MANOLO GARCÍA, OTRO JEFE EN MADRID

“Este rato es nuestro, nos lo quedamos para siempre”. Manolo García hablaba de las tres horas de concierto que acababa de ofrecer en Madrid. Tiempo suficiente para demostrar que sigue siendo el artista incansable. Su derroche de vitalidad es la mejor respuesta que puede dar a su público, aunque eso conlleve poner en jaque al personal de seguridad. Bajada del escenario, subida a la barra del bar y hasta lanzamiento a la multitud.

La interacción con el respetable se ha convertido ya en un ritual en los conciertos del que fuera la mitad de El último de la fila. No es para menos. “Es de agradecer que pudiendo estar en otro sitio estéis aquí con nosotros”, confesaba. García sabe bien que desde aquel grupo con Quimi Portet ha creado una legión de fieles, venidos a la capital desde varios puntos de la Península. Y eso había que celebrarlo.

La entrega es mutua: llenazo absoluto en el Palacio de los Deportes, ni rastro de Springsteen. Si bien el recinto no estuvo a la altura de las circunstancias. El calor se hizo insoportable durante todo el concierto, el sonido sigue siendo su asignatura pendiente y aún le falta por verificar el ignorado ‘Prohibido fumar’.

Tras unos impacientes 15 minutos de rigor, el espectáculo daba comienzo. Un jardín como escenario y un gran elenco de músicos de alto nivel, hasta cuatro guitarras, arropaban al cantante. Su euforia iba increscendo, con caída de por medio, conforme avanzaba en el repertorio, dividido en dos bloques.

En el primero eran protagonistas las canciones de los dos últimos discos. En el segundo, que levantó a la gente de los asientos en sintonía con la implicación del intérprete, las canciones de siempre, aquellas que nunca pueden faltar en su lista. ‘Carbón y ramas secas’‘Pájaros de barro’, ‘Nunca el tiempo es perdido’,‘Prefiero el trapecio’, ‘Somos levedad’ o ‘Rosa de Alejandría’ resonaron con fuerza en el pabellón, dejando como colofón ‘A San Fernando’, no sin antes dejarse la voz con ‘Insurrección’.

No se le pudo pedir más. García hizo más suyo que nunca su ‘Todo es ahora’. ¿Cuándo si no? Lo dio todo, hasta su chaqueta. Hasta el “hablar más de la cuenta”. El de Barcelona mostró su hartazgo con la situación actual del país, mientras clamaba “libertad” en repetidas ocasiones. “Somos la pirámide que les sostiene”, aseguraba, para despedirse con una petición: “Que no nos coman la moral”. Si hay algo que ni los de un lado ni los de otro pueden llevarse es gente unida aplaudiendo en una misma dirección. Larga vida a García y su energía.

Fuente: Itxaso Marín – Con el ruido a otra parte – ENLACE
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