Manolo García, alfarero de pájaros que arrasan

El músico catalán ha agotado las entradas para su concierto de este viernes y el sábado en Fibes, Sevilla

Manolo García hace tiempo que se puso en la primera fila de los compositores españoles, y su particular universo de versos con colores propios llega este viernes a Fibes para repetir el sábado. El cantante ha creado lo más complejo que un artista puede tener: un vergel de sonidos y palabras absolutamente reconocibles por cualquier generación. Alfarero de pájaros, pintor en el que nunca el tiempo es perdido, caminante devoto del destino incierto de las carreteras, los mares y los sueños. Tiene en su guitarra una llave hacia lo recóndito, hacia ese oasis voluble al que se asoma para arrojarnos letras que hablan de la búsqueda de un paraíso irreal que solo habita en sus canciones. Vamos a bucear en él.

El músico catalán es un arqueólogo del diccionario: «ditirambos», «pucheras», «resuellos», «abrojos». Lo que el escritor Eduardo Mendoza, entre otros, hace en sus novelas, es la misma tradición que él recupera en sus composiciones. Trae palabras en desuso y las viste con un traje que nos permite entenderlas por su acertado contexto. Pero las palabras están ahí, para quien las quiera, y lo realmente complejo es saber utilizarlas en su debido momento.

Esta personal tarea le permite a Manolo García llegar adonde él desea y muy pocos pueden. Un lugar de libertad y creación con los bordes abstractos. ¿Conocen ese antiguo cassette del año 1980 en el que interpreta las canciones de Triana? Todavía no se había formado el histórico grupo El Último de la Fila, pero él ya era un hijo del agobio que buscaba esas localizaciones evasivas que ideó Jesús de la Rosa. Toda su obra, desde entonces, mira al mundo desde ese prisma. Que la letra «La vida que espero y esperaré/a la sombra en el oasis que me inventé» sirva como sentencia.

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Buscar el motivo por el que ha agotado las entradas para los dos recitales que ofrecerá en el auditorio Fibes este fin de semana no es algo sencillo. Ha sucedido y punto. Pero sí que podríamos apuntar hacia uno de sus mayores logros. Y es que sus éxitos no pertenecen a ninguna época. Cualquier persona de entre 15 y 90 años podría tararear sin problemas sus «Pájaros de barro» o «A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando», porque han trasvasado los diques generacionales. La diferencia estará en que a unos probablemente les evoque a tiempos pretéritos: juventud, movida y discotecas, mientras que a otros, a largos viajes en coche junto a sus padres cuando eran niños.

También hay un Manolo García que no vive de su pasado, pero que tampoco necesita reinventarse demasiado para llegar al público que lo adora en el presente. ¿Han escuchado su último álbum, «Geometría del rayo»?

Los músicos Toti Soler, Jordi Sabatés y Carles Benavent han colaborado en dos de los temas más diferentes del disco: «Me gustas» y «Dime dónde estás». A ellos, se ha acercado con «actitud de aprendiz», ha asegurado en alguna ocasión. Otras de las piezas destacadas de este trabajo discográfico son su single, «Nunca es tarde», que se ha consolidado como un habitual en su repertorio, «Océano azul» y «Las puntas de mis viejas botas», en las que pide prestado el calzado a Dylan, recuerda el «Penny Lane» de Lennon y sigue trazando líneas con miel en la garganta. No abandona en ningún instante su estilo y nos conduce hacia nuevos y arcaicos derroteros con él.

Quienes lo conocen de verdad afirman que vive, pinta y compone de la misma forma. Es, por tanto, un escapista de la realidad que recurre a la guitarra y los pinceles con una finalidad idéntica: fugarse hacia un terreno imaginario mucho mejor. Dicen también que «Insurrección», con su popularísimo «Dónde estabas entonces», la escribió en el lavabo de un estudio de grabación huyendo del ruido. No todo iban ser paisajes agrestes y conversación de bares.

A sus 64 años, Manolo García está de gira y no quedan entradas para verlo ya no en Sevilla, sino en el Palau de la Música de Barcelona el 28 de diciembre. Parece que sus seguidores son previsores y él es profeta en su tierra y también fuera de ella. «Acústico», por su parte, es una puerta hacia esa alberca ideal en la que llevamos varias líneas bañándonos y a la que tanto cuesta abandonar. Bien lo saben los enamorados que continúan a su lado después de varias décadas detrás de este artista de semblante serio y aspecto amable que nunca ha sido demasiado carismático pero que tiene ese intangible inexplicable en su forma de hacer. «Acústico», por todo ello, promete sinceridad, sencillez y esencia. Lo que cualquier aficionado a la música de este compositor desearía escuchar en un concierto con alas que planean en solitario.

Mares en calma, humo de abrojos, rock de campo y de ciudad. Faltan horas para que Andalucía reciba al artista en el que se funden lienzo y pentagrama. Aquí «nunca es tarde para echarse a la calle. Para el afán desmedido nunca es tarde». Y el tiempo sigue columpiándose en sus notas a la espera de pisar el escenario del Palacio de Congresos. Pop clásico y sereno cielo para los oídos. Manolo García no trae genialidad, sino haces de viejas palabras que podríamos incluir en el vocabulario común para embellecerlo y aves que se cuecen en tornos y luego arrasan con su alto vuelo. Solo podemos disfrutarlo.

Fuente: ABC – Luis Ybarra – ENLACE

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