Fila, casi treinta años después de su separación. Manolo García y Quimi Portet regresan a los escenarios con un único propósito: «La prioridad es pasarlo bien y ser felices, y, por delante de eso, sentir que el público lo pasa bien y se emociona».

El regreso no fue fruto de ninguna gran decisión estratégica. «Surgió en una sobremesa, como tantas cosas importantes de la vida», relata Portet, que reconoce no recordar siquiera quién lanzó la idea primero. Lo que sí tienen claro es que la gira, de doce conciertos en total, no lleva aparejado ningún plan a largo plazo. «Nos gusta la sensación de libertad absoluta en un oficio que muchas veces acaba convirtiéndose en una especie de cárcel de tus propios éxitos, fracasos o decisiones», apunta el guitarrista. García no cierra puertas: «Cuando estamos juntos, algo puede salir siempre, pero esos puentes ya los cruzaremos si los tenemos delante».

Sin experimentos: las canciones, tal como sonaban

El repertorio que estrenarán este sábado ha sido seleccionado atendiendo a la popularidad de los temas y a su pervivencia en el tiempo. García ha dejado claro que no habrá sorpresas: «Vamos a tocarlas de la manera que ellos esperan, no haciendo inventos o solos de media hora, sino tal y como se compusieron y se grabaron en los 80 y los 90».

La banda se separó en 1998 tras una etapa de giras que describieron como «maratonianas y muy intensas». «Llegó un momento en el que pensamos que, si seguíamos, podía pasar eso de rebañar el plato, y nuestra dignidad no lo permitía», explicó García. «Como los toreros, queríamos dejarlo en un buen momento, sabiendo que no era una ruptura para siempre».

Crítica al streaming y paz con el reguetón

Al margen del reencuentro, ambos músicos aprovecharon para cargar contra el modelo económico impuesto por las plataformas digitales. «No es de recibo que la soldada que reciben los artistas por su trabajo sea ínfima, irrisoria e indignante. Es una injusticia que se está cometiendo en todo el planeta», denunció García. Portet coincide en que el streaming ha desvalorizado la creación musical, aunque reconoce que ha democratizado su difusión.

Sobre nuevos géneros como el reguetón, el guitarrista fue conciliador: «Cada generación intenta resultar desagradable a la anterior. Nosotros lo conseguimos con creces con el rocanrol», zanjó con humor.