Manolo García: «Estoy en huelga: no quiero saber lo que cuentan los políticos»

Con la vuelta de El Último de la Fila en el horizonte, el cantautor estrena nuevo disco y una gira que lo traerá a Santiago el día 21 en la que combina reflexión, compromiso y poesía

Cumplió 70 años el pasado mes de agosto, entre ensayos y libros de poesía. Manolo García (Barcelona, 1955) celebra la cifra con nueva música y nuevos proyectos. Su nuevo álbum, Drapaires poligoneros, vio la luz el 31 de octubre, y este mes de noviembre ha iniciado su gira de teatros, con la que llegará a Santiago de Compostela el próximo 21 de noviembre. 14 fechas que sirven como preámbulo de lo que está por venir en el 2026: un tour de grandes recintos —el 13 de junio en el estadio de Riazor, en A Coruña— con Quimi Portet, recordando El Último de la Fila. 

—¿Cambia mucho una gira de teatros a una de estadios?

—Claro, es totalmente diferente. En una gira de teatros lo que prima es el sonido, su calidad. El público llega a la realidad de lo que pretende el músico, que son sus canciones. Una gira de recintos más grandes es diferente, es una fiesta. Son espacios que congregan a una multitud deseosa de bailar, una especie de comunión conjunta, de festejar la vida.

—¿Sueles visitar algún sitio cuando pasas por Galicia?

—Lo que me gusta es lo rural y el paisaje. Por ejemplo, cuando estuve haciendo la mili en Asturias, en Gijón, los fines de semana que nos daban libre siempre me iba hacia la parte gallega para conocer el paisaje. Siempre me atraía ese punto rural, por ejemplo, toda la zona del río Sil. Las capitales no me interesan demasiado, igual que no me interesan Barcelona o Madrid, porque es más de lo mismo.

—El próximo año regresarás a Galicia con la gira de El Último de la Fila. ¿Este reencuentro va a ser un punto y aparte o un punto final?

—Sencillamente es un presente, una situación en la que hay un poquito de ejercicio de nostalgia, porque esas canciones tienen ya unos años, fueron la culminación de una banda con su repertorio. Y ahora lo vamos a recuperar de una manera puntual. Es muy difícil que haya continuidad. No digo que no, nada es imposible en esta vida, pero estamos en otras líneas de trabajo. Con los años te vuelves más individualista. El trabajo en equipo es más de gente joven. Para cazar la pieza hay que sumar fuerzas: el mamut es muy grande, y uno solo no lo caza. A ciertas edades ya ni quieres un mamut; cazas una codorniz, te vas a dormir y ya estás contento.

—Caza grande o menor, la realidad es que hoy el sector de la música en directo sigue en la cresta de la ola. ¿Crees que esto se va a bajar en algún momento?

—Mira, vivimos cada vez más en la línea que marca el mundo capitalista y neoliberal, en el que estamos inmersos de lleno. Aprieta por todos los lados: tú me aprietas, yo aprieto, a mí me aprietan por detrás… Estamos en un mundo completamente injusto, a mi modo de ver. Entonces, da igual que hables del precio de una entrada para un partido de fútbol, de un restaurante donde vayas a comer, del precio de la gasolina, la electricidad o los alquileres de los pisos. Estamos inmersos en eso. Todo el dinero se va hacia arriba, pero sale de abajo, del sudor y del esfuerzo del pueblo llano, que es el que mueve la maquinaria. Y arriba, los ideólogos de toda la movida van almacenando. El dinero nunca va hacia abajo: va para arriba y ahí se queda. Ellos sabrán qué hacen con él.

—¿Ha cambiado mucho la industria?

—El músico ya no se gana la vida con los discos. Han hecho aquí un juego de trileros que todos los músicos del mundo hemos aceptado; no sabemos defendernos de esa injusticia. Con lo cual, al no ganarse nadie la vida con los discos, en los conciertos todo el mundo intenta tirar adelante. Además, todo lo que puedas imaginar —desde un camión, un tráiler, los montajes, los escenarios, los alquileres de los espacios donde se toca— ha subido de precio, se ha triplicado. Nosotros, dentro de nuestras posibilidades, hemos intentado ajustarnos lo máximo posible para no sentir que estamos abusando de nadie.

—Mientras hablabas, me han venido a la cabeza unos versos de El Último de la Fila: «Tanto tienes, tanto vales… y si eres de los que no tiene, a galeras a remar». ¿Consideras que la situación actual es peor que en los años noventa?

—Absolutamente. Está mucho peor porque no hay un arbitraje, no hay nadie que haga de árbitro ante las injusticias. Esto es abusivo, y no se puede abusar de la gente. No hay que permitir que nadie abuse de nadie. Que el nivel de vida sea 3 y vivir valga 5 significa que todo el mundo va estrangulado. Eso se está permitiendo. No se está solucionando el precio de los alquileres; la gente joven no puede independizarse y con 38 o 40 años tiene que seguir en casa de los padres o hacinada en pisos carísimos, cutres, por precios abusivos.

—Tu generación fue la que celebró y luchó por la llegada de la democracia, de la que se van a cumplir 50 años en breve. ¿Crees que hay cierta desilusión entre los españoles de tu misma edad?

—Totalmente. Hay un gran desafecto y ahora ya no hay retorno. Mira, yo estoy haciendo huelga: no quiero ver noticiarios, no quiero saber lo que me cuentan los políticos porque no me los creo. No los creo en absoluto. Y la gente de mi generación estamos todos igual. Estamos todos como: «Oye, vámonos al monte a vivir ahí, a hacernos los hippies, porque, chicos, qué desastre». Esto cada vez está más injusto para todo el mundo y la población cada vez está más jodida.

—Ante esa realidad, ¿dónde buscas ahora inspiración para tus canciones?

—Bueno, también hay que decir que podría ser peor. Hay que animarse. Si todo fuera tan negativo, apaga y vámonos. Pero, mira, yo tengo un mundo literario mío. Soy una persona muy lectora; mi cultura, digamos, es cinematográfica, literaria. Leo mucha poesía. Vivo en una burbuja donde leo mucho a autores antiguos. Soy setentero. Tengo ese punto de ilusión de los setenta, cuando todo estaba por hacer, cuando había acabado el mundo de las guerras frías. El mundo en ese momento parecía que iba hacia mejor. Y en lo musical, en esa época hubo una explosión de creatividad con mensaje. Y ahí estoy agarrado, a ese mundo de esperanza. Creo que ahora también debemos tener la vista puesta en algo esperanzador, pero lo que hay que tener claro es que el futuro se va a conseguir peleándolo, por parte de la gente joven. Es decir, saliendo a la calle.

—Hablas de la época de los setenta. Cumpliste 70 el pasado agosto. ¿Se te pasa por la cabeza la retirada?

—Yo soy compositor, pero además canto mis composiciones. Entonces, solo el que canta sabe lo que sucede cada noche cuando pisa el escenario. Si tienes la voz bien, es una alegría y puedes desarrollar tu trabajo. Cuando tienes la voz mal, con un simple constipado, es un sufrimiento que no se lo deseas a nadie. Entonces, mientras el cuerpo aguante, mientras responda, seguiremos hacia adelante.

Fuente: La Voz de Galicia – Manolo García, a sus 70 años: «Estoy en huelga: no quiero saber lo que cuentan los políticos»