El ‘rock’ goza de buena salud

En las fiestas de San Isidro que acaban de finalizar ha sido el rock el que ha conseguido, acaparar la atención de mayor número de público -por diferentes razones- en el nuevo auditorio de la Casa de Campo, que registró llenos casi absolutos a lo largo de los ocho días de actuaciones, con un número total de asistentes cercano al medio millón de personas. Al margen de los incidentes producidos durante la actuación de La Polla Records, que significaron la excepción dentro de la regla de normalidad de todos los días, se demostró la excelente salud del rock español a través de sus diferentes estilos. Hubo grupos que se llevaron al público de Calle. La Orquesta Mondragón, con un magnífico espectáculo, excelente sonido, -característica común a casi todas las actuaciones- y un Javier Gurruchaga pletórico, hizo bailar hasta al alcalde de Madrid, Juan Barranco, y demostró que sus actuaciones son un buen ejercicio para la salud de cualquiera.También conectaron y triunfaron Rosendo, que: presentó su segundo elepé, Labanda, con su folk eléctrico; Desperados y Mermelada, juntos en el mismo día y con el rock más directo y fresco de las fiestas; Ramoncín, que confirmó su gancho para el público madrileño, y Los Secretos, que en su reaparición ante una audiencia multitudinaria consiguieron momentos difíciles de superar cuafido las cosas les vayan más rodadas.

También hubo novedades, como la presentación del rock humoristico de Toreros Muertos o los sevillanos de Círculo Vicioso; confirmaciones de escaladas a la fama (Gabinete Caligari), y Barricada, Burning, Los Coyotes y Luz Casal mostraron su buen hacer encima de un escenario. El rock duro también tuvo su día, en el que coincidieron mil tensiones que hicieron estallar la chispa de la violencia, estropeando las actuaciones -de Bella Bestia y Obús, que se encontraron con lo inesperado. El último día, y con un público quizá menos receptivo, Tapones Visente y los catalanes de El Último de la Fila mostraron su peculiar manera de entender la música y cumplieron.

La presencia de grupos y cantantes extranjeros se centró en The Kinks, Dissidenten y James Brown: los primeros se llevaron la parte del león y realizaron una actuación de las que pueden calificarse como inolvidables por su calidad y carácter excepcional; los alemanes occidentales de Dissidenten cumplieron con su etnorock, y James Brown puso el toque negro de las fiestas con su funk rítmico y bailón.

La programación de la semana puede calificarse de buena, con la controversia de reunir en un mismo día el punk y el heavy, con mezcla de grupos y cantantes ya establecidos (Orquesta Mondragón, The Kinks, Ramoncín o James Brown), sorpresas agradables (Los Secretos, Labanda y El Último de la Fila), confirmaciones esperadas (Gabinete Caligari, Rosendo, Círculo Vicioso, Mermelada, Desperados y Luz Casal), buenos grupos que no tuvieron su mejor día (Tapones Visente) y el rock duro (Bella Bestia, Obús y La Polla Records).

En estas fiestas se inauguró el nuevo auditorio, que llena una importante laguna dentro de la infraestructura del rock madrileño. Habrá que mejorar algunos aspectos -aparcamientos y servicios fundamentalmente-, pero el primer paso está dado. El auditorio está ahí, las condiciones técnicas son buenas y sólo falta una programación al margen de fiestas para que la palabra rockódromo se utilice más de una vez al año.

Fuente: El País – Ignacio Saenz de Tejada – ENLACE

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