Manolo García: “La cultura es una herramienta infalible para defenderse del mundo”

El músico presenta hoy en Sevilla en concierto su nuevo disco en solitario antes de volver a la carretera, treinta años después, con El Último de la Fila

Manolo García (Barcelona, 1955 -posiblemente-) hace de todo. Pinta cuadros, y los expone (en octubre los traerá a Sevilla), escribe (ya lleva cuatro libros publicados) y, sobre todo, compone y canta canciones. Un artista poliédrico que hoy presenta en el auditorio de Fibes su décimo disco en solitario, Drapaires poligoneros, en el que será su penúltimo concierto antes del esperado regreso a los escenarios de El Último de la Fila. El mítico grupo arranca gira en abril, y lo hará además en Andalucía, en Fuengirola. Roquetas de Mar, en mayo, y Sevilla, a finales de junio, serán las otras dos paradas del dúo, que llega con todo vendido e intactas las ganas de repartir «alegría» a través de la música.

En Drapaires poligoneros, por ejemplo, el cantautor la desprende a raudales. Es un disco optimista, cargado de buen rollo, buen sonido y buenas letras, aunque no por eso está exento de una dosis potente de crítica a un mundo cada vez más dominado por las pantallas, que cada vez le gusta menos y del que se defiende como mejor sabe: cantando. 

Pregunta.Deberíamos dejar de correr. Ralentizar nuestro paso por el mundo… Así empieza Drapaires poligoneros, su nuevo disco. Toda una declaración de intenciones…

Respuesta.-Es una reflexión ingenua, pero sincera: corremos demasiado. Creo que tenemos una sobreinformación que nos enloquece un poco. Lees en la prensa que aumenta el consumo de ansiolíticos, que la gente está cada vez más triste, pero es que este mundo global te ataca constantemente y, si tienes una mínima sensibilidad, terminas angustiado. Mi reflexión es que deberíamos defendernos de todo esto corriendo menos, bailándoles menos el agua a todos estos.

P.-Para eso debería ser la música, ¿no? La cultura. Para parar un poco y disfrutar.

R.-La cultura es una herramienta infalible para defenderse de los ataques del mundo, de los miedos y de las convenciones que nos esclavizan. Cualquier arte tiene la cualidad de aclararnos las ideas y hacernos respirar. Mi angustia se para cuando estoy ante un cuadro en un museo. Durante unos minutos me olvido de que acabo de enterarme de que el señor Trump dice que tomará Groenlandia por las buenas o por las malas. La música es como dar un paseo por el campo o como montar en bicicleta. Es mágico. Te deja una sensación de libertad absoluta, que es lo que anhela el ser humano de manera furibunda. Nadie quiere estar encadenado a los problemas.

P.-En su caso el placer es doble, porque también crea. Hacer un disco, por ejemplo, ¿le ayuda a liberarse, a soltar lastre?

R.-Por supuesto. La industria musical ha conseguido lo imposible: que el músico no se gane la vida con sus discos. Hay unos señores que se «comen» todas nuestras canciones, las meten en sus plataformas, se forran y al músico le dan una limosna tan indigna que muchos se plantean si merece la pena seguir. Para mí es imposible dejar de hacer música. La necesito como el aire que respiro y porque sé, lo veo, me lo dicen, que llega a la gente y les ayuda. Vivimos en un mundo un poco perverso y todos necesitamos distracción, alegría: música, amigos, un rato de sol… Cosas sencillas que nos llenan.

P.-En el disco dice que todos nos estamos haciendo un poco traperos, que vamos acumulando cachivaches para nada…

R.-Es que es así. Vamos coleccionando cosas absolutamente banales, no sé… series de Netflix. Son cosas absurdas, que realmente no nos hacen falta y que al final son un lastre. Todo este consumismo embota las mentes. Y no solo acumulamos basura material, sino que también amontonamos vanidad, malos pensamientos… una basura mental que es peligrosísima porque nos hace perder la humanidad, la solidaridad… Se está normalizando un enconamiento de unos contra otros que no beneficia a nadie y que está muy relacionado con las pantallas.

P.Quiero besarte a ti, no a una pantalla con tu retrato…

R.Es que han conseguido que los WhatsApps y las videollamadas sustituyan el contacto real. Nos han quitado esa cosa humana que ha existido desde la noche de los tiempos de sentarse en un banco y hablar con otros, y nos lo han cambiado por cuatro abalorios deslumbrantes, como les hacían a los indios de las praderas, y encima nos hacen pagarlos muy caros y hay que trabajar muchísimo para conseguirlos. Yo no quiero verte por una pantalla, leche. Yo lo que quiero es verte a ti.

P.-¿Por eso usted reivindica tanto el valor de la música en directo?

R.-La gente necesita juntarse. En los conciertos nos convertimos en un grupo, en una tribu que bailamos y cantamos juntos un ratito. Si durante las dos o tres horas que dura un concierto logro que todos se olviden de los problemas, para mí ya ha merecido la pena.

P.-Hablando de juntarse, ¿cómo surgió el regreso a los escenarios de El Último de la Fila?

R.-Pues de una forma bastante sutil, sin muchos fuegos artificiales. Quimi y yo nos conocemos desde los veintipocos años. Por un misterio que nadie entiende, nuestras canciones calaron en el imaginario popular y siguen ahí, y como la amistad y el compañerismo no se pierden, un día, de manera natural, dijimos: «Oye, ¿por qué no?». Y aquí estamos.

P.-¿Pero esperaban llenar otra vez plazas de toros? ¿Agotar las entradas en horas?

R.-No, para nada. Para mí es un milagro que después de cuarenta y tantos años siga viniendo gente a verme. Lo agradezco cada día, a los dioses o a quien sea, aunque me gusta estar con los pies en el suelo. Creo en las veleidades de la fortuna y siempre voy con la mosca detrás de la oreja, no sea que esto se acabe.

P.-Así debe disfrutarse más, supongo. Sin presión.

R.-Claro. El presente, si te viene el viento a favor, lo disfrutas mucho, pero, al final, el mejor refugio, al menos para mí, es el estudio de grabación. Ahí eres dueño de la situación. Nadie ha comprado el disco, ni ha dejado de comprarlo. Tú estás trabajando contigo mismo y eso es bonito. Yo no he querido tener esa presión nunca. Siempre he hecho lo que me quería hacer en ese momento, y de hecho me he negado a otras posibilidades precisamente para poder seguir haciéndolo. Prefiero una vida entera tocando para 800 personas que dos años llenando estadios. Yo soy un músico de corazón.

P.-Esto se nos ha quedado corto…

R.-Bueno… pues hablamos otro día. Tengo pendiente una exposición en Sevilla…

P.-Eso. Podemos hablar de pintura. Y de libros.

Fuente: Paco Muñoz – Diario de Sevilla – Foto Pep Lopez – Manolo García: “La cultura es una herramienta infalible para defenderse del mundo”