Angel Celada: “Hoy tiendo más al matiz, a la belleza; me preocupa más el cómo que el qué”

Junto a Carla Sevilla (voz y piano), Ángel Celada vuelve a encontrarse mañana con el público de casa. Lo hace en el Dazz (20.00 horas) y con invitados sorpresa.

VITORIAEn las giras de Quimi Portet o de Mikel Urdangarin, por citar dos ejemplos, ha vivido un 2017 intenso que, en lo musical, tiene mañana una nueva cita, pero esta vez con su música y su proyecto. Ángel Celada, aunque parezca mentira, se estrena además en un escenario de su ciudad, un Dazz que le recibirá a partir de las ocho de la tarde con la entrada gratuita.

Ni con Carla Sevilla ni con otras voces femeninas es la primera vez, ni mucho menos. ¿Qué le aportan?

-Que sea femenina o masculina creo que es circunstancial, lo importante es la voz. Soy un loco de los y las cantantes. De hecho, las influencias más importantes que he tenido me han venido de ellos y de ellas, casi más que de baterías. Tengo una cierta debilidad y no sé si cierta frustración (risas). Pero bueno, al final pudo la batería. Así que cuando aparece alguien que me emociona cantando y además, en lo personal, hace que las cosas sean fáciles, que no siempre ocurre, ahí que me quedo con esa persona e intento hacer todo lo que pueda. Es verdad que igual en la última época he estado más con ellas pero es algo circunstancial. Hay muchos cantantes masculinos que me encantan como Steve Winwood, Paul Rodgers… Con Carla hay una relación desde hace ya unos cuantos años, un trabajo conjunto que funciona muy bien tanto en lo musical como en lo personal.

Lo de los artistas invitados…

-Lo que hacemos en Songs Project es llevar a nuestro terreno canciones tanto nuestras como de otros y eso lo hemos hecho en trío, cuarteto… y ahora estamos en dúo. Funciona muy bien, es un formato que nos ha dado satisfacciones y también, desde un punto de vista económico, es más fácil de mover. Ahora estoy en Barcelona viviendo y, claro, cuando se supo que actuaría de nuevo en Vitoria, en casa, unos cuantos amigos músicos me llamaron. No te voy a dar nombres porque hay que guardar la sorpresa, pero sí tendremos un par de colaboraciones.

Tras cerrar la última gira con Quimi Portet, ¿no tenía pensado tomarse algo de vacaciones?

-Sonará a tópico pero es una suerte dedicarte a lo que es tu pasión. No tengo sensación de acumular cansancio psicológico o emotivo. Otra cosa es el físico cuando llevas mucha tralla encima. Lo que sí acumulas normalmente es la necesidad de contar tu propia historia. No me entiendas mal, siempre estoy agradecido cuando alguien me llama para actuar. Me entrego, doy todo lo que sé y pongo lo que tengo. Eso es así. Pero es evidente que cuando haces lo tuyo es cuando estás en lo que quieres. Tú eliges la música, el arreglo, el carácter… Así que aunque pueda estar cansado, tengo acumulada la necesidad de contar mi propia historia. No sólo no me cuesta ningún esfuerzo, sino que es al contrario. Si acabase una gira con otro músico y me obligase a descansar, que es algo que no sé hacer, me sentiría raro. Tocar mi música es un gran estímulo, máxime haciéndolo en casa.

Aunque las etiquetas, en su caso, sirven para poco, por lo general el trabajo para otros se lleva a cabo en los terrenos del pop o del rock, mientras que los proyectos personales tocan algo más los espacios del jazz.

-Sí, aunque creo que siempre se me ha relacionado más de lo que debiera con el jazz (risas). Con el tiempo, uno va quitando hojas del libro y va buscando más lo que realmente le emociona, la esencia, y en ese camino, se quita los prejuicios. ¿Qué me bañó de pequeño? The Beatles, los Stones, Pink Floyd, Steve Winwood, Led Zeppelin… es decir, rock, blues, soul. Luego hubo una época en la que por inquietud y curiosidad llegué al jazz. Pero, ya te digo, al final, cuando pasa el tiempo, te liberas y te dejas llevar. No estoy en la música jazz en ese sentido de improvisación, sí estoy en el interés por la canción y por la voz. De hecho, hacer música instrumental me da pereza. Así que en ese camino sí que aparecen mis influencias más fuertes, las que vienen del soul y del R&B, más que del jazz. En esta época, tiendo más al matiz, a la belleza, a la ternura, me preocupa más el cómo que el qué.

Claro que luego aparece el trabajo con Mikel Urdangarin, que rompe esa dinámica.

-Bueno, tenemos varios amigos comunes que son músicos y ya habíamos coincidido en Vitoria. Cuando uno se abre y se quita los prejuicios, aparecen muchas cosas. Yo soy de aquí, es mi tierra, mi cultura. Aunque no hable euskera, es el idioma que siempre he sentido cerca. He trabajado con Orskorri, Ruper Ordorika, Juan Carlos Perez… Además, Mikel hace unos textos y unas canciones preciosas. Ahora no estoy con ellos porque con la gira de Quimi se me acumularon muchas cosas pero me lo he pasado muy bien con ellos en directo. Cuando hay canciones bonitas, emociones y esfuerzo por el rigor, cierro los ojos, me lleva la melodía y me siento feliz. De todas formas, he hecho giras con artistas que hacen músicas que no tienen nada que ver con lo que yo propongo habitualmente o que me gusta, y, sin embargo, nunca he tenido la sensación de trabajar por dinero. Otra cosa es que esto es tu oficio y no puedes trabajar sin cobrar, pero nunca he estado en la situación de decir: tengo que tragar con esto porque… Siempre hay estímulo y entrega.

En espacios pequeños, en locales donde hay copas, gente que va y viene, alguna conversación más alta que la otra… ¿cómo se abstrae uno para actuar?

-Hace ya tiempo, aunque hubo una vez que hicimos una excepción, me propuse no actuar en sitios donde no hubiera un filtro en forma de entradas a la venta. Pero en este caso, me han hablado tan bien del Dazz, de su programación, de cómo está el público en los conciertos… que no me pude resistir.

Fuente: CARLOS GONZÁLEZ M.B.  – Noticias de Alava – Enlace
#EUDLF #ManoloGarcía Quimi Portet #CarlaSevilla #Dazz
X