Puertollano: Este Manolo es mucho Manolo

Manolo García logró capturar el sonido de la luz del Sur, del mar remarcado en los farolitos del atardecer, y nos descubrió en los años 80 la potencia de la música árabe en el mestizaje con el rock y el pop. Es sin duda, junto a Santiago Auserón, uno de los grandes profetas de la música española. Con ellos empezó casi todo lo bueno, pero con Manolo el éxito ha sido más apabullante: sigue encantando a las señoras de ganchillo y a las niñas del perreo, y es capaz de poner de acuerdo a melenudos y flamencos en su inapelable calidad.

Todo Manolo es magia, y la de Manolo es deslumbrante en su grandeza artística y en su cercanía personal, como ha podido comprobar el público de Puertollano, completamente arrebatado por este científico loco de la música y su soberbia banda, que han tocado con una exquisita elegancia y personalidad, entre el vaporoso surrealismo de un espectacular montaje de luces y sonido.

Cómo puede conectar tan fuerte un músico con más de 3.000 personas es un misterio solo al alcance de los genios. Pero Manolo García lo ha logrado este sábado en la plaza de toros de la ciudad minera, colgando una vez más el cartel de «entradas agotadas», enloqueciendo a fans y eventuales, mascando con ellos el polvo del albero, donde se ha dado un baño de cariño subido hasta en la barra del bar.

«Es que Manolo es mucho Manolo», resumía entre el público con extrema simplicidad una joven que apenas superaría los 20 años. Y lo decía de un músico con 67 tacos a las espaldas. Claro que es jugar con ventaja comenzar y acabar el concierto con un himno como «Insurrección», toda una declaración de intenciones. A partir de ahí, entre el frenesí de un pueblo que adora a este artista, Manolo se tiró por la ruta sentimental de sus temas más conocidos desde su etapa de ‘El último de la fila’ hasta el doble disco que acaba de lanzar, «Mi vida en marte» y «Desatinos desplumados».

La de Manolo es una música compleja, rica en arreglos, matices y orquestaciones, o tan sencilla como un cante jondo en la madrugada de un olivar, pero siempre reconocible y subyugante porque esas notas, esta poesía, llevan siglos en la genética de este pueblo, en la de los padres y madres y abuelos y tatarabuelas de este público que absorbe con total naturalidad ese legado milenario.

Para qué gastar más tinta y luz si quien estuvo ya sabe lo que pasó. No habrá otro Manolo en la música española, y por eso nos despedimos de él, en la felicidad exhausta que nos han regalado estas casi tres horas de encantamiento, con la esperanza de que el músico siga en gracia con el duende, y que la vida nos permita un reencuentro más, aunque sea en Marte… o donde demonios acabemos al paso que vamos.

Fuente: Mi Ciudad Real – Santos G Monroy – ENLACE

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