GEOMETRÍA DEL RAYO

Cada tres años (más o menos) regresa al lugar del crimen. Al campo de batalla de nuestros sueños y sentimientos. Manolo García vuelve con disco y gira bajo la poética advocación de la geometría del rayo. Lo hace en clave acústica. Íntima. Confiesa que está volviendo a los clásicos. A Aute y a Serrat. Le va más esa onda. Más que la épica de estadio empapada de himnos transgeneracionales que tanto ha explotado. A él le favorece más el quejío, el toque aflamencado, el reposo, la calma, los lindos arabescos. La música de sándalo. De umbral perfumado por soleares. Con él aprendimos a buscar caracolas en el fondo del mar. A hacer pájaros de barro y echarlos a volar. A vivir a la sombra de oasis que nos inventamos. Saudade en vena. No hay un solo motivo por el que quiera olvidarte, o sea. Nadie como él para calmar nuestro dolor rastrero con sus versos. Nunca es tarde para ello. Para dar la vida por volver al fuego de humo en tu caverna. Para convertirnos en guardagujas de nuestros quereres. Para viajar con mapas sin coordenadas. Para dejar te quieros escondidos con el fin de que alguien los lea. Para ser la flecha y no el arquero. Para seguir esperando el milagro. Para cabalgar quimeras. Para no renunciar al embrujo de un beso que te deja atrapado de por vida. Nunca es tarde para las palabras. Eso, la pasión por las palabras y el amor por el lenguaje, es lo que más distingue a Manolo García. El buscar palabras capaces de hacer que nuestro cerebro flote, viaje y salga disparado. Nadie como él para incluir versos que parecen salidos del túnel del tiempo (“si en el henil torcaces viera, componer ditirambos en tu honor”) o para hablar en una canción de amor de Copérnico, alguien que trataba a los animales de sangre fría como a patricios romanos. Lo hace a través de una música luminosa que cicatriza heridas, con un quejío eléctrico a lo Triana que alimenta el alma. Algunos critican su filosofía de bolsillo. La misma que nos apremia a recuperar el censo de ballenas o tigres de bengala, a revisar sentimientos o a perseguir una primavera cubista. En Pucela el público le hizo improvisar, en el enésimo bis, la mítica “Insurrección”. A pesar de Manolo, el largo camino hacia Gandhi pasa por la guillotina. No hay otra. Aunque luchemos porque no sea así. Lo hacemos todos los que visitamos a diario el laboratorio Kosmos del doctor Noestamossolos.

Fuente: El Norte de Castilla – Vicente Alvarez – El Faro de Aqualung – ENLACE

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