Serrat, Sabina y otros poetas laureados

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Sostiene Luis Eduardo Aute —que de esto sabe algo— que la canción es un género tan digno como la poesía o la llamada música seria, y que hay que considerarlo como otra de las bellas artes. Razón no le falta a quien explica lo complicado que resulta contar una historia en tres o cuatro minutos, logrando que interactúen en armonía texto y música y que conmueva al oyente. Ese es el misterio de las canciones, el que mantiene en vilo a los compositores, que pueden pasarse días obsesionados con una rima, con un verso. Compositores que, mientras escriben música y letra, no se adscriben a ningún género, son hacedores de canciones dejándose la piel a jirones, como cantaba Víctor Manuel. Si luego las interpretan ellos mismos, serán cantautores. Término hermoso que, sin embargo, no parecen encajar los artistas del rock, quienes, a su pesar, son eso, cantautores, eléctricos, pero cantantes y autores. Unos y otros saben lo complicado de emocionar con una canción.

La música popular española ha dado muestras de cómo la canción trasciende el hecho meramente musical para enredarse en la vida del escucha, haciendo nuestros los versos cantados, ayudándonos en momentos bajos. Es el poder de ese arte noble e inasible que cuenta con maestros de la palabra y la melodía, en una tradición que arranca en los sesenta con Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel o Aute, y llega hasta alguien como Quique González, que prefiere hablar de cancionistas, o como Sabina, de los primeros en resultar inclasificable, pues siempre tiene un pie en la tradición cantautoril mientras con el otro pisa el acelerador del rock. En el fondo se trata de lo mismo, de escribir y cantar tus propias canciones, por encima de estilos, salpicando tanto al folk como al pop o al rock y asumiendo escuelas: hispanas, francesas, latinoamericanas y estadounidenses. De ahí la riqueza de nuestra música, no siempre reconocida, en ocasiones menospreciada frente a la anglosajona.

Tradición que es puerto de encuentro y que alcanza a unos creadores surgidos de grupos de éxito —Enrique Urquijo, Fito Cabrales, Manolo García, Bunbury, Andrés Calamaro— pero cuya voz se impuso a la marca a la que se les asociaba, y con sus canciones superaron escenas o públicos concretos para fijarse como banda sonora de una generación. Como dice Manolo García, quizá el objetivo se reduzca a ser feliz haciendo canciones para transmitir esa felicidad a quien la escucha. Propósito tan bello como loable. De todo ello trata este cedé deslumbrante que nos lleva, sin fronteras estilísticas, en un viaje por algunas de las mejores canciones de autor de la música popular española.

Juan Puchades – El País – ENLACE

Los temas de ‘Golpe a golpe, verso a verso’

Andrés Calamaro, Flaca.
Víctor Manuel, Soy un corazón tendido al sol.
Luis Eduardo Aute, Una de dos.
Jorge Drexler, Todo se transforma.
Cecilia, Un ramito de violetas.
Antonio Vega, El sitio de mi recreo.
Antonio Flores, Siete vidas.
Los Secretos, Ojos de gata.
Joaquín Sabina, Y nos dieron las diez.
Manolo García, Pájaros de barro.
Pedro Guerra, Contamíname.
Bunbury, El extranjero.
Quique González, La ciudad del viento.
Fito y Fitipaldis, Soldadito marinero.
Joan Manuel Serrat, Cantares.

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