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Manolo García: «Si viviera en un mundo estupendo seguro que no haría canciones»

El artista ofrece esta noche en Mérida su único concierto en Extremadura en el que presentará su nuevo disco.

El aliento poético y la búsqueda de expresión en un mundo en el que no se siente muy cómodo. Es lo que impulsa al artista Manolo García a componer un nuevo disco después de cuatro años de retiro, lo que le da fuerzas para subirse a un escenario concierto tras concierto hasta el próximo mes de octubre. Esta noche estará en Mérida presentando su último trabajo ‘Saldremos a la lluvia’, un disco que invita a moverse del sillón y a descubrir que, con poco, se puede cambiar lo que a uno no le gusta.

-¿Qué es lo que le mueve a ponerse de nuevo en marcha, a expresar lo que piensa y siente a través de sus canciones?

– Si yo viviera en un mundo donde todo fuese estupendo seguro que no haría canciones. Estaría tumbado todo el día. En el mundo que me ha tocado vivir, tenemos algo que me lanza a crear mis pequeños mundos, es una manera de exorcizar mis pequeños y grandes demonios, de buscar mano, de tender mano. En definitiva, una manera de comunicarme, una necesidad vital, una forma de buscar un sitio propio.

-¿Es fácil escapar del mundo formando parte de él?

-Evidentemente. Se puede ser viajero en el sofá, se puede viajar de la mano de un buen libro, de la música, de la pintura… Yo creo que el arte, en general, es un pequeño asidero, una muletilla a la que uno se puede aferrar para hacer más llevadera la vida. Trabajar, producir y pasar tragos más o menos de forma exclusiva hace que la vida sea más insulsa. El arte es la búsqueda de mi felicidad, de otros mundos. No creo que el único que exista sea este que nos presentan. Pienso que los mundos están en la mente de cada uno y la manera de situarte aquí depende un poco de la actitud, de tu fórmula. Para mí es darle mucha alegría al espíritu, porque la materia poco aguanta.

-¿Por qué ha elegido Creta y Girona para grabar su último disco? Dos lugares tan antagónicos pero, que si los ha escogido, tienen cosas en común ¿no?

-Lo mismo que podría haber escogido Extremadura. Porque tienen naturaleza, que es algo que a mí me es necesario. En el periplo mío como músico he trabajado muchas veces en estudios bunker, rodeado de cemento, sin ventanas. Te metes ahí y sales como el papel de fumar. Ahora que puedo elijo sitios que tengan ventanas por donde entre la luz y mis vecinos sea la naturaleza. Y eso lo he encontrado en Creta y en el estudio de Girona, que está a 150 kilómetros de Barcelona, con lo que si tenía alguna necesidad podía ir a mi casa. En el caso de Creta me ha atraído sobre todo la forma de vida que tienen sus habitantes, que están a punto de perder, pero aún tienen. Comer queso de la señora que lo está haciendo arriba, las gallinas que ponen huevos y que no comen maíz transgénico. Eso es lo que he buscado y he encontrado.

-¿Qué nuevos instrumentos ha introducido en este disco que nunca había incluido y que ha descubierto?

-La lira, por ejemplo. Es un instrumento mágico y tiene un poder fascinante. Es casi una voz. La oyes y se te ponen los pelos de punta. Si te acercas a él parece que está vivo. Se presenta como un ente, como un ser. Tiene una sonoridad muy bonita. Es como un violín, pero con muchas más cuerdas. También el laúd, que es propio de Creta. Son sonidos muy bonitos. Aunque yo no voy a perder de vista mi música, el rock o el pop rock, siempre me gusta aderezarlos y darle unos pequeños detalles a cada uno de mis discos, sin perder mi propio sonido. Yo no sé hacer música griega, ni lo intento. La puedo disfrutar, pero no tengo esa cultura. Igual que con el flamenco. Yo puedo juguetear, flirtear, tontear con él, pero yo no soy flamenco. Lo que me pasa también con el blues. Son culturas, que desde la cuna, se bebe de ellas. Pero sí que me gusta utilizar esas sonoridades, esos aromas sonoros de las que beben también muchos grupos. Lo importante, al final, es que una canción tenga vida, levante y erice la piel, comunique, aporte vida, dé llanto, dé risa… No deje indiferente, en una palabra.

-Ya ha comenzado su gira con el primer concierto en Granada. ¿Le cuesta pasar de la vida placentera y tranquila al ajetreo de la carretera, de subirse a los escenarios y de no parar? ¿Cuesta coger el ritmo de nuevo?

-No. Yo me adapto a lo que tenemos. A lo que tengo delante, tenemos que sacarle el mejor partido. Mi lema es, ‘con lo que tengas, haz lo que puedas’. Yo tengo una gira por delante en la que dispondré de muchos momentos para libros, para viajar en tren, escuchar música… Y es impagable volver a reencontrarte con el público que está esperándote para escuchar tu música y volver a encontrarse contigo. Eso se hace de muy buena gana. A mí me da alegría. Tengo la gran suerte de que a mí me da gran alegría todo. Me gusta estar un tiempo alejado del mundo de la farándula, ser un ciudadano civil común donde puedo dedicar una tarde para irme al cine, escaparme a una biblioteca, dedicarme a pintar… Eso me encanta. Pero la carretera también me gusta. Significa el reencuentro con una explosión de energía. Esa introspección anterior, en demasía, también llega a desbordar.

-Con el título de su nuevo disco ‘Saldremos a la lluvia’ ¿quiere ir a contracorriente de la gente que se guarece y tiende a protegerse cuando comienzan a caer las primeras gotas?

-Yo lo hago a veces. Es una sensación maravillosa y muy primitiva, te da como libertad. Salir a la lluvia a lavar, a limpiar… Todo el mundo tenemos alguna vez la sensación de estar sucios. Yo me refiero en este caso a limpiar un poco el planeta. Tengo esa inquietud desde hace mucho tiempo. La naturaleza me da felicidad, me calma… En cambio, los ambientes urbanos, no me gustan mucho. Quizá cuando era un poco más joven… Los cubatillas, ir de copas. Pero tampoco he sido una persona muy urbanista. De eso tenemos algo que me repele, tenemos algo que no veo claro. Pero esto es una cuestión personal. Yo no pretendo llevar la verdad de nada. Yo soy yo y cada uno es cada uno.

-La portada de su disco es una foto cuyo autor es José María Benítez, miembro de Adenex ¿por qué la eligió? ¿Qué quiere transmitir con la mirada de ese zorro?

-La elegí de una serie de fotos que me mandó él. Estuve en Extremadura hace unos dos años con el grupo Adenex y con José María conecté muy bien. Comenzó a mandarme fotos y elegí esa, cosa que le emocionó y le alegró mucho. Con ella quiero transmitir la idea del respeto a la naturaleza, de que estamos confundiendo las cosas. La naturaleza es nuestra madre, no estamos aquí para que la maltratemos. Ella nos da la vida y no podemos triturala. Lo que estamos haciendo ahora, es un despropósito. Esa mirada de ese zorro es como una súplica, un canto de esperanza. Yo tampoco he pretendido hacer un disco agorero, negro, negativo… Con la naturaleza lo estamos haciendo mal, pero aún tenemos tiempo de rectificar. Se hacen cosas muy graves, pero tenemos que reaccionar ya. Un presidente del Gobierno no puede ir contra el cambio climático y luego dar permisos a la centrales térmicas que contaminan tanto o seguir inflando la maquinaria económica. tenemos que buscar otras fórmulas, que no somos idiotas y no nos chupamos el dedo. Por eso mi portada es un pequeño canto, un grito de libertad.

-Usted que está muy comprometido con el medio ambiente ¿se puede hacer música sin sentir el compromiso con algo?

-Absolutamente. La música puramente lúdica es alucinante. Mucho de los grupos que me gustan, en sus letras, no tienen ni un ápice de compromiso y no por eso dejan de gustarme. Yo tampoco soy un músico que abandere ningún movimiento, pero me puedo permitir el lujo y la libertad de hacer canciones de las cosas que me sacan de quicio. No pretendo ser un cantante social, ni ser negativo. Pretendo ser un pequeñito poeta, hacer mi música y, a veces, dar una bofetada y, de alguna forma, pronunciarme.

-¿Eso es lo que le hace jurar en arameo?

-(Ríe). Claro, claro,eso es.

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Fuente: Hoy – M. ÁNGELES MORCILLO – ENLACE

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