Charlas de Vinoteca (XI): Manolo García

Manolo García es un artista inquieto que destila sensibilidad en cada cosa que aborda, ya sea componiendo, cantando o pintando. Pero también disfrutando de un placer tan grande como un vino, abriendo la mente y el paladar a nuevas sensaciones. Siempre que viaja intenta probar el producto de la tierra que visita. Cuestión de respeto y de ganas de aprender más sobre un mundo que le apasiona pero del que niega ser un experto.
 
“Que conste: no soy un entendido en vinos, pero sí que soy selectivo porque hay cosas infumables y auténticos tesoros, como el que estuve bebiendo hace unos días: un vino de 200 años criado en una barrica de roble. Un vino de pastores. Un día, paseando hace tres o cuatro años por un paraje perdido de Albacete, vi a un pastor y le fui a saludar. Él me reconoció, lo que no dejó de sorprenderme. “Te admiro mucho y tengo todos tus discos. Te escucho cuando estoy trabajando”, me dijo. Y entonces me pidió que le acompañara porque quería hacerme un regalo, y me llevó a una bodega que tenía. Allí llenó una botella con el vino que salía de una barrica de roble. Un vino de principios siglo XIX…
 
Hace unos días, estaba buscando otra botella y, casualidades de la vida, la encontré en el fondo de un armario. La abrí y… ¡está buenísimo¡ Es clarete, o si era tinto se ha quedado clarete (risas), es muy suave… Tiene un olor muy suave, y sabe… ¿cómo diría yo? Es como beber coñac, tiene un sabor como envejecido. Está cojonudo. Ya me avisó aquel pastor tan majo: “Puede que esté bueno o puede que esté picado porque son muchos años”. Recuerdo que mientras me lo decía apuntó con bolígrafo la añada: 1816.
 
No soy entendido en enología, pero sí sé que lo bueno de España es la diversidad y singularidad de los vinos de cada zona, ¡y todos son buenos! Vas a Ribera del Duero y te quieres quedar a vivir allí; qué decir de los blancos de Galicia, ¿quién no los ha probado y disfrutado?; los vinos de Catalunya: los de Tarragona, ¡los del Empordà, los del Empordà! ¡Es que son la leche! Repito: no soy un entendido pero sé apreciarlos. Fuera de España tengo dos recuerdos: uno muy bueno que bebí en California y uno chileno, en dos palabras: a-cojonante, (risas).
 
No tengo bodega en casa pero tengo algo mejor: la suerte de que algunas personas que tienen contacto con el mundo de los vinos me regalan botellas ocasionalmente, a veces en Navidades o a veces incluso en algún concierto. Me parece un regalo precioso. Es curioso: me regalan vinos y libros, y no bufandas ni calzoncillos. Voy guardando algunas botellas pero no les voy dando salida porque tengo sitio.
 
Soy de tintos, de vinos fuertes; los blancos los bebo en ocasiones especiales y los rosados, con cierta carne, mientras que los espumosos no me gustan tanto. Y siempre para comer, no fuera de horas. Ah, y acompañado, porque beberlo solo es un desperdicio; un vino es una ocasión óptima para una charla distendida, para intercambiar pareceres y anécdotas…
 
Fuente: ClubTorres.com – ENLACE #ManoloGarcía #Vino
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